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Jorge pérez jaramillo, planificador de medellín

“Cualquier ciudad que cree una fuerza colectiva se puede transformar”

Uno de los ideólogos de la revolución urbana que ha asombrado al mundo no cree en modelos de ciudad: "Cada una tiene el suyo, pero sí hay ejemplos que se pueden seguir"

Jorge Pérez Jaramillo, en la Smart City Expo de Barcelona.
Jorge Pérez Jaramillo, en la Smart City Expo de Barcelona.

Medellín se ha convertido en el icono de cómo se le puede dar la vuelta a la ciudad. Pasó de ser una de las más peligrosas de Colombia a estar considerada un modelo urbanístico mundial. Tras una enorme expansión entre los cincuenta y los ochenta, en el que multiplicó su población por nueve, las tasas de paro llegaron al 22% (11% hoy), con 380 homicidios por 100.000 habitantes —hoy la tasa es de 28,5 por cada 100.000, por debajo de la media del país (31), aunque mucho más alta que, por ejemplo, la española, donde es de 1 por cada 100.000—.

En Colombia los alcaldes no se pueden reelegir, así que los que han estado al mando de la ciudad han ido cambiando en los últimos 15 años, mientras sufría la transformación. Jorge Pérez Jaramillo, arquitecto asesor de Medellín y uno de los cerebros de estos cambios, siempre ha estado asesorando a los distintos gobiernos para propiciar estas mejoras. Las comenta en la Smart City Expo que se ha celebrado esta semana en Barcelona.

Pregunta. ¿Cómo se produce este cambio?

Respuesta. Yo siempre digo que en Medellín todos somos urbanistas. Estamos muy involucrados con la ciudad. El fundamento esencial de lo que ha sido Medellín en los últimos años es que fue tan honda la crisis que los ciudadanos nos hemos implicado en buscar una solución. Nos criamos buscándola aunque parecía no existir, porque la crisis no era solo industrial o económica, de conflictos sociales o de gigantesca urbanización. Fue todo. La explosión de la construcción de los sesenta y setenta, la de la economía por la eliminación del ferrocarril y la globalización, que hizo perder competitividad a nuestra economía y a la industria cafetera. Era una ciudad prácticamente inviable.

P. ¿Y cómo llegó a ser viable?

R. A mí no me gusta hablar del modelo Medellín, porque cada ciudad tiene su particularidad. En lo que sí es muy ejemplar y lo que sí debería ser compartido con todo el mundo es que es posible construir un proceso colectivo para formular un proyecto de ciudad; con convicción a largo plazo, con liderazgo adecuado, y una continuidad y que permita hacer una ciudad que evolucione.

Vista al edificio EPM de la plaza de la Alpujarra, en el centro de Medellín.
Vista al edificio EPM de la plaza de la Alpujarra, en el centro de Medellín.

En plena crisis todos nos sumamos. Aparece una entidad que fue muy importante que se creó en el año 90: la Consejería Presidencial para Medellín. Ante la violencia y el impacto de la crisis, el Gobierno crea este instrumento que se convierte en uno poderoso para que toda la sociedad busque soluciones. Se crea una apuesta que se desarrolla por los siguientes cuatro o cinco años trabajando sobre grupos ciudadanos y construyendo alternativas de futuro para la ciudad. Después de eso se crea un plan estratégico. En pleno momento donde la ciudad está fortaleciendo su institucionalidad para combatir el terrorismo y la crisis, aparece una generación que trabaja durante casi una década pensando la ciudad, construyendo ideas, apuestas.

P. ¿En qué consistió el trabajo de la Consejería?

R. En la consejería se partió de la propia comunidad. Se empezó a trabajar con jóvenes y niños. Diagnosticando, estudiando, construyendo propuestas. La sociedad formó una generación implicada. Aparece una nueva camada de líderes públicos, privados sociales, hay un relevo generacional. Y todo eso termina por generar una ruptura con la inercia que la ciudad cargaba.

En Medellín todos somos urbanistas, estamos muy involucrados con la ciudad

Y esa nueva generación comienza a gestar nuevas formas de entender la ciudad, el urbanismo, la arquitectura, pero también de pensar la política pública y la planificación. Yo fui decano de la facultad de Arquitectura muy joven. Eso se debe a que hubo una apuesta de cambio. Nosotros entendimos en el mundo del urbanismo y arquitectura que había un proceso en España muy significativo. Comenzamos a invitar a grandes urbanistas y arquitectos españoles en los noventa. Tuvimos más de 80, 90, no solo de españoles, aunque muchos sí lo eran. Y convertimos las universidades y las instituciones en instrumentos para cambiar la realidad.

