Powell advierte que rebajar la inflación requiere provocar “algo de dolor” a familias y empresas

El presidente de la Reserva Federal subraya la prioridad de contener los precios

El presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, John Williams, con Lael Brainard y Jerome Powell, la vicepresidenta y el vicepresidente de la Reserva Federal durante el simposio anual del banco central en el Parque Nacional Grand Teton, este viernes.
El presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, John Williams, con Lael Brainard y Jerome Powell, la vicepresidenta y el vicepresidente de la Reserva Federal durante el simposio anual del banco central en el Parque Nacional Grand Teton, este viernes.Amber Baesler (AP)

Jay Powell enseña las garras. En su esperado discurso en Jackson Hole, un valle del lejano Oeste entre las montañas de Wyoming, el presidente de la Reserva Federal se ha mostrado como un halcón dispuesto a aplicar durante largo tiempo una política monetaria dura para rebajar la inflación. Es consciente de que eso provocará “algo de dolor” para las familias y las empresas, pero no contener la subida de los precios sería aún más doloroso, ha argumentado en el breve discurso que ha pronunciado este viernes en el simposio de política monetaria que cada mes de agosto organiza la Reserva Federal de Kansas.

Sus palabras han sido recibidas con bajadas en la Bolsa, que han sido del 3% al 4% al cierre de la sesión en los principales índices de Estados Unidos, pues muestran un tono más duro que el de sus últimas intervenciones. “Es probable que la reducción de la inflación requiera un periodo sostenido de crecimiento por debajo de la tendencia. Además, es muy probable que las condiciones del mercado laboral se debiliten. Mientras que los tipos de interés más altos, el crecimiento más lento y las condiciones del mercado laboral más débiles reducirán la inflación, también supondrán cierto dolor para los hogares y las empresas. Estos son los desafortunados costes de la reducción de la inflación. Pero si no se restablece la estabilidad de los precios, el dolor será mucho mayor”, ha dicho en la parte principal de su discurso.

“El restablecimiento de la estabilidad de precios requerirá probablemente el mantenimiento de una política restrictiva durante algún tiempo. Los antecedentes históricos desaconsejan una flexibilización prematura de la política”, ha sido el otro mensaje que no ha gustado a los inversores. El tono de Powell no solo es más duro que el de anteriores intervenciones, sino que contrasta especialmente con el de hace un año también en Jackson Hole. Por entonces, veía la inflación como un problema transitorio a consecuencia de restricciones de oferta. La Fed mantuvo una política monetaria muy expansiva hasta entrado este año. Powell reconoció posteriormente su error.

La Reserva Federal ha estado tratando de lograr un aterrizaje suave, el gran mantra de los banqueros centrales. Cuando la economía se recalienta, el objetivo es frenarla para contener la inflación, pero sin hacer mucho daño. En sus memorias, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de 1987 a 2006, señala como uno de sus mayores éxitos haber logrado con las subidas de tipos de 1994 el ansiado aterrizaje suave. Greenspan explica que, por entonces, en la Fed ni siquiera se usaba la expresión, sino que era un término procedente de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la década de 1970.

Ahora, sin embargo, el riesgo de un aterrizaje forzoso parece haber aumentado. Las actas de la Reserva Federal muestran que a sus miembros les preocupa tanto quedarse cortos en las subidas de tipos (y que con ello la inflación se descontrole) como pasarse (y provocar una recesión en toda regla). El tono de este viernes parece indicar que, puestos a elegir, Powell parece más dispuesto a pasarse de largo que a quedarse corto.

Powell ha destacado contundente que el objetivo principal de la Reserva es volver a situar la inflación en el objetivo del 2%. “La estabilidad de los precios es responsabilidad de la Reserva Federal y constituye la base de nuestra economía. Sin estabilidad de precios, la economía no funciona para nadie. En particular, sin estabilidad de precios, no lograremos un período sostenido de condiciones sólidas en el mercado laboral que beneficien a todos. Las cargas de la alta inflación recaen más en los que menos pueden soportarlas”, ha argumentado.

Desde la anterior reunión de política monetaria de la Reserva Federal, se ha publicado un nuevo dato de inflación, con una caída de la tasa interanual general del 9,1% al 8,5%, pero sin que se moviese del 5,9% la inflación subyacente, mejor indicador de las presiones sobre los precios que se enquistan en la economía. Powell ha dejado claro que eso no basta. “Aunque el dato de inflación más bajo de julio es bienvenido, la mejora de un solo mes está muy lejos de lo que el comité necesitará ver antes de confiar en que la inflación está bajando”, ha dicho. “Debemos seguir con ello hasta que el trabajo esté hecho”, en palabras que evocaban la autobiografía de su antecesor Paul Volcker: Seguir con ello.

