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Angelina Jolie: un (posible) cáncer infrecuente; una decisión correcta

Los tumores hereditarios como el que tenía riesgo de sufrir la actriz son excepcionales

La cirugía preventiva en los ovarios es la opción más eficaz en estos casos

Angelina Jolie
Angelina Jolie en noviembre en la presentación de su última película 'Invencible'. AFP

Angelina Jolie se ha extirpado los ovarios ante el elevado riesgo que tenía de desarrollar cáncer, como ha explicado en una carta abierta en The New York Times. Hace dos años, eligió el mismo procedimiento para trasladar los motivos que le habían llevado a practicarse una doble mastectomía. Su madre y su tía habían muerto por un tumor (de ovario y pecho, respectivamente) y, al haber heredado la misma mutación (en el gen BRCA-1), que predispone a desarrollar una neoplasia en estos órganos, eligió la alternativa más radical (y más segura, especialmente en el caso del ovario) para evitar seguir el mismo destino que sus familiares.

El cáncer hereditario es poco frecuente. En torno al 5% de los 22.000 casos de tumores de mama que se diagnostican al año en España se asocian a este riesgo (alteraciones en el BRCA-1 o BRCA-2), lo mismo sucede con un 10% de los 3.000 tumores de ovario.

Cuando la mutación se ha detectado -el indicio son antecedentes familiares claros-  la mejor opción en el caso del ovario, es la que ha tomado la actriz estadounidense, según los especialistas consultados por este diario. En especial si se han superado los 35 o 40 años. “La primera opción que se debe ofrecer a la mujer es operarse”, relata Isabel Chirivella, del grupo de cáncer hereditario de la Sociedad Española de Oncología Médica, “sobre todo en el BRCA-1”.

Según ella misma ha comunicado, Jolie tenía un riesgo de un 50% de sufrir a lo largo de su vida cáncer de ovario y un 87% de mama al ser portadora de una mutación en el BRCA-1 (otros estudios sitúan los porcentajes en el 40% y el 57%). Al tratarse de una probabilidad, no de una certidumbre, una opción consiste en extremar las medidas de prevención para atacar al cáncer en cuanto asome (si lo hace).

En el caso de la mama, la detección precoz es más sencilla. El seguimiento mediante resonancia magnética permite identificar el tumor en estadios iniciales, y los tratamientos en estas primeras fases son muy eficaces.

No sucede lo mismo con el ovario. La pauta de seguimiento a las pacientes consiste en una ecografía transvaginal cada seis meses, que permite visualizar el útero, los ovarios y las trompas de Falopio, junto al análisis de una proteína que indica el desarrollo de este tipo del tumor (el marcador tumoral CA-125). Pero tanto en uno como en otro caso, cuando el tumor se puede identificar, suele ser demasiado tarde, y el tratamiento de esta neoplasia es de los más complejos. “No podemos asegurar que haciendo este seguimiento nos podamos adelantar al tumor”, sostiene Chirivella. El consejo es tan válido para la mutación de Jolie como la segunda más frecuente, el BRCA-2 (en este caso, el riesgo de tumor de ovario es del 18%).

Por ello, como apunta Iván Márquez Rodas, responsable de la unidad de consejo genético del hospital Gregorio Marañón de Madrid, “tarde o temprano, lo mejor que puede hacer la mujer es quitarse los ovarios y la trompa de Falopio”, lo que ha hecho la actriz. En estos casos, el riesgo desciende enormemente, aunque siempre queda una posibilidad residual de tener un tumor.

Como el tumor suele aparecer a partir de los 35 o 40 años, Chirivella es partidaria de ofrecer esta opción cuando la mujer ha cumplido con su deseo de tener hijos, si lo tiene. Pero hay otro factor relacionado con la edad. El tratamiento implica una menopausia precoz, con los síntomas que ello lleva aparejados (sofocos, osteoporosis, sequedad vaginal, riesgo cardiovascular). Hay tratamientos hormonales que compensan todos estos efectos. Jolie, ha anunciado que ella ha optado por ello, basados en estrógenos y progesterona. Hay cierta controversia en la comunidad científica por si las hormonas pueden contribuir a la aparición de tumores (por ejemplo, mama si la mujer no se la ha extirpado). No sería perjudicial si se administra a mujeres de menos de 50 años y por un plazo relativamente corto de tiempo (unos tres años), indica Chirivella.

Jolie se sometió hace dos años a una doble mastectomía para evitar el riesgo en la mama. “Es una decisión que debe decidir cada paciente”, apunta Chirivella. La responsable de la unidad de cáncer genético del hospital Clínico de Valencia recuerda que la detección precoz en este caso es mucho más eficaz, así como las opciones curativas. Además, aunque pueda parecer lo contrario, es más sencilla la extirpación del ovario (por laparoscopia, sin cirugía abierta) que la mama, que suele conllevar la reconstrucción, y el impacto visual es mayor.

Chirivella recuerda la alarma que despertó el caso de Jolie en la sociedad estadounidense, y la tendencia que se extendió de extirpar la mama sana cuando detectaban un tumor unilateral, alentada también por la naturaleza de un sistema sanitario privado que incentiva los actos médicos (a mayor actividad, más ingresos). Ante la sospecha de antecedentes familiares, la especialista aconseja acudir a las unidades de consejo genético de la red de hospitales públicos, para que los especialistas evalúen si el tumor tiene un origen hereditario y establecer las opciones a tomar.

En todo caso, el llamado efecto Jolie, tiene también su parte positiva, como indica Iván Márquez Rodas. “Ha hecho muchísimo por la visibilidad y la normalización de la enfermedad al comunicar con enorme naturalidad los pasos que ha decidido tomar”, explica. “Mucho más que todos los seminarios que podamos celebrar los especialistas”.

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