Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
san valentín

@Enamorados

Lo dicen los filósofos: el que no ama existe menos. Hablamos de esta cuestión ancestral con algunos de los protagonistas de ‘Velvet’, la exitosa serie televisiva.

Asier Etxeandia y Manuela Velasco, de 'Velvet'. Ver fotogalería
Asier Etxeandia y Manuela Velasco, de 'Velvet'.

"¡Corten!”. Varios miembros del equipo técnico de Velvet sonríen al acabar de grabar una escena. “¿Has visto las caras de Miguel Ángel y Javier? Va a ser esta. Tiene el punto justo de humor que buscábamos”. El diálogo tiene lugar en los estudios de la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes donde se graba la serie de Antena 3, que afronta el final de su segunda temporada con los espectadores pendientes de las andanzas amorosas de sus protagonistas, Ana y Alberto –Paula Echevarría y Miguel Ángel Silvestre–, y de otras parejas cuyos enredos sentimentales se suceden en estas galerías comerciales por las que desfila la moda y las conductas de los años cincuenta.

Pocos metros más allá, un improvisado set instalado en el gran vestíbulo del edificio va recibiendo a los protagonistas de este reportaje, que vuelven al siglo XXI para posar frente al fotógrafo entre toma y toma. Pero el eje central de esta historia es el amor, y los actores se convierten por un día en cobayas para elaborar un relato no científico de usos y costumbres a lo largo de los últimos años.

En Velvet hay mucho sexo. Los guionistas afirman que se han documentado bien al respecto, pero sorprende tanta carne en una época que se evoca pacata y puritana en los lances amorosos. Mariano, que hoy tiene 82 años, todavía recuerda la multa de 500 pesetas –una fortuna de la época– que tuvo que pagar por llevar agarrada a su novia por la cintura en la ribera del río Manzanares. Actos inmorales. Así se llamaba. “Si en tres días no corrías a cumplir con el correctivo, los guardianes de la moral que nos habían apuntado con una linterna enviaban una carta a los padres de la chica, y eso podía marcar a una mujer en aquella época”.

Álvaro tiene 18 años y escucha a su abuelo con expresión incrédula. A la generación de la @ y de la comunicación por imágenes le sorprende ese tiempo en el que las relaciones sentimentales se desarrollaban en lo que Carles Feixa, antropólogo social y especialista en culturas juveniles, denomina la noria. “Pasear arriba y abajo por la calle Mayor de tu localidad era, hasta los años sesenta, el primer paso para exhibirse y encontrarse. Allí también se anunciaban las cambios: se enseñaba el vestido nuevo, la pareja nueva…”.

Hoy ese escaparate y espacio de contacto es la Red. Una conversación a través del chat; un tonteo por WhatsApp; una foto compartida solo durante unos segundos a través de Snapchat; los cambios de estado civil, sentimental, profesional o incluso anímicos colgados en el muro de Facebook; webs para encontrar pareja y aplicaciones casi infinitas: Tinder, que dice descubrir a la persona más indicada cerca de cada uno; Bender, similar y popular entre el mundo gay; Twine, que se anuncia como una web para ligar de forma inteligente; o la más directa, Heavenly Sinful, que pregunta a sus usuarios cada vez que entran en ella si lo que quieren es encontrar a su alma gemela o solo pasar un buen rato.

Marta Hazas y Javier Rey. pulsa en la foto
Marta Hazas y Javier Rey.

Otros ritos, otros foros, otros ritmos, pero el mismo fin: escenificar el cortejo para conseguir o rozar por tiempo limitado el contacto, ese sentimiento que el filósofo Manuel Cruz define “como una de las mayores y más ricas intensidades que puede tener el ser humano. El que no ama existe menos”. Así de rotundo.

Nuestras cobayas del mundo del arte andan todos en la treintena y vivieron en su adolescencia la necesidad del encuentro cuerpo a cuerpo. Miguel Ángel Silvestre acaba de volver de Islandia de rodar el último plano de Sense8, la nueva serie de los hermanos Wachowski, los creadores de Matrix. Afirma sentirse “más libre que nunca, relajado y confiado”. Se le nota.

No para de reírse mientras recuerda sus 16 años, cuando iba a las discotecas en Barcelona: “A mitad de sesión ponían música lenta y yo, que tenía mucho acné, me lanzaba a hacer la pregunta: ‘¿Bailas?’. Siempre me decían que no. Ahora ya no da tanto vértigo. Antes, esos segundos eran un precipicio. Ahora uso Instagram, Facebook… pero en plan profesional”.

Javier Rey, que iba para enfermero hasta que empezó a hacer teatro aficionado y le cogió el gusto, no olvida su antiguo móvil con el que ni siquiera podía enviar SMS. “Si te gustaba una chica, había que echarle valor. Me da que la gente se ha vuelto muy cobardica en el tú a tú”.

Hispania, Bandolera o Isabel han sido las últimas series de televisión en las que ha participado. Ahora el tierno truhán al que da vida en Velvet comparte espacio con su personaje en Los miércoles no existen, la obra que volverá a la cartelera en marzo.

Marta Hazas, que interpreta a la hiperfemenina secretaria que le mete en vereda en la serie, cree que las nuevas tecnologías facilitan la aproximación. “Es más sencillo enviar un whatsapp o acercarse por Facebook a alguien que no conoces mucho. A mí me gusta ese intercambio ingenioso, ese ‘¡uy, se ha conectado!, está escribiendo, se lo está pensando…’, es un universo divertido. No me convence tanto lo de relacionarme con gente que no conozco a través de Internet, porque ahí todos podemos ser unos grandes mentirosos. Es el nuevo Cyrano de Bergerac, no sabes si es el amigo guay el que está dictando”.

