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EL PULSO COLUMNA i

Cómo dejar de ser 'rockstar'

A nadie se le ocurre que Santiago Auserón, además de haber sido el cantante de Radio Futura y Juan Perro, es escritor. Para él, la fama, fue un accidente

Santiago Auserón cumplirá 60 años en julio. Ampliar foto
Santiago Auserón cumplirá 60 años en julio. Cordon

Yo, de vocación, soy estudiante de Filosofía”. Santiago Auserón –o más bien su alter ego, Juan Perro– está a punto de ofrecer un concierto en el lugar más inesperado: la feria Ars Libris de diseño editorial de Barcelona, donde se exponen historietas, poemarios y libros de fotografía. Mientras Auserón pasea entre los estands, el público reconoce al cantante de Radio Futura, la mítica banda de rock de los ochenta. Una cámara de televisión lo entrevista en calidad de Juan Perro, el exitoso solista que reinventó el rock latino. Pero ni siquiera aquí, entre libros, se le ocurre a nadie que este hombre es un escritor.

–He publicado un estudio sobre la influencia de la cultura negra en la música española –me cuenta–. Tenemos una imagen falsamente monolítica de este país. Pero aquí hubo tres grandes culturas conviviendo hasta el siglo XV. Y dejaron sus huellas en todo.

Escribir, traducir, incluso editar libros, son solo algunas de las cosas que ha hecho Auserón mientras intenta, a toda costa, dejar de ser una estrella de rock. Tras la ruptura de Radio Futura, en los noventa, sacó con regularidad discos en solitario. Pasaba del son cubano al rock o regresaba al jazz. Pero más o menos, la suya era una carrera “normal”. Después, ni eso. En los últimos 12 años solo ha publicado un disco, Río Negro, con un sonido cercano al soul y los ritmos negros norteamericanos. No ha dejado de trabajar, pero casi siempre en colaboración, y experimentando con ritmos nuevos. El año pasado, su hermano Luis Auserón declaró en público que le gustaría volver a formar Radio Futura, a lo que Santiago respondió con un sepulcral silencio.

–Para mí, la fama fue un accidente –explica ahora, antes de subir a tocar–. Yo solo quería hacer canciones y divertirme. Y en los ochenta todo el mundo podía ser una estrella. Fue fácil mientras solo lo intentaba un pequeño grupo de chicos bien. Pero luego llegó todo el mundo de verdad, de todas partes. Y tantos ojos encima de uno se volvieron muy complicados de sobrellevar.

Su concierto de esta noche en la feria de libros es una exhibición tanto de notas como de palabras e historias. Armado solo con su guitarra, Auserón presenta cada canción con un relato, a veces personal, otras veces delirante. Una de ellas narra una conversación imaginaria con Louis Armstrong. Otra habla del mirlo que canta frente a su ventana. Todas están contadas en tono irónico con el vocabulario de un juglar. Llama al pájaro “ave canora”. Describe un “zaguán umbrío”. Se define como “forastero”. Hoy en día, ni los escritores saben tantas palabras.

–Mi relación con el lenguaje no es nueva. Cuando estudiaba Filosofía en Francia, tomé contacto con los poetas simbolistas, especialmente Mallarmé y Baudelaire, y sus escritos sobre los demonios interiores inspiraron muchas letras de Radio Futura. Adalid surgió de La Eva futura. Annabel Lee es una letra de Edgar Allan Poe.

Lo que sí ha cambiado es la libertad, cada vez mayor, con que decide su carrera. Le da igual el dinero. Le da igual la crítica. Este año cumple 60 años, y no deja de probar cosas nuevas. Le recuerdo una letra de su último disco: “Cuando sea sesentón, tendré las cosas muy claras”. Le pregunto si es así. Responde:

–Aún no tengo nada claro, no me avergüenza confesarlo. Quizá el reto creativo que me toca ahora sea inventar cómo envejecer con dignidad. Y no es fácil.

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