Chema Madoz ante el espejo

En plena 34ª edición de ARCO, 'El País Semanal' entra este domingo en el universo creativo de uno de los artistas españoles más singulares de nuestro tiempo

El fotógrafo Chema Madoz, frente a una de sus nuevas obras.
El fotógrafo Chema Madoz, frente a una de sus nuevas obras.Bernardo Pérez

Un cofre del tesoro. Un inmenso cuarto de juegos habitado por elementos tan dispares como la réplica de un revólver Glock, una ristra de anzuelos y boyas de pescar o una inquietante colección de jaulas vacías y libros mutilados. El estudio de Chema Madoz, fotógrafo madrileño de 57 años y uno de los artistas más singulares de nuestro tiempo, es un almacén de sueños enclavado a las afueras de Galapagar, en la sierra norte de Madrid. Aquí nacen los poemas visuales con los que lleva varios decenios esbozando una gran metáfora encadenada en forma de bucle en blanco y negro que propone reflexiones en torno al tiempo y su fugacidad implacable o la memoria perdida y recobrada.

Príncipe de las paradojas fotográficas, Madoz expone estos días sus nuevas creaciones en la galería madrileña Elvira González, con pabellón en la Feria Internacional ARCO que se celebra estos días en la capital. En primavera, la Comunidad de Madrid también organiza en la Sala Alcalá 31, bajo el comisariado de Borja Casani, una retrospectiva con obras del artista ejecutadas entre 2008 y 2014. Durante una larga e invernal mañana en su estudio, Madoz lía, uno tras otro, cigarrillos de tabaco rubio que ahúman sus reflexiones en torno al proceso creativo. En su caso, siempre en soledad, sin horario fijo, bajo el influjo de las obsesiones que nacen en su cabeza. "Pongo a funcionar mi subconsciente de manera que, aunque me dedique a otras actividades, esa obsesión da vueltas de manera constante. Y entonces la imagen nace en mi cabeza", cuenta este domingo en El País Semanal.

¡Un huevo es bello, joder! Si le da la luz adecuada, caes en la cuenta de que se trata de una forma perfecta"

Admirado por otros grandes creadores como el poeta Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998), con quien firmó una pequeña joya editorial llamada Fotopoemario (La Fábrica), Madoz parece seguir teniendo cuerda para rato tras muchos años encontrando la belleza en los objetos que rodean nuestra vida cotidiana. Todavía hoy vislumbra un reto en el mero hecho de enfrentarse con su cámara a algo tan sencillo como un huevo. "¡Es que un huevo es bello, joder! Si le da la luz adecuada, caes en la cuenta de que se trata de una forma perfecta". Esta es una de sus reflexiones en el amplio reportaje de este domingo en El País Semanal, donde pueden disfrutarse imágenes tan fascinantes como la de esta fotogalería con las nuevas obras de Chema Madoz.

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