Entendemos que la ciudad tiene que recibir nuevas energías, y por ejemplo, el trabajo sobre recuperar la ciudad para los habitantes a través del espacio público, las infraestructuras para inclusión social. Entender que el desarrollo económico tiene que ir de la mano de la superación de las brechas sociales, que las políticas tienen que estar al servicio de los ciudadanos, con transparencia, con equidad, con participación. Eso hace que la crisis pase a ser oportunidad.

P. ¿Cómo se canaliza todo esto?

La equidad no se contempla como algo asistencial, sino que es  la esencia del proyecto

R. Tanto la Consejería Presidencial como el Plan Estratégico fueron procesos participativos. Muchos ciudadanos que antes no habían pensado en el mundo público se empezaron a implicar. En los noventa, al tener generación de gente que creció con preguntas sobre la ciudad y sociedad, nos convertimos todos en agentes políticos, no de partidos, sino de políticas públicas. Toda la sociedad se implicó. En Medellín era normal ver que en los noventa los sindicatos, las entidades culturales, universidades, empresarios, políticos juntos; nos sentábamos en la misma mesa a discutir mismos problemas y asumir los mismos compromisos. Es un germen de lo que hoy muchos consideran un milagro. No lo es, se trata de un proceso, una construcción social y política, una ciudad que entendió que solo juntos, sumándonos y con corresponsabilidad era posible superar la situación. Si cualquier ciudad consigue construir una fuerza colectiva que crea que hay que transformar la ciudad, puede suceder.

P. ¿Cómo un cambio urbanístico consigue que haya menos homicidios, por ejemplo?

R. Es que no es el cambio urbanístico. Una cosa es que el proceso tenga en el urbanismo, en la arquitectura una herramienta poderosa y otra que el cambio lo genere el urbanismo. El cambio nace de las personas y lo demás son instrumentos poderosos para transformar la ciudad. Eso España lo conoce en la transición. Fue un laboratorio del que aprendimos. El urbanismo no es un objetivo, interpreta las demandas y va de la mano de ellas para transformar. Hemos aprendido que una buena arquitectura, unos buenos espacios urbanos son un camino para convivencia y el desarrollo.

De la mano de todo eso, por la inclusión ha aparecido también el auge y el desarrollo económico. Las agendas que han priorizado retos sociales tienen economía más saludable. Las tasas de paro y el Índice de Desarrollo Humano son los mejores de la historia. Eso sí, con dificultades y preguntas. Tenemos que trabajar día a día por una ciudad más competitiva, más legal, más segura, más sostenible.

Comuna número 13. Uno de los barrios periféricos de Medellín.
Comuna número 13. Uno de los barrios periféricos de Medellín.

P. Defiende que la ciudad no crezca hacia fuera, sino hacia dentro. ¿En qué consiste esto?

R. El plan general que orientará Medellín hasta 2027 propone ciudad compacta, más densa, hacia el interior del río. Medellín es un valle muy que ha crecido mucho hasta los límites. Ahora tenemos que controlar esa expansión. No solo por sostenibilidad, seguridad, reducción de consumo de energía y de desplazamientos a las periferias, sino para la inclusión y la convivencia, para garantizar el acceso a la ciudad y que esa área urbana donde están las mejores dotaciones sea también la oportunidad de vida para todos los habitantes. Uno de los temas que cambia el plan es que esa agenda de equidad no se contempla como algo asistencial, sino que se convierte en la esencia del proyecto en sí mismo. El crecimiento hacia adentro genera la posibilidad de que todos vivamos en el interior de la ciudad y no cada vez de forma más excluyente en las periferias.

P. ¿Este crecimiento consiste en rehabilitaciones?

R. Consiste en transformar el río, que fue corredor un vial y una cloaca a cielo abierto, en un sistema integrador con grandes espacios de parques, donde las infraestructuras se transforman, pero con elementos controlados para la vida urbana. Y que el parque sea valor agregado para una trasformación urbana que propicie que cada vez más gente viva alrededor.

P. ¿Cómo será la futura movilidad en la ciudad?

R. Uno de los temas en los que más estaos trabajando es en movilidad sostenible. Tenemos metro, buses, metrocables… pero estamos avanzando en tranvías, nuevos cables y una apuesta muy ambiciosa, que es invertir pirámide de movilidad. La mayor prioridad va a ser la no motorizada: bicicletas y redes peatonales en equilibrio con transporte masivo. Queremos una ciudad más humana.

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