Peter Vives, que saltó del teatro a la popularidad televisiva gracias a la serie El tiempo entre costuras, apuntala esta idea: “Investigas por las redes sociales, pero mucha gente miente, retoca las fotografías. La imagen ha inundado el mundo. Casi no se llama por teléfono, escribes. Es lo que recibo y es lo que hago”.

El filósofo Manuel Cruz afirma que la irrupción de Internet en las relaciones amorosas “cambia a tanta velocidad que cerrar ahora una valoración resulta atrevido. Ni es buena la actitud conservadora ni la que cree que todo está ya superado. Entre las parejas que se conocían a bulto en discotecas, donde ni veías ni oías, y las que lo hacen por Internet, ¿hay mucha diferencia? Los segundos, al menos, escriben”.

Según el informe anual de Telefónica sobre La sociedad de la información en España de 2014, los españoles son los más conectados de Europa. Ocho de cada 10 móviles son smartphone, más de 26 millones de personas acceden regularmente a Internet y el 78% se conecta a diario. Y es la mensajería instantánea el medio favorito de comunicación y el que permite que el 34% de sus usuarios organice actividades en la vida real.

La primera en llegar

Hace 25 años, la televisión en España era bipartidista, y no por ideología política, sino porque solo había dos opciones: TVE-1 y TVE-2, conocida como UHF. Antena 3 fue la primera en romper el monopolio público el 25 de diciembre de 1989, día en el que arrancaron las emisiones en pruebas. En estos años, el canal ha cosechado una galería de personajes muy reconocibles, y sin duda la ficción ha contribuido a ello. Farmacia de guardia, Policías, Física y Química, El internado, Hispania, Los protegidos, Gran Hotel, El tiempo entre costuras y Velvet han apostado por fidelizar al espectador. Sonia Martínez, actual directora de ficción de la cadena, admite que no hay “fórmulas secretas, pero el público reconoce cuándo se exploran muchos tonos para que no sientan que siempre están viendo lo mismo y cuándo se intenta hacer cada género honestamente”.

Juana Acosta, que este año cumple 20 dedicada a la interpretación, se declara usuaria de las redes sociales: “Están revolucionando el mundo y a mí no me gusta quedarme atrás, pero las utilizo profesionalmente, especialmente Instagram. En la vida personal y cuando estoy de viaje sí uso Skype y WhatsApp para hablar con mi marido (el actor Ernesto Alterio) o incluso para hacer los deberes con mi hija”.

Las cartas larguísimas que escribía en su juventud se acabaron casi al mismo tiempo que dejó de hacer los preciosos álbumes de fotos que aún conserva y de oír las serenatas que algún enamorado cargado de flores montaba a pie de ventana en su Colombia natal.

Paula Echevarría, que además de actriz se ha convertido en una estrella de Instagram, donde tiene 647.000 seguidores, y en exitosa bloguera de moda, no ha olvidado que era experta en estirar el clave del teléfono hasta el infinito cuando llamaba un chico a su casa para escapar de los avezados oídos paternos. Pero ahora se ríe sinceramente para confesar que, tras 10 años con “su chico” (David Bustamente), “de formas de ligar ya ni me acuerdo”.

Manuela Velasco, que está de gira en teatro con la sátira política Feelgood, se adivina la menos conectada. Utiliza Instagram “casi por contrato” para dar difusión a su compañía teatral y el WhatsApp va incorporado a su rutina. Pero añora las cartas de correo y recela de los emoticonos. “Están muy bien, pero hacen que desarrollemos menos la imaginación. Antes, si querías explicar algo, lo tenías que hacer con palabras. Y eso es bonito y más romántico”.

Los más jóvenes no lo ven igual. Según el estudio de Telefónica, el 91,3% de los internautas españoles de entre 16 y 24 años acceden a las redes sociales. La generación que prácticamente ha nacido con el móvil en la mano no entiende los recelos. “Podemos dar un me gusta a una foto en Facebook o un like en Instagram, o marujear en el perfil de alguien que te interesa”, explica Alicia, de 22 años, “pero al final todo se reduce a lo mismo: una cerveza, una copa, una salida, un cine… lo de siempre, conocer a alguien en el mundo real. Lo único que te has evitado es la incomodidad de las primeras conversaciones banales porque ya las has tenido en Internet”.

Hoy, el gran cambio no es el medio, sino la idea que se tiene del amor; las expectativas, cada vez mayores, de dos personas que deben equilibrar ideas e ideales. La aparente protección tras las pantallas es solo ficticia. El peligro, como señala Manuel Cruz, es que proporcionen una oportunidad de huir de la realidad, como ocurre en Her, la película de Spike Jonze en la que Joaquin Phoenix se enamora de un sistema operativo. La noria del siglo XXI, la Red, ofrece una aparente esencia de lo que queremos, incluido el cibersexo, sin tener que experimentar los inconvenientes: el rechazo, la monotonía, la repulsión o el compromiso.

Si se quiere realidad, hay que lanzarse al ruedo. La tecnología, convertida en moderna Celestina, solo es el instrumento para conseguir el fin de siempre. Lo refleja un diálogo de Susan Sarandon y Richard Jenkins en el filme ¿Bailamos?:
“¿Por qué cree que las personas se unen en pareja?”, pregunta ella.
“Por pasión”, responde Jenkins.
“No. Porque necesitamos un testigo de nuestras vidas. Uno promete al otro: ‘Tu vida no pasará inadvertida porque yo seré tu testigo”.

Más información