Powell quiere cortar por lo sano lo antes posible: “La inflación acapara la atención de casi todo el mundo en estos momentos, lo que pone de manifiesto un riesgo particular en la actualidad: cuanto más se prolongue la actual racha de alta inflación, mayor será la posibilidad de que las expectativas de una mayor inflación se afiancen”, ha asegurado.

En la rueda de prensa del 27 de julio, tras la segunda subida de 0,75 puntos de los tipos de interés, Powell declaró: “Podría ser apropiado otro aumento inusualmente grande en nuestra próxima reunión, esa es una decisión que dependerá de los datos que obtengamos entre ahora y entonces”, pareciendo dar como probable otra subida de 0,75 puntos en septiembre, pero enseguida añadió: “A medida que la orientación de la política monetaria se endurezca aún más, es probable que resulte apropiado ralentizar el ritmo de las subidas mientras evaluamos cómo están afectando a la economía y a la inflación los ajustes acumulados de nuestra política”.

Los mercados se quedaron con este último mensaje, que dejaba la puerta abierta a bajar el ritmo de las subidas de tipos, y reaccionaron al alza. Es el mismo mensaje que luego reflejaron las actas de la reunión, publicadas la semana pasada y también el que ha reiterado este viernes, pero en un contexto más duro. Sobre la próxima subida de tipos en la reunión del 21 de septiembre, no se ha mojado: “Nuestra decisión en la reunión de septiembre dependerá de la totalidad de los datos entrantes y de la evolución de las perspectivas”.

Powell, sin embargo, ha tratado de enfriar cualquier optimismo en Jackson Hole y ha recurrido a la experiencia de la década de 1970 para prevenir contra el error de aflojar la política monetaria antes de tiempo. “Debemos seguir con ello hasta que el trabajo esté hecho. La historia demuestra que los costes sobre el empleo para reducir la inflación probablemente aumenten con el retraso [en actuar], ya que la alta inflación se afianza en la fijación de los salarios y los precios”, ha subrayado.

El presidente de la Reserva Federal, gran admirador de Paul Volcker, que ocupó su cargo de 1979 a 1987, ha recordado que el éxito que tuvo a principios de la década de 1980 llegó tras múltiples intentos fallidos de reducir la inflación durante los 15 años anteriores. Arthur Burns, presidente de la Reserva Federal en la década de 1970, se mostró tolerante con la inflación y esta se enquistó durante una década en la economía estadounidense. “En última instancia, fue necesario un largo periodo de política monetaria muy restrictiva para frenar la alta inflación e iniciar el proceso de bajar la inflación a los niveles bajos y estables que fueron la norma hasta la primavera del año pasado. Nuestro objetivo es evitar ese resultado actuando ahora con determinación”, ha dicho.

Las lecciones a aprender, según el FMI

La número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath, ha insistido también en Jackson Hole en la importancia de controlar la inflación. La pandemia y la invasión de Ucrania han servido como pruebas de resistencia para la política monetaria de los países. Han dejado, a su juicio, dos lecciones principales.

La primera lección es que el recalentamiento de la economía, como ha ocurrido con la recuperación desde la pandemia, crea un riesgo significativo de inflación, incluso si esta estrategia es a veces apropiada. Las presiones inflacionistas pueden volverse mucho más intensas a medida que el desempleo desciende a niveles bajos y los sectores clave se enfrentan a limitaciones de la oferta.

La segunda es que hay que aprender a leer mejor las perturbaciones de oferta. "La pandemia y la guerra sugieren que los choques temporales de oferta pueden tener efectos más amplios y persistentes sobre la inflación cuando una economía es muy fuerte, o los choques son muy grandes. En tales condiciones, los bancos centrales pueden tener que reaccionar más agresivamente para controlar la inflación", sostiene.

Según Gopinath, para los próximos cinco años hay un riesgo de que las expectativas de inflación sean altas, se desanclen de los objetivos de estabilidad de precios. Otro riesgo es que la oferta agregada se vuelva más incierta y volátil. El número de trabajadores puede ser mucho más difícil de predecir a la luz de los cambios pandémicos. El cambio climático y los retrasos en la transición a la energía limpia podrían hacer subir los precios de los alimentos y la energía y aumentar la volatilidad. Y los bienes y servicios suministrados a través de las cadenas de valor mundiales podrían encarecerse o no estar disponibles si los países restringen gravemente el comercio. "En un entorno así, sería difícil controlar la inflación sin perjudicar el crecimiento", concluye, por lo que, en su opinión, los bancos centrales deben actuar con decisión.

Además, sostiene, otras políticas permiten abordar estos riesgos. Las ayudas de emergencia deben dirigirse a las familias necesitadas y ser neutras desde el punto de vista presupuestario para evitar el estímulo fiscal, señala. También ve necesario tomar medidas urgentes para la transición climática mientras aún hay tiempo para repartir los costes durante el resto de la década y adoptar políticas que fomenten la diversificación del comercio mundial.

Sobre la firma

Miguel Jiménez

Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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