Belén Garijo a Sanofi o Enrique Lores a Paypal: los directivos españoles cotizan al alza
La rotación de consejeros delegados en las empresas cotizadas mundiales alcanza niveles récord en 2025 por segundo año consecutivo

El talento español cotiza al alza en el mundo. En tan solo unos días se han sucedido tres nombramientos de calado en grandes multinacionales con un elemento común: los elegidos han sido ejecutivos españoles. El 12 de febrero, la farmacéutica francesa Sanofi anunciaba el fichaje de Belén Garijo, hasta ahora al frente de la alemana Merck, como consejera delegada. El mismo día se conocía la decisión de L’Oréal de designar vicepresidente de su consejo de administración a Pablo Isla en representación de Nestlé, su segundo accionista y donde ocupa la presidencia desde el pasado octubre. Y días antes fue Enrique Lores el escogido para capitanear Paypal y convertirse en el ejecutivo español mejor pagado del mundo, al superar a Ramón Laguarta, al volante de PepsiCo.
Unos directivos icónicos, en opinión de Bárbara Ramos, socia de la firma de selección de altos cargos Korn Ferry, que representan una vuelta a los perfiles “superconsolidados y robustos, que son garantía de éxito para las organizaciones”. Algo que contrasta con la tendencia de designar a directivos debutantes, que tanto se está prodigando en los últimos años, apunta. Y que viene a decir que “en las empresas en dificultades, los experimentos se hacen con gaseosa”, agrega. Luis Urbano, socio de Hiedrick & Struggles, considera que los consejos de administración cada vez son más exigentes y exigidos. “Viven bajo la presión permanente del trimestre. Y si un trimestre los resultados son peores de lo esperado no pasa nada; pero si esto se repite, intentan corregir el rumbo y, como en los equipos de fútbol, creen que cambiar el entrenador es la solución. El intervencionismo de los órganos rectores va en aumento”, sostiene.
Esto lleva a que el mercado de fichajes esté muy caliente en todo el mundo. De hecho, la socia de Korn Ferry justifica tanta actividad por el acortamiento que se está produciendo en el mandato de los primeros espadas de las empresas cotizadas —también en España, donde la media de siete años es la más breve de los últimos siete ejercicios, y donde en lo poco que va de año Banco Sabadell ya ha movido ficha relevando a su consejero delegado, César González-Bueno, y nombrando a Marc Armengol—.
El índice de rotación de directores ejecutivos de Russell Reynolds así lo refleja. El año pasado se batió un nuevo récord: 234 líderes fueron relevados de sus puestos, un 16% más que en el año anterior (que ya fue récord) y un 21% por encima del promedio de los últimos ocho años. Y la permanencia media en el cargo descendió a 7,1 años en 13 de los principales mercados bursátiles internacionales (entre los que no figura España), frente a los 8,3 años del periodo 2021-2023. Y un dato revelador: los despidos o abandonos de los consejeros delegados con menos de 36 meses en el puesto aumentaron un 79%. En parte, dice Ramos, por la propia fatiga en un rol cada vez más exigente y que se desempeña en un entorno de incertidumbre creciente.
Cuando los líderes no cumplen las expectativas del consejo de administración o de los inversores activistas la respuesta tarda poco en llegar. Un hecho que impulsa lo que Pablo Claver, director general del cazatalentos Russell Reynolds, denomina la creciente liquidez del mercado directivo. El capital riesgo, aprecia, está siendo uno de los grandes motores de la búsqueda de altos cargos, que crece dos dígitos. Una situación que está poniendo en bandeja los relevos por parte de profesionales con antecedentes de éxito, como los españoles citados. El patrón en los tres casos, indica Urbano, es el de compañías que necesitan un revulsivo. Si bien, el ejemplo de Pablo Isla es diferente, pues su puesto no es ejecutivo. L’Orèal afronta retos de crecimiento internacionales para los que un perfil como el del expresidente de Inditex puede ser muy útil, esgrime.
Punta de lanza
La transformación de los modelos de negocio, la llegada de nuevos jugadores a unos mercados en constante evolución —y presos de los cambios geopolíticos y tecnológicos— y el crecimiento diferencial de España en el mundo son otros de los ingredientes del cóctel que aúpa al talento patrio en el mundo. De acuerdo con Claver, Garijo y Lores forman parte de lo que denomina “españoles punta de lanza”, es decir, profesionales que actualmente rebasan los 60 años y que forjaron su carrera en el extranjero cuando salir de España no era tan habitual como ahora. En el caso de la futura líder de Sanofi, el socio de Hiedrick & Struggles destaca el hecho de que la farmacéutica haya elegido a una persona con 65 años para dirigirla, “algo que por edadismo no sería fácil de no ser por las necesidades de la compañía”.
Para Urbano, la rotación al frente de las principales compañías cotizadas mundiales va a continuar marcando máximos y forzando reclutamientos externos como los tres reseñados que cuentan con mayor riesgo para las organizaciones. Por ejemplo, en el caso de Lores, que ha capitaneado una transformación “fantástica” en HP, opina, ahora aborda el reto de ir a una compañía puramente digital para lo que no tiene experiencia previa.
En cambio, los nombramientos protagonizados el año pasado por los españoles Juvencio Maeztu en Ikea, José Muñoz en Hyundai o Javier López en Decathlon fueron promociones internas dentro de las respectivas multinacionales. Sea como sea, los directivos patrios siguen reforzando su poder en el mundo.
Cinco trampas que expulsan a los líderes antes de 24 meses
La firma de selección de dirigentes Spencer Stuart es tajante: “Casi el 40% de los directores ejecutivos pierden la confianza del consejo de administración a mitad del segundo año”. Un aviso a navegantes en tiempos revueltos. A su juicio, las decisiones que toman durante su primer año sientan las bases para el éxito a largo plazo.
Con unos consejos de administración menos pacientes que hace una década y un escrutinio activista en auge, la permanencia de los primeros espadas en el cargo se acorta. Ante este panorama, la compañía asegura que hay cinco trampas predecibles en las que caen la mayoría de los dirigentes. La primera es esperar demasiado para reestructurar su equipo directivo y posponer la definición de nuevas normas culturales y ritmos operativos. Craso error: un equipo directivo sólido es la base de todo lo que sigue, “los líderes hacen bien en actuar con anticipación y perfeccionar sobre la marcha”, dice el cazatalentos.
La segunda trampa es la parálisis por el análisis mientras se construye la estrategia, postergando las decisiones a corto plazo. Sin éxitos iniciales, la buena voluntad se desvanece y pierden la oportunidad de generar impulso estratégico cuando la organización es más receptiva.
Descuidar el traslado de su visión estratégica a toda la organización es el siguiente error más común de los consejeros delegados. “Sin la aceptación de la sala de máquinas se pierde una palanca clave para el cambio y la retroalimentación, y la estrategia se estanca”, dicen en la firma de cazatalentos.
La escasa relación con el consejo de administración en los primeros 6 o 12 meses suele pasar factura. Lo que el líder lee como confianza del órgano rector se puede dar la vuelta súbitamente. Por eso Spencer Stuart recomienda reuniones individuales y periódicas para evitarlo.
La quinta trampa en la que suelen caer los consejeros delegados tiene que ver con decir sí a demasiadas cosas. El líder debe decidir dónde y cómo invertir el tiempo. “Ser consejero delegado implica marcar el ritmo de una maratón de sprints intermitentes y reconocer sus fuentes de energía y sus factores de desgaste”, que siempre son menos con el apoyo de asesores o coaches, recomienda la firma.
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