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CONTAMINACIÓN

La polución atmosférica causa medio millón de muertes al año en la UE

Las partículas y el ozono provocan de casi 27.000 fallecimientos anuales en España

Refinería de Cepsa en San Roque (Cádiz). Ampliar foto
Refinería de Cepsa en San Roque (Cádiz).

La contaminación atmosférica sigue siendo la primera causa medioambiental de muertes prematuras en la UE. Un estudio presentado este miércoles por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) apunta que la polución del aire está casi medio millón de decesos anuales en los 28 Estados miembros. Por agentes contaminantes, la exposición a partículas finas sigue siendo la principal causa de muertes relacionadas con riesgos medioambientales en Europa (430.000 fallecimientos prematuros en 2011), seguida, a mucha distancia, por el ozono (16.160 muertes al año). Solo en España, la exposición prolongada a partículas finas causa más de 25.000 muertes prematuras cada año y el ozono es responsable de otras 1.800.

La exposición de los europeos sufre amplias variaciones por áreas geográficas. Bulgaria, Polonia, Eslovaquia, el norte de Italia, Polonia y Benelux (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) repitieron en 2012 —último año del que se disponen datos— como con las zonas de la UE con mayor exposición a partículas finas generadas por la industria y la proliferación de turismos diésel, mientras que Croacia, Eslovenia, Hungría, el Levante español, el centro de la península ibérica y, de nuevo, Bulgaria, Polonia y el norte de Italia, fueron las áreas más afectadas por la contaminación por ozono troposférico, también generado por los motores de combustión.

Croacia, Eslovenia, Hungría, el Levante español, el centro de la península ibérica y el norte de Italia, entre las áreas más afectadas por la contaminación que generan los motores de combustión

Según cálculos del organismo oficial de la UE para el estudio de los riesgos medioambientales, en 2012 el 21,5% de la población urbana europea estaba expuesta a niveles de partículas finas que superaban el límite máximo fijado por Bruselas, el 14,2% permanecía expuesta a un nivel de ozono superior al permitido por la UE y el 8% al dióxido de nitrógeno, un contaminante directamente relacionado con el número de vehículos en circulación. En España, estas cifras caen hasta el 6% en el caso de las partículas, el 7,2% en el caso del ozono y escala hasta el 9,1% del total de población residente en ciudades en el caso del dióxido de nitrógeno. Tanto en España como en el conjunto de la UE, estos valores se disparan si en vez de tener en consideración el límite europeo se aplica la limitación —mucho más restrictiva— de la Organización Mundial de la Salud, en cuyo caso la exposición a niveles “no seguros” de muchos de estos contaminantes se dispara hasta el 95% de la población urbana.

El estudio muestra, además, cómo la reducción en los niveles de emisiones desde 1990 —con una disminución especialmente acusada en el caso del dióxido de nitrógeno y algo menos importante en el caso de las partículas en suspensión—, no tiene traslación inmediata sobre las muestras tomadas en las estaciones de medición repartidas por 400 ciudades europeas. Lejos de atenuarse, las emisiones de otros contaminantes como el benzopireno —generado por las estufas de madera y por la calefacción de biomasa y del que no se disponen datos sobre el número de fallecimientos que origina—, se dispararon un 21% entre 2003 y 2012.

A pesar de la “mejora considerable” observada en términos generales, el organismo comunitario subraya que la UE está “lejos” de lograr que la calidad del aire no represente un riesgo para la salud humana y para el entorno natural y destaca su efecto pernicioso sobre la vida vegetal y los ecosistemas —desde la acidificación de los suelos a la eutrofización o contaminación química por enriquecimiento artificial y excesivo pasando por los daños directos sobre la flora—.

La AEMA destaca en su informe el “creciente” número de estudios científicos que demuestran que los contaminantes tienen efectos “más perjudiciales para la salud” de lo que se pensaba hasta ahora. Y pone un ejemplo: su impacto de sobre enfermedades respiratorias y del corazón era “bien conocido”, pero las últimas investigaciones publicadas también los relacionan con problemas en el desarrollo del feto o con afectaciones para personas de edad avanzada.