Israel exige a los 250.000 residentes del sur de Líbano que huyan al norte antes de ampliar la ofensiva contra Hezbolá
El ejército expande los bombardeos sobre municipios sin presencia de la milicia, que confirma la existencia de combates en suelo libanés


El ejército israelí ha emitido este miércoles “un aviso urgente” a los 250.000 residentes del sur de Líbano en el que les exige que se desplacen al norte del río Litani (a unos 30 kilómetros de Israel) “por su seguridad”. El comunicado, publicado por el portavoz castrense Avichay Adraee en su cuenta de la red social X, alerta de que “las actividades terroristas de Hezbolá” obligan a las tropas israelíes “a actuar contra ellas por la fuerza”. Tal y como hizo durante la peor parte de la guerra de 2024 con la milicia libanesa Hezbolá, el ejército amenaza de manera poco velada a quien circule al sur del Litani. “Cualquier movimiento” en esa zona “pondría en peligro vuestras vidas”, afirma Adraee.
La exigencia israelí llega después de que sus tropas emitieran sucesivas órdenes de desalojo —los libaneses y el derecho internacional las consideran “órdenes de expulsión”— sobre más de 80 municipios. Las tropas, que este miércoles han reiterado el objetivo de implantar “una nueva capa defensiva” en Líbano para proteger el norte de Israel, han sido vistas en distintos municipios y se reporta que han tomado posiciones en Khiam, donde durante la guerra civil de Líbano (1975-1990) controlaron un centro de detención para reprimir a combatientes libaneses y palestinos. Hezbolá, más tarde, ha reconocido la existencia de “confrontación directa” en la zona.
Hezbolá, una organización proiraní venida a menos a raíz de los golpes que Israel le ha propinado desde octubre de 2023 —también durante los últimos 15 meses de tregua—, retomó el frente contra Israel el lunes en defensa de la República Islámica de Irán. Desde entonces, la campaña israelí en Líbano ha causado 72 muertos —entre ellos, siete niños— y más de 400 heridos, según el Ministerio de Sanidad libanés. También se cuentan 80.000 desplazados, que abarrotan los 300 refugios gubernamentales disponibles.

La orden de evacuación afecta a 150 municipios de la franja sur de Líbano, una zona fronteriza con Israel donde Hezbolá tiene arraigo social y donde ha demostrado retener presencia militar, pese a que el Gobierno de Líbano anunció en enero que había completado el desarme de ese y otros grupos irregulares al sur del Litani. La organización de derechos humanos Human Rights Watch ha calificado ese tipo de “amplias advertencias” para desplazar a la población de “ineficientes” y ha acusado a Israel de “instalar el miedo en la población”.
Este miércoles, Israel ha querido evitar cualquier margen de error y ha contactado telefónicamente a los residentes del sur de Líbano para exigirles el exilio. Sara, una joven residente de Tiro, trabaja en Amel, una entidad médica que en 2024 mantuvo sus operaciones en el sur cuando Israel exigió la evacuación generalizada, resultando clave en la atención de quienes se quedaron. Asegura que la directora de la entidad ha recibido una de esas advertencias. “Se están yendo incluso quienes nunca se fueron [en la guerra anterior]”, lamenta.
Mientras, y aunque con capacidades y consecuencias asimétricas, Israel y Hezbolá recrudecen los ataques. Los aviones no tripulados israelíes, que rugen sobre Beirut de manera continua, han atacado en los suburbios de la capital -tras previo aviso- “un almacén subterráneo de armas” y un centro de comando, según Israel. En Baalbek, que junto a esos suburbios y la zona fronteriza constituyen los tres feudos de Hezbolá, un misil contra un edificio de cuatro plantas ha dejado seis muertos y dos desaparecidos.
Las hostilidades israelíes en Líbano —que el ejército ha cifrado en 100 ataques en 24 horas—se esparcen además sobre zonas donde Hezbolá no tiene presencia. Bombardeos sin previo aviso —lo que sugiere que Israel quería matar a alguien en concreto—sobre edificios residenciales en Aramoun y en Saadiyat, municipios cercanos de Beirut, han dejado seis víctimas más.

En Baabda, una localidad de mayoría cristiana donde se encuentra el palacio presidencial y múltiples embajadas —como la de España—, las fuerzas israelíes han bombardeado el hotel Comfort, donde se alojaban 12 familias. El balance del ataque no está claro. Los propietarios aseguran haber sido acosados por vecinos de la zona, que los culpan del bombardeo por haber acogido a civiles desplazados desde zonas de mayoría chií, por miedo a que Israel los relacione con Hezbolá.
Por su parte, la organización libanesa ha reivindicado ataques que profundizan su alcance en el territorio israelí, y que parecen tener como objetivo la erosión de la Cúpula de Hierro, el poderoso sistema defensivo. Uno de ellos apuntaba contra la base militar de Tel Hashomer, cercana al aeropuerto de Ben Gurión. En un ataque anterior, el grupo lanzó un escuadrón de drones kamikaze contra los radares de una base en Haifa, a 70 kilómetros al sur de Líbano. Israel logra sin embargo frustrar la mayoría de los ataques de la milicia.
El ejército libanés, que este miércoles ha descrito la invasión israelí como “una violación flagrante de las resoluciones internacionales y de la soberanía libanesa”, ha anunciado que ha regresado a “algunas de las posiciones” en el sur que abandonó durante el inicio de la incursión israelí el día anterior. También ha dado visos de trabajar para implementar la prohibición de la actividad militar de Hezbolá, decretada el lunes. Sin detallar si eran miembros de grupos armados, las tropas han notificado la detención de 27 individuos por “posesión ilegal de armas”.
“Ni Israel ni Hezbolá aman Líbano”
El comunicado de Adraee convierte, virtualmente, la totalidad del sur de Líbano en objetivo legítimo. Israel anticipa bombardeos contra conceptos tan vagos como “las cercanías” de “instalaciones o de armas” de Hezbolá, cuando los civiles desconocen esas ubicaciones, y añade que “cualquier vivienda que sea utilizada para los propósitos militares” de la milicia “puede ser objeto de ataque”.
En Líbano, esas advertencias provocan pavor porque Israel las ha puesto en práctica, atacando edificios si percibía que acogían a alguien cercano a la milicia. El hotel Comfort, ubicado en la zona predominantemente cristiana de Baadba, es uno de ellos. “¿Qué puedo decir?”, se pregunta con los ojos aguados la armenia libanesa Maguy Chebli, mujer del dueño del hotel, donde residen con sus hijos. Atiende a EL PAÍS en la entrada del edificio, abierta de par en par después de que el bombardeo haya arrancado parte de la fachada. “Israel y Hezbolá son terroristas. Los dos odian a este país y a su gente”.
Alrededor del hotel se arremolinan vecinos indignados. Como Ralf, treintañero, que “no podía esperar” que Israel atacara esa zona tranquila y segura que quedó impune en 2024. Otros acuden con intenciones distintas. “Nos están amenazando porque nos acusan de haber acogido a iraníes”, dice Chebil, algo que niega haber hecho después de que Israel advirtiera que atacará a cualquier dirigente de Irán, principal sostén de Hezbolá, que se encuentre en el país. Asegura que inspeccionaron la identidad de cada huésped, limitándolos a niños y mayores. “Recibirlos era una cuestión humanitaria”, implora la mujer. “Pero ahora no sé si [el ataque] ha sido mi culpa”.
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