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ESPECIAL

Cuando las mujeres reinen en Europa

Si el traspaso dinástico se consolida, la mitad de los países europeos con monarquías tendrán mujeres al frente

Una infancia normal. Nació el 21 de enero de 2004. Es la primogénita de Haakon, el heredero de la reina Margarita. El príncipe defendió contra viento y marea su decisión de casarse con Mette-Marit, una madre soltera, pese a la oposición familiar. Ampliar foto
Una infancia normal. Nació el 21 de enero de 2004. Es la primogénita de Haakon, el heredero de la reina Margarita. El príncipe defendió contra viento y marea su decisión de casarse con Mette-Marit, una madre soltera, pese a la oposición familiar.

Es más fácil cambiar la Monarquía que algunas Constituciones. En unas décadas es probable que en Europa coincidan más reinas como jefas de Estado de las que jamás se han juntado en el pasado. Si el traspaso dinástico se consolida, en el futuro habrá mujeres al frente de las casas reales de Bélgica, Holanda, Noruega, España y Suecia, la mitad de los países europeos con monarquías. Sin premeditación ni alevosía, sin componendas políticas, lisa y llanamente por la fuerza de los hechos genéticos, la paridad está ya asegurada en las diez dinastías reinantes en Europa (cinco mujeres, tres varones y dos incógnitas en Mónaco y Luxemburgo). “Curiosamente se va a dar este caso en aquellas monarquías donde durante mucho tiempo se ha dado prevalencia al varón sobre la mujer. No es el caso de Noruega y Suecia, que cambiaron las leyes en los ochenta, pero habrá un alud de mujeres al frente de los Estados que las excluían o daban preferencia a los hombres”, destaca Yolanda Gómez, catedrática de Derecho Constitucional de la UNED y autora del libro La Monarquía parlamentaria: familia real y sucesión a la Corona (Hidalguía, 2008).

Europa, el viejo continente donde nació una cosa y la contraria (monarquía y república), feminizará en una generación (las herederas tienen edades parejas: todas han nacido entre 2001 y 2012) uno de los símbolos –la corona– que encarna como pocos el poder.

Amalia de Holanda

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La princesa de Orange. Nació el 7 de diciembre de 2003. Su abuela Beatriz, que reinó 33 años, abdicó en 2013 a favor de su hijo Guillermo. Máxima, la reina consorte, es economista y argentina.

“Durante cientos de años las monarquías han preferido a un varón, y ahora la naturaleza ha hecho que la jefatura vaya a ser encarnada por mujeres”, plantea Yolanda Gómez. “Creo que cambiará algo, ya sólo el modelo de simbolizar el poder será diferente. A pesar de que reciban instrucciones militares, nunca será la impronta de un jefe militar varón”.

En las últimas décadas se han modificado las Constituciones que relegaban a las primogénitas en la línea de sucesión en países como Suecia (1980), Noruega (1990) y Bélgica (1991). Holanda, por su parte, tiene una avalada tradición de reinas, que se han sucedido a lo largo de todo el siglo XX (Guillermina, Juliana y Beatriz). Por ello pagó un precio que hoy resulta anacrónico: en 1890 perdió Luxemburgo, donde estaba en vigor la ley sálica que excluía a mujeres del trono. Dinamarca consagró la igualdad sucesoria en 2009 tras un referéndum, e incluso Reino Unido, donde las cosas de palacio parecen ir más despacio que en ningún otro país, se cambió a marchas forzadas una ley con 300 años de antigüedad que concedía preeminencia a los varones (una tradición “obsoleta para un país moderno”, en palabras del primer ministro David Cameron) cuando los duques de Cambridge, herederos del heredero Carlos, anunciaron su embarazo (finalmente nacería un niño: Jorge).

Estelle de Suecia

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Por línea materna. Nació el 23 de febrero de 2012. Recibe los derechos sucesorios de la princesa Victoria, heredera del rey Carlos Gustavo y casada con Daniel Westling, que fue su entrenador personal.

De las diez monarquías en activo, solo Mónaco, Liechtenstein y España mantienen la discriminación por razón de sexo para transmitir la corona. Leonor se convertirá en princesa de Asturias porque no ha tenido un hermano, aunque sería desplazada en virtud del artículo 57.1 de la Constitución (que antepone el varón a la mujer) en el hipotético caso de que lo tuviera en el futuro. “Después de nacer las infantas me he manifestado igualmente a favor de cambiar la Constitución. Sigo pensando que es una antinomia constitucional que dice muy poco de los valores que la Constitución proclama, pero ya no es un problema político. Ahora bien, si se reforma la Constitución para otras cosas, debería incluirse también este cambio”, defiende Gómez.

La generación de princesas herederas tendrá también otra característica que las distingue de sus antepasadas. Todas son hijas de mujeres sin vínculos con la realeza o la nobleza, a excepción de la belga Elisabeth (su madre, Matilde, procede de una familia de condes arruinados con un historial de deudas que llegaron a los tribunales) o de Estelle de Suecia (en este caso, el toque de clase media viene por línea paterna: Daniel Westling fue el entrenador personal de la princesa Victoria). Las madres de Amalia de Holanda, Ingrid de Noruega o Leonor de España no tuvieron ninguna relación con el Gotha hasta que se cruzaron en el camino de los príncipes. “Es difícil decir si eso las va a determinar. La personalidad de Mette-Marit no es la de Máxima. Lo que va a contar es la educación que reciban las herederas. Todas están siendo educadas en contacto con la sociedad en la que van a vivir”, señala la catedrática de la UNED.

Elisabeth de Bélgica

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Pionera en su tierra. Nació el 25 de octubre de 2001 y en el futuro será la primera mujer que reine en su país. Su padre, el rey Felipe, ascendió al trono en julio de 2013. Su madre, Matilde, es hija de unos condes de economía precaria.

Máxima Zorreguieta era una economista argentina con una mácula familiar –su padre fue ministro durante la dictadura del general Videla– que se ha ganado a los holandeses derrochando alegría, como se constató el día del traspaso de poder de la reina Beatriz a su hijo Guillermo, el 30 de abril de 2013. La española Letizia Ortiz Rocasolano presentaba el telediario de máxima audiencia cuando se anunció su compromiso con el príncipe Felipe. Tenía un intachable pedigrí de clase media a la vista de su genealogía (un abuelo taxista, una abuela locutora, un padre periodista y una madre enfermera), patrimonio (un piso en Valdebernardo) y pasado (divorciada de un profesor de instituto).

La noruega Mette-Marit Tjenssen fue una revolución: madre soltera, concursante de un programa de televisión para buscar marido y con “pasado salvaje”. En la corte noruega cayó fatal (y en la sociedad: el 64% de la población la rechazaba), pero Haakon, el heredero al trono, no dio su brazo a torcer. Su imagen ha mejorado notablemente desde 2001, cuando se casaron. Su hija Ingrid, que cumplió 10 años en enero, es de las pocas menores destinadas al trono que ya ha dado entrevistas para decir lo que cualquier niña diría por muy princesa que sea: “Lo más aburrido es tener que posar para fotos, lo de estar sentada, sentada y sentada. Estar sentada y que no saquen la foto perfecta”

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