Un otoño caliente tras un verano para reflexionar: los sindicatos preparan movilizaciones para exigir subidas de sueldos

Las centrales diseñan un calendario de huelgas y protestas para forzar a la patronal a aceptar cláusulas de revisión salarial

Multitud de personas en una concentración de CC OO y UGT, el 6 de julio en Madrid.
Multitud de personas en una concentración de CC OO y UGT, el 6 de julio en Madrid.Gustavo Valiente (Europa Press)

Sin acuerdo para subir los salarios con la inflación desbocada, el otoño será la estación clave para que sindicatos y empresarios diriman unas diferencias que han situado a la negociación colectiva en punto muerto. No será fácil. El clima, tras el caluroso agosto que ha dejado las negociaciones varadas, volverá a colocar el termómetro (social) en picos semejantes a los de mayo —cuando tuvo lugar el Día del Trabajo bajo el lema Salario o conflicto—, o de junio, con las primeras manifestaciones frente a las sedes de la patronal por las calles de distintas ciudades del país. Unas movilizaciones que los sindicatos UGT y CC OO tienen previsto repetir tras la pausa estival todas las veces que sea necesario para, según sus palabras, “tensionar” las conversaciones con las patronales, y lograr que las empresas pacten un aumento de los sueldos de sus trabajadores suficiente para impedir que sigan perdiendo poder adquisitivo.

“Si no hay cambio de posición por parte de CEOE, habrá movilizaciones en otoño. No vamos a permitir que los salarios pierdan poder adquisitivo. La inflación no es la misma que la del año pasado. Habrá grandes movilizaciones en nuestro país a partir de septiembre si no hay un acuerdo que permita poder adquisitivo”, volvió a recordar el lunes Pepe Álvarez, secretario general de UGT. Según los últimos datos disponibles, la brecha entre inflación y sueldos se agranda: los precios subieron un 10,8% en julio, cuando las retribuciones pactadas por convenio lo hicieron un 2,56%.

La tirantez entre los agentes sociales se ha agudizado especialmente en los últimos meses. En opinión de las centrales, además, el Ejecutivo tampoco ha favorecido el entendimiento entre las partes, ni siquiera con el impulso de un pacto de rentas. Tras un último encuentro fallido en cuanto a resultados concretos, dicen desconocer todavía su hoja de ruta. “Buena parte del éxito o el fracaso del pacto de rentas depende del Gobierno, que es el principal protagonista de este acuerdo, a pesar de que da la impresión de que actúa como si se tratara de una cuestión ajena”, señala Unai Sordo, secretario general de CC OO.

Y el problema sigue estando ahí, a la vista de todos, pero sin capacidad de maniobra: la incorporación de cláusulas que acompañen a una subida de los salarios en los próximos tres años—los sindicatos plantean que estas sean del 3,5% en 2022, del 2,5% en 2023 y del 2% en 2024— y corrijan las cantidades en función del incremento de los precios. Una máxima a la que los empresarios se niegan.

El consenso al que los tres actores sociales se abonaron durante los momentos más duros de la pandemia, y fruto del cual se desplegaron satisfactoriamente los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), es hoy un recuerdo borroso. Las diferencias entre representantes de trabajadores y compañías se ha recrudecido al albur de un contexto internacional poco favorable para la especulación temporal. Es este punto, el que tiene que ver con la evolución de un fenómeno que se esperaba temporal y que ha terminado por cronificarse como la inflación, el que ha impedido hasta la fecha la firma de un pacto salarial para los próximos tres años.

Curiosamente, en medio de semejante incertidumbre económica y social, la conciencia de que todo puede cambiar de un momento para el otro sintoniza con los contextos que emplean unos y otros para justificar sus posiciones. “Soy consciente de la complejidad del momento que vivimos. Soy consciente, también, de que los salarios no son los causantes de la inflación que tenemos en nuestro país. La salida de esta crisis no puede venir sacrificando a los de siempre, y también digo que es necesario subir los salarios en nuestro país”, ha asegurado la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quien ha admitido la “absoluta legitimidad” de los sindicatos para llevar a cabo estas movilizaciones.

Coordinación

El calendario para llevarlas a cabo ya está preparado, y la orden dada. “En el mes de octubre, como muy tarde, vamos a coordinar a todos los sectores que están en este momento negociando convenios. Vamos a coordinar todas las huelgas de los diferentes sectores, algunas son intermitentes, para poder coincidir en jornadas completas de lucha que movilicen al conjunto del país”, ha avanzado Pepe Álvarez. “Estamos pendientes de que la patronal esté de acuerdo en sentarse. Se levantaron de la mesa y tienen que volver. Queremos evitar a este país una ola de huelgas, algo totalmente innecesario para llegar a un acuerdo justo para las personas”, matizó. Según datos del Registro y depósito de convenios colectivos del Ministerio de Trabajo, 179 (tanto estatales como autonómicos) expiraron el 31 de diciembre de 2021 y se enfrentan a una renovación este 2022.

La explicación detrás de estas marchas se aloja en que, según defiende el líder de UGT, “las empresas están trasladando los costes a los productos que fabrican o a los servicios que venden”, y, por tanto, “nadie puede pretender que los trabajadores no traslademos a los salarios el coste de la vida”. Una consideración que no comparten los empresarios, quienes aseguran que en un contexto inflacionista como el actual, equilibrar los salarios a la evolución del coste de la vida podría llevar a la quiebra a las compañías, especialmente a las pequeñas y medianas, que son, a la postre, quienes conforman el núcleo del tejido empresarial español (representan más del 90% del total).

Fuentes de la CEOE aseguran que “respetan” la voluntad de los sindicatos de convocar movilizaciones, ya que “están legitimados para hacerlo”; pero consideran que con la inflación disparada, el panorama actual “no es el ideal para negociar nada”. Aun así, se muestran confiados en enderezar el rumbo tras el verano. Todos se dan de margen agosto para tomar aire y retomar un curso negociador que comenzará con un examen definitivo en el primer día de clase.

Réplicas internacionales

La convocatoria de huelgas con la que amenazan los sindicatos para después del verano es ya una realidad en distintas compañías extranjeras con presencia en España. Es el caso de los empleados de Easyjet y Ryanair, cuyos paros se han venido sucediendo desde principios de julio y que amenazan con reproducirse también en las dos últimas semanas de agosto. La reivindicación de los trabajadores pasa por que se retome la negociación del convenio colectivo, en el que se recojan unas condiciones laborales homologables a las de otras bases europeas. Los pilotos de la línea aérea escandinava SAS también se han acogido recientemente a su derecho a la huelga para reclamar subidas salariales y jornadas laborales menos estresantes. Unas reivindicaciones similares a las que protagonizaron en junio en el Reino Unido más de 40.000 trabajadores en la mayor huelga ferroviaria desde 1989, reclamando un alza de sus salarios acorde con la inflación. "Manifiesto toda mi solidaridad y apoyo a los estibadores británicos (también en lucha) que protagonizan grandes movilizaciones y son un preludio de lo que va a ocurrir en España si la patronal no firma un aumento de los salarios en el acuerdo de convenios”, señaló el lunes Pepe Álvarez.

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Sobre la firma

Gorka R. Pérez

Es redactor de la sección de Economía y está especializado en temas laborales. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Antes trabajó en Cadena Ser. Es licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco y Máster en Información Económica de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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