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salud

Por qué me quemo aunque me ponga crema

La pantalla total no existe. Lo que tiene el mejor protector solar para lograr un bronceado uniforme y seguro: traducimos las etiquetas

Por qué me quemo aunque me ponga crema

El último informe redactado por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) señala que solo extendemos sobre la piel un cuarto de la cantidad necesaria. Pero dejando a un lado la dosis perfecta, en algunos casos hay que tener nociones de química y física cuántica para entender las etiquetas de algunos solares.

Hasta ahora, no ayudaba nada la facilidad con la que la legislación en cuanto a etiquetado permitía a cada laboratorio o país utilizar su propio baremo. En junio del año 2011, la FDA –la agencia estadounidense que regula los medicamentos y los alimentos– tomó medidas para que se unificara el lenguaje de las etiquetas. Por su parte, COLIPA, el sistema autorizado por la Comisión Europea para el etiquetado del FPS (factor de protección solar), establecía al tiempo nuevas categorías.

La mayoría de las personas solo se fijan en el número grande que aparece en el envase y que señala el FPS. Pero a la hora de elegir hay que tener en cuenta otros aspectos y leer detenidamente la letra pequeña.

Calcular el FPS

También puede aparecer bajo las siglas PF o IP. Este método de medición hace una estimación del tiempo que necesita la piel para producir una quemadura estando protegida. La doctora Isabel Longo nos ayuda a hacer el cálculo. “Si una persona puede exponerse al sol el primer día 10 minutos (sin protección) sin tener quemaduras, con un FPS de 15 utilizado adecuadamente estará protegida del sol durante 150 minutos (10 x 15 es la regla); si una persona es capaz de estar 20 minutos sin quemarse, la elección de un fotoprotector 8 le supondrá una protección 8 veces superior.

Entre 2 y 14.

La FDA alerta de que los IP que se mueven entre las cifras 2 y 14 no protegen contra el cáncer de piel, únicamente de la quemadura.

30.

Una crema con un FPS 30 puede absorber más del 92% de la radiación UVB siempre que se emplee correctamente: extendiéndola 20 minutos antes de exponerse al sol y repitiendo la aplicación cada dos horas o después de cada baño.

50.

Este índice de PF llega a absorber hasta un 97% de los rayos.

50 +.

Los protectores solares con un factor mayor de 50 están obligado a poner este signo. Ofrecen protección por períodos de tiempo más prolongados, pero como señala la AEDV, hay que tener cuidado con aquellos que indican un FPS mayor que 50, pues la diferencia real en cuanto a protección suele ser insignificante.

Más cosas de la etiqueta

  • Amplio espectro. La protección solar de amplio espectro (algo que debe ir indicado en la etiqueta) es la que filtra tanto los rayos UVA como los UVB. Según señala Isabel Longo, dermatóloga del Hospital Gómez Ulla de Madrid y coordinadora de la Campaña Euromelanoma 2014, “siempre se recomienda adquirir un producto solar de estas características”.
  • Filtros biológicos. Últimamente se habla mucho de ellos. Pero como señala Leonor Prieto, directora científica de La Roche-Posay, “realmente se trata de antioxidantes y no están clasificados en la categoría de filtros solares como tales”.
  • Filtros físicos. También llamados inorgánicos. La AEDV (Asociación Española de Dermatología y Venereología) señala que actúan mediante la dispersión y reflexión de la radiación y, en menor medida, absorben la radiación. Podríamos decir que actúan a modo de pantalla. Los más utilizados son el óxido de zinc y el dióxido de titanio. Dejan un aspecto blanquecino.
  • Filtros mixtos. Se trata de partículas orgánicas que absorben la radiación pero también contienen cromóforos, que reflejan y dispersan los rayos y se comportan como un filtro físico. “Un ejemplo de los más utilizados es el bisoctrizole”, señala Longo.
  • Filtros químicos. Conocidos también como orgánicos. Son los más utilizados. Actúan por absorción de la radiación solar ultravioleta. Captan los rayos UV de alta energía y los transforman en rayos de baja energía, inocuos para la piel. Los más conocidos son la oxibenzona, avobenzona, el homometisalicilato y metoxicinamato.
  • Pantalla total. No existe como tal, según refiere Leonor Prieto, “por eso la Recomendación Europea en materia de protección solar intenta evitar que se usen estos términos en el etiquetado de los productos”.
  • Protección muy alta. Según los nuevos sistemas de control introducidos por COLIPA, si la etiqueta arroja esta información, se encuentra ante un IP de 50 +.
  • Protección alta. El IP del producto está entre 30 y 50.
  • Protección media. El IP está entre el 15 y el 25.
  • Protección baja. Hablamos de un SPF de entre 6 y 10.
  • Waterproof. Este término puede imprimirse en la etiqueta cuando se ha comprobado científicamente que el fotoprotector actúa durante más de 80 minutos después de entrar en contacto con el agua.
  • Water-Resistant. Significa que el fotoprotector no ha perdido la capacidad protectora después de 40 minutos de permanencia dentro del agua. Para evaluarlo se prueba sobre la espalda de bañistas que nadan durante periodos de 20 minutos, explican desde la AEDV.
  • IR. Los rayos infrarrojos son los que provocan el aumento de la temperatura en la piel. Se sospecha que podrían tener un efecto potenciador del efecto nocivo de la radiación ultravioleta.
  • Mg. La cantidad de producto neto que contiene el envase. Intente optar por tamaños familiares. Si seguimos las indicaciones extraídas de la Asociación Española Contra el Cáncer en un estudio conjunto realizado con los laboratorios La Roche-Posay y la AEDV, los productos tienen que aplicarse en cantidades similares a las empleadas en los ensayos. Estas son de dos miligramos por centímetro, lo que equivaldría a seis cucharillas de café de loción (unos 36 gramos) para todo el cuerpo en un adulto de talla media. Con las dosis que utilizamos de media los españoles (entre 0,7 y 0,5 miligramos por centímetro) lo único que se consigue es reducir la acción de un SPF 30 a la de un SPF 4. Haga el cálculo. Si un bote le dura más de un fin de semana, se está quedando corto.
  • Radiación UVA. Es la menos nociva y la que llega en mayor cantidad a la Tierra (un 95%). Es la responsable del bronceado inmediato de la piel. A largo plazo también favorece el envejecimiento cutáneo y el desarrollo de cáncer de piel. La FDA alertó recientemente en un estudio de que la mayoría de los bloqueadores solares comerciales sólo filtraban los rayos ultravioleta B y no los UVA. En Estados Unidos y Europa se demostró que de 386 bloqueadores con FPS superiores a 30, solo un 13% protegían de los ultravioleta A. Este aspecto ya se refleja en el etiquetado de los productos solares. Fíjese bien.
  • UVA largos. Algunas etiquetas han comenzado a presumir de que protegen de esta radiación. Son los más peligrosos, porque pueden penetrar más profundamente en la piel. La protección frente a ellos es todo un plus a la hora de elegir protector solar.
  • Radiación UVB. La radiación ultravioleta B es biológicamente muy activa. “La capa de ozono absorbe la mayor parte de los rayos UVB provenientes del sol”, explica la doctora Longo, “pero el actual deterioro de la capa aumenta la amenaza de este tipo de radiación”. A corto plazo es la responsable de quemaduras. Y a largo plazo favorece el envejecimiento cutáneo y el desarrollo de cáncer de piel.

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