El Rastro de Madrid pelea por su supervivencia

Las 1.000 familias que viven de este mercado centenario critican la gestión del Ayuntamiento madrileño durante la pandemia

Numerosas personas visitan los puestos de El Rastro el pasado 26 de septiembre en Madrid.
Numerosas personas visitan los puestos de El Rastro el pasado 26 de septiembre en Madrid.Gustavo Valiente (Europa Press via Getty Images)

Pilar es propietaria de un puesto de souvenirs en la calle de Ribera de Curtidores. Celebra que el Rastro de Madrid haya vuelto al 100% de sus establecimientos en este segundo domingo de “libertad”. Algo que ha llegado “tarde”. El cierre total durante ocho meses y su apertura posterior al 50% la ha llevado a la ruina. “Estamos pendientes del desahucio de nuestra casa”. “Hemos vendido muy poquito”. Pilar critica que limitar la venta a la mitad “no era necesario”. “Los puestos rondan los tres metros y estamos bastante separados”. Está convencida de que “las ventas prepandemia se van a hacer esperar.” Y aunque los clientes han vuelto, “la cosa está parada porque no hay turistas y los españoles se nota que andan pelaos”.

La polémica ha envuelto la gestión de la vuelta a la normalidad de este mercado del siglo XVII, del que viven 1.000 familias titulares de los puestos y 450 tiendas. Y lo hacen en un barrio que acoge a 25.000 vecinos, donde se califica de “bien avenida” la convivencia del trío. Así, en plena desescalada, se cruzaron propuestas donde los vendedores ambulantes proponían una reapertura con el 50% en domingo y festivo, alternándose para cumplir con las distancias de seguridad y con los puestos en sus ubicaciones habituales.

Un poco más arriba de espacio de Pilar, desde su puesto de bolsos, Julio Rojo cree que “se tardó en conseguir la apertura alterna y ahora el aforo total porque interesa acabar con este mercado, al menos en esta ubicación, como ya intentó Alberto Ruiz Gallardón [exalcalde de Madrid]”. Celebra la vuelta “con buenas ventas” en su caso, lo mismo que en el de Mario Agreda “en este renacer del Rastro”. Para Conchi no acaban de arrancar porque “somos nuevos en nuestros antiguos lugares y a la gente le cuesta ubicarte casi un año después”. En su opinión, “la reapertura se ha demorado en exceso porque se ha politizado”. Y compara: “No se entiende que volvieran a la normalidad el metro o la hostelería y que nosotros, al aire libre, hayamos sido de los últimos”.

Mireli de Oliveira, titular de los puestos 353-354-355, cree que la errática política sobre el Rastro en los últimos meses se debe “a intereses políticos e intereses en la zona para revalorizar los pisos, una foto en la que los vendedores ambulantes sobramos”. Y añade: “Se ha planeado un posible traslado, pero del Rastro de Cascorro no nos moverán”. En un primer momento, tras el confinamiento duro, el Ayuntamiento planteó un aforo del 12% de los puestos. Empezaron las movilizaciones y lo elevó al 33%. Con las protestas a pleno pulmón, el Consistorio aceptó reabrir con el 50% de los puestos. “Las propuestas del Ayuntamiento incluían la supresión de todos los puestos de la plaza de Cascorro, Ronda de Toledo, calles adyacentes y la mitad de los de la calle de Ribera de Curtidores, algo inaceptable para nosotros”, apunta Mayka Torralbo, vicepresidenta y portavoz de la Asociación El Rastro Punto Es, que engloba al 70% de los titulares de los puestos.

Lo que para el Consistorio fue una oferta de ampliación de la huella original (ubicación histórica), como exigencia de la distancia de seguridad, fue vista por las asociaciones que integran el 90% de la venta ambulante, El Rastro Punto Es, Asiveras y Agartsana, como un intento de desmantelar y trasladar parte de este legendario mercado. “Con la excusa de la pandemia se ha pretendido reestructurar El Rastro, suprimiendo múltiples zonas, y reducir su tamaño con la idea de hacer minimercadillos desconectados entre sí”, continúa Torralbo. Por su parte, el Ayuntamiento siempre ha aducido la necesidad de limitar el aforo “siguiendo las recomendaciones sanitarias”.

Movilizaciones

Ocho meses de movilizaciones de las asociaciones mayoritarias lograron la reapertura de este mercado en noviembre de 2020 en domingos alternos con la mitad de los puestos. Pero no ha sido hasta 10 meses después cuando se ha aprobado, en el último pleno del distrito de Centro, la apertura al 100%, con los votos de PSOE, Más Madrid y Vox, y con el PP y Ciudadanos en contra. “Solicitamos al Ayuntamiento la instalación del 100% de los puestos y en nuestras ubicaciones anteriores a la pandemia para acabar con la ruinosa situación económica que hemos vivido. Finalmente la ganamos en el pleno del pasado 15 de septiembre”, sostiene Torralbo.

Aunque los titulares de puestos han celebrado la supresión de la tasa por ocupación de vía pública para los mercadillos en 2022, la polémica sobre el futuro del Rastro continúa. “A pesar de haber vivido épocas de paz, los vendedores no bajamos la guardia frente a los múltiples intentos de reestructuración, con diversas excusas, del Ayuntamiento, que hemos logrado ir paralizando con movilizaciones y el apoyo ciudadano. La amenaza siempre está ahí, ya que es una zona donde confluyen muchos intereses”, afirma Torralbo.

El concejal José Fernández apunta que “es falso que el Rastro se vaya a mover de donde está, como lo ha demostrado su apertura el pasado domingo y en su huella original con el 100% de los puestos”. Desde el Ayuntamiento señalan además iniciativas en esta zona “para contrarrestar la falta de turismo” como los Sábados del Rastro, apoyada por los comerciantes fijos que reivindican el mercado como “patrimonio cultural de la ciudad”. “Los comerciantes que también tenemos puestos ambulantes buscamos revitalizar el comercio, y la Feria de Desembalaje de Los Sábados del Rastro es un buen ejemplo”, apunta Manuel González, presidente de la Asociación Nuevo Rastro.

“Se vende”

Los comerciantes fijos también han sufrido las consecuencias de las restricciones de aforo del Rastro. Manuel González, propietario de la tienda de antigüedades Gárgola, señala que desde que estalló la covid el descenso del público ha sido de un 80% y de un 90% el de las ventas. “El perfil del comprador de antigüedades es de edad avanzada, quien ha sido víctima del coronavirus. Los comercios que se han mantenido a flote cuentan con una cartera de clientes importante o con una penetración en las redes ­sociales”, detalla.Muchas tiendas siguen con la persiana bajada y tienen colgado el cartel de “Se vende” o “Se traspasa”. José María, de El Rincón del Rastro, admite que, aunque siempre ha estado abierto tras el confinamiento, se ha planteado cerrar por la ausencia de clientes. Confía en que con la vuelta al aforo máximo del mercado las ventas mejorarán. Un optimismo que comparte María Gutiérrez, cuya almoneda lleva más de 20 años facilitando ropa a productoras y a salas de teatro. “Soy muy positiva con respecto a los próximos meses. Terminé hace años de pagar el alquiler; por tanto, puedo aguantar un poco más”. MATTEO ALLIEVI


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