Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Matrimonios infantiles contra violaciones

Los casamientos de niñas menores en los campos de refugiados sirios en Jordania han aumentado ante el temor de los padres de que desconocidos abusen de ellas

Una joven siria de 14 años elige su vestido de boda en el campo de refugiados de Za'atari, en Jordania.
Una joven siria de 14 años elige su vestido de boda en el campo de refugiados de Za'atari, en Jordania.

Mejor casada que violada. Es lo que piensan muchos de los padres de las niñas sirias que son forzadas a enlazarse con hombres hasta 10 años mayores que ellas en los campos de refugiados en Jordania. Consideran que tener un marido las protegerá de ser víctimas de abusos sexuales, además de aliviar la maltrecha economía familiar. Así son una boca menos que alimentar. Estas son las conclusiones del informe Demasiado jóvenes para el matrimonio publicado este jueves por Save the Children, que alerta del incremento de casamientos de menores sirias desplazadas en aquel país. También la agencia de la ONU para la infancia, Unicef, ha dado la voz de alarma sobre este problema “que ya existía en Siria antes de la guerra, pero que se ha exacerbado por la pobreza y la falta de educación”.

Un 13% de las bodas celebradas en Siria en 2011 tenían como protagonista a una novia menor de edad. El dato se ha duplicado desde entonces entre los sirios que viven en los campos de refugiados en Jordania, hasta suponer el 25% de los matrimonios en 2013. Save the Children calcula que casi la mitad de las niñas desplazadas en aquel país están casadas.

Varias causas explican este incremento, según la ONG. Los testimonios que ha recogido sobre el terreno muestran que muchos de los progenitores fuerzan a sus hijas a enlazarse alegando que es la mejor manera de protegerlas de abusos sexuales. “Si estuviéramos en Siria su padre nunca la casaría a esta edad. Es muy joven. Solo en estas circunstancias, en las que temen que sea víctimas de violaciones, la casan”, reconoce Abdullah (nombre ficticio), de 23 años, que ha contraído matrimonio con una menor de 13. Ella afirma que no se quería casar, tenía intención de acabar sus estudios y ser médico. “Pero mis padres me forzaron porque tenían miedo de que me asaltaran sexualmente. Ahora estoy embarazada y el feto está muy débil porque soy muy pequeña y mi cuerpo no está preparado para esto”, dice en un relato recogido por Save the Children en su informe.

“Las secuelas del matrimonio forzoso pueden ser tanto físicas como mentales, y a veces mortales. Las consecuencias de que las niñas comiencen a tener relaciones sexuales mientras sus cuerpos se están desarrollando pueden ser devastadoras: las menores de 15 años tienen cinco veces más posibilidades de morir en el parto que las mujeres adultas“, advierte David del Campo, director de Cooperación Internacional de la organización.

Una niña siria muestra su visión sobre el matrimonio infantil después de acudir a una charla de Save the Children. ampliar foto
Una niña siria muestra su visión sobre el matrimonio infantil después de acudir a una charla de Save the Children.

Algunos progenitores, sobre todo las madres, son conscientes de estas consecuencias gracias a la labor de sensibilización que organizaciones como Save the Children hacen en los campos de refugiados. “Me preocupo mucho por mi hija y pensé que si se casaba iba a estar bien cuidada. Aquí en el centro de actividades nos han enseñado los peligros del matrimonio infantil. Yo misma he visto el impacto que tiene en las niñas”, explica una madre que participa en uno de los programas de la ONG.

Un informe reciente de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) da cuenta de la creciente oposición de las mujeres sirias refugiadas en Jordania, Líbano y Egipto, a que sus hijas se casen. Sobre todo las que sostienen la familia sin la ayuda de un hombre porque ellos son los que normalmente acaban decantándose por el casamiento. Así, un 10% de las encuestadas con este perfil para el estudio aseguró que habían recibido proposiciones de matrimonio para sus hijas menores de edad. Todas ellas rechazaron las peticiones, según el documento, porque consideraban que eran demasiado jóvenes y querían que continuasen sus estudios. ACNUR señala, no obstante, que el fenómeno en aumento de los enlaces de niñas responde a la imagen de que “las chicas sirias son fáciles y baratas”.

Desde que me casé ya no siento nada. Bueno, eso no es del todo verdad. Me siento triste"

La situación de pobreza en la viven la mayoría de sirios refugiados en Jordania también explica el incremento de matrimonios entre pequeñas y adultos. “Reducir la presión económica, porque hay menos bocas que alimentar en el hogar, es otro de los motivos que hemos identificado”, destaca Save the Children en su informe. “Me casé obligada cuando tenía 15 años porque mi familia y yo, 10 personas, compartíamos una casa de solo dos habitaciones. Me tenía que casar. El día de la boda hubo muchas lágrimas y tristeza, en vez de alegría. Yo quería ir a la universidad de Medicina, pero tuve que dejar la escuela y nos vinimos a Jordania. Todo se destruyó”, detalla una joven de 16 años que vive en Amman en una entrevista realizada por la ONG.

El temor a que sufran abusos o la necesidad de que las chicas salgan del hogar familiar para dejar de ser una carga económica no son las únicas causas detrás de que se hayan multiplicado los matrimonios infantiles. “También hemos encontrado casos de chicas forzadas a casarse después de haber sufrido una violación para restablecer el honor familiar”, abunda el documento.

El resultado de estos casamientos, además de las secuelas físicas ya mencionadas, es que las niñas dejan de asistir a la escuela, truncando sus sueños. Las palabras que Rem (nombre supuesto), de 15 años, que casó a los seis meses de llegar al campo de refugiados de Za’atari en Jordania, son solo una muestra de ello. “Desde que me casé ya no siento nada. Bueno, eso no es del todo verdad. Me siento triste cuando veo a otras niñas de mi barrio que van al colegio. Estoy segura de que si me hubiera quedado en Siria no habría tenido que abandonar la escuela. Yo quería ser abogada. Cuando veo a mujeres que han conseguido llegar a ser médicos o abogadas, o simplemente chicas que han finalizado su educación, me apeno”.