El mapa de riesgos económicos en 2022: nuevas variantes, inflación y cuellos de botella

Las sucesivas oleadas de coronavirus han ido desdibujando el rápido rebote económico que se esperaba para el año recién terminado

Contenedores en el puerto de Barcelona, en diciembre.
Contenedores en el puerto de Barcelona, en diciembre.PUERTO DE BARCELONA (Europa Press)

El año 2022 estaba llamado a ser el punto de partida de un mundo pospandemia. Pero el recorrido del coronavirus por el alfabeto griego a la búsqueda de nuevas variantes ha hecho añicos en los últimos meses todas las previsiones formuladas por los organismos internacionales. “Asumimos que las medidas de contención serán marginales a finales de 2021″, planteaba la Comisión Europea en febrero. “Las presiones inflacionistas seguirán contenidas en la mayoría de países”, pronosticaba dos meses después el FMI. La pandemia dejó en nada todos esos augurios. Instituciones y analistas prevén que 2022 sea un año de fuerte crecimiento, pero acompañan sus previsiones de multitud de pies de página, cada uno de los cuales constituye un riesgo para la recuperación: nuevas restricciones a los viajes, más problemas de distribución, los cuellos de botella o una inflación más persistente de lo esperado. Y ahora el principal interrogante se llama ómicron.

Las sucesivas oleadas de coronavirus han ido desdibujando el rápido rebote económico que se esperaba para 2021. Sobre todo en Europa, cuyos países han reaccionado a cada avance del virus con nuevas restricciones. Después de que EE UU y China hayan recuperado ya todo lo perdido el año pasado, la UE debía hacerlo en este último trimestre del año. Pero ni eso está claro. El instituto Ifo ha previsto que Alemania, la gran locomotora europea, se contraiga en la recta final del año un 0,5% y su economía no recupere el tamaño que tenía antes de la pandemia hasta mediados del año que viene. “En verano de 2022 se produriá una fuerte recuperación a medida que la ola de coronavirus ceda y los cuellos de botella de suministro vayan terminando gradualmente”, sostiene el economista del Ifo Timo Wollmershäuser. España deberá esperar más. Según la OCDE, hasta 2023 no recobrará el Producto Interior Bruto (PIB) previo al estallido de la pandemia, si bien el mercado laboral esta vez se ha recuperado con una inusitada rapidez.

El impacto de las nuevas variantes del virus y las restricciones que adopten los gobiernos serán el principal condicionante del crecimiento del próximo año. La situación, no obstante, no es idéntica a años anteriores: las vacunas constituyen un dique de contención allí donde se han desplegado y las economías han aprendido a convivir con el virus. “Afortunadamente, creemos que no va a ser como en 2020 y que por fin podemos pasar página de ese capítulo catastrófico. Pero el virus va a seguir siendo el factor determinante”, afirma Ángel Talavera, analista de Oxford Economics. Las últimas previsiones, formuladas por la OCDE justo cuando se detectaban los primeros casos de la variante ómicron, apuntan a que el mundo crecerá un 4,5% en 2022. El organismo con sede en París augura que la zona euro se expandirá un 4,3% y EE UU avanzará un 3,7%.

El mundo ha pasado, no obstante, del frío de 2020 al sobrecalentamiento de 2021. Los bancos centrales, que salvaron a las economías empleando todo su arsenal, esperan niveles elevados para principios de 2022 y mucho más moderados a finales de año, a medida que los precios de la energía se relajen, los cuellos de botella en la producción se deshagan y los problemas de suministro vayan desapareciendo. De nuevo, mucho de eso dependerá de la situación sanitaria: desde que los trabajadores puedan ir a la fábrica a que no se impongan más restricciones a los viajes.

La incógnita de China

Los analistas de BNP Paribas creen que el alza de precios ha tocado ya techo en la zona euro, con una inflación media del 4,3%, y que lo hará en Estados Unidos en el arranque de 2022, cuando llegará al 6,8%. “Esperamos que el IPC llegue en el primer trimestre [en EE UU] a su máximo nivel desde 1982”, sostiene el informe. Sin embargo, prevén que todas esas tensiones vayan relajándose a lo largo de 2022 hasta situarse entre el 2% y el 2,5% a ambos lados del Atlántico a finales del ejercicio. De ello dependerá sobre todo la evolución del precio de la energía. “En noviembre, la tasa de variación del componente energético representó más de la mitad de la inflación general”, afirmó en su última rueda de prensa del año la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde. Por ahora, todo apunta a que las tensiones seguirán al menos a comienzos de este año: los futuros del mercado del gas apuntan a un primer trimestre todavía en máximos, mientras que la OPEP cree que la variante ómicron no frenará la subida de la demanda de crudo.

Los banqueros centrales ya han movido ficha ante ese repunte de la inflación. Unos con más energía que otros. Las instituciones monetarias de Noruega e Inglaterra han empezado a subir tipos, mientras que la Reserva Federal de EE UU espera hacerlo el año que viene y el BCE, de momento ni se lo plantea. “En las circunstancias actuales, es muy poco probable que subamos los tipos de interés en el año 2022”, sostuvo Lagarde. “La Fed empezará la retirada y su hoja de ruta va a depender de los datos de empleo. En el BCE habrá mucha más paciencia porque la inflación por ahora no aprieta tanto”, sostiene el responsable de gestoras de fondos de BlackRock para Iberia, Manuel Gutiérrez-Mellado.

En 2022, no están previstos riesgos geopolíticos de la magnitud de otros años, cuando se materializó el Brexit o Donald Trump se presentaba a un segundo mandato. Las fronteras orientales de la UE siguen bajo tensión y Francia celebrará elecciones presidenciales en abril de 2022. Las relaciones entre EE UU y China, si bien no se han reconducido, sí parecen haberse relajado. Sin embargo, Pekín plantea ahora otros interrogantes: el mercado inmobiliario sigue dando signos de un gran calentamiento con el gigante Evergrande en el punto de mira, mientras que empresas como Alibaba se desangraron en bolsa por el nuevo entorno regulador del país. Gutiérrez-Mellado, de BlackRock, es optimista con China y cree que esos cambios se harán “de forma concienzuda” para evitar males. “¿Habrá un ajuste regulatorio? Sí, pero comedido y con un enfoque constructivo para primar la calidad sobre la cantidad”, opina.

El interrogante del turismo en España

España no queda al margen de los riesgos que amenazan con ralentizar el ritmo de recuperación. Después de que la pandemia impidiera la plena reactivación del sector turístico y que los cuellos de botella hayan afectado a la industria, el rebote completo ha ido quedando aparcado. Los organismos internacionales creen que se recuperará los niveles de actividad anteriores a la pandemia a comienzos de 2023 después de que los fondos europeos de recuperación y el ahorro acumulado permitan un avance del 5,8% este año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las nuevas variantes suponen aún el principal peligro para la economía en caso de que vuelvan a limitar los viajes internacionales y a impedir el relanzamiento del sector turístico. Según el FMI, la inflación seguirá elevada hasta mitades de año, sobre todo por los elevados precios de la energía.

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Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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