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OPINIÓN

Quién manda más

El Parlamento Europeo y los países miembro tienen posiciones diferentes sobre el mecanismo de resolución de las futuras crisis bancarias

Interesa mucho seguir el pulso institucional que está teniendo lugar en la Unión Europea (UE) sobre la unión bancaria europea (UBE): el Parlamento Europeo y los países, que se han expresado a través del Consejo de Ministros de Economía, tienen posiciones diferentes sobre el mecanismo de resolución de las futuras crisis bancarias. Quién las paga, y cómo. No es que los enfrentamientos sean nuevos; lo es el descarnamiento del mismo, sobre todo cuando el mandato del Europarlamento está dando los últimos suspiros, y cuando se sabe que detrás de las posiciones nacionales está el poder omnímodo de Alemania.

Hace unos días tuvo lugar un debate sobre la UBE en el seno de la Fundación Alternativas. Allí se presentó el documento La Unión Bancaria: avances e incertidumbres para el año 2014 (elaborado por Analistas Financieros Internacionales), en el que se hace un estado de la cuestión: la UBE ha avanzado sobre todo en el ámbito de la supervisión única —que asumirá el Banco Central Europeo—, pero siguen siendo “más lentos y decepcionantes [los impulsos] en el ámbito de los mecanismos de resolución, sin los cuales la credibilidad de la UBE, e incluso de esa supervisión única, puede quedar en entredicho”.

A finales del año pasado, los países comunitarios llegaron a un acuerdo, liderado por Alemania, en el que se establecía un mecanismo que otorga a las capitales de la zona del euro la última palabra sobre la intervención de un banco en dificultades, con un cortafuegos que durante una década será apenas un fondo coordinado, con compartimentos estancos para cada país y sin mutualización alguna.

Está en discusión la solución a las futuras crisis bancarias: quién paga y cómo se paga

El Parlamento Europeo ha aprobado por una inmensa mayoría no aceptar estos mecanismos e iniciar negociaciones con el Consejo de Ministros de Economía. Lo que pretende es un sistema decisorio simple que permita el cierre de un banco con problemas en un fin de semana, sin que pueda ser paralizado a causa de un desacuerdo político; y que el fondo de resolución, financiado por las entidades bancarias, sea sólido y creíble desde el primer momento y pueda tomar prestado dinero desde su inicio, con el fin de garantizar su credibilidad desde el inicio de su creación.

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, ha amenazado con vetar la UBE si el Europarlamento toca una sola coma de lo aprobado por los países, pero los representantes elegidos directamente por los ciudadanos no se han achantado en esta ocasión, al menos por ahora. Sin embargo, existe un límite temporal a cualquier negociación que es el de las elecciones del 25 de mayo. Si se retrasa la unión bancaria, las pruebas de resistencia que va a hacer el BCE a todo el sistema bancario europeo serán mucho más complicadas. ¿Qué ocurriría si hay bancos que no logran recapitalizarse mínimamente, si así lo determinan los exámenes en cuestión, si no existe para esa coyuntura el mecanismo de resolución y el cortafuegos imprescindible para dar este nuevo paso en la historia de Europa?

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