El Gobierno de Cuba autoriza las primeras 32 empresas privadas

La reforma, que llega medio siglo después de la confiscación de los negocios particulares, puede cambiar radicalmente las reglas del juego de la economía centralizada en la isla

Un restaurante de La Habana, Cuba, el pasado 25 de septiembre.
Un restaurante de La Habana, Cuba, el pasado 25 de septiembre.Ernesto Mastrascusa (EFE)

Medio siglo después de la nacionalización de todos los negocios particulares por Fidel Castro, la micro, pequeña y mediana empresa privada (mipyme) vuelve a operar en Cuba, una reforma estructural largamente esperada y que podría cambiar radicalmente las reglas del juego de la economía centralizada en la isla, según los expertos. El miércoles, solo diez días después de la entrada en vigor de la ley y de la presentación de las primeras solicitudes, el Gobierno aprobó las primeras 35 mipymes, 32 de ellas privadas y tres estatales, la mayoría enfocadas en la producción de alimentos (13), la manufactura (6), actividades de reciclaje, de carácter tecnológico y proyectos de desarrollo local. Las nuevas empresas privadas podrán tener hasta 100 trabajadores, han de constituirse como sociedades de responsabilidad limitada (SRL) y tendrán derecho a acceder a créditos y fuentes de financiamiento, pero sus actividades de importación y exportación deberán hacerlas por intermediación de una empresa estatal. La ley también impone límites a las actividades profesionales. Los contadores, abogados, arquitectos e ingenieros, entre otros, no pueden asociarse y constituir empresas para brindar sus servicios, algo muy criticado por los economistas.

Diez años ha tardado el Gobierno en implementar esta reforma clave, que era legalmente posible desde el VI Congreso del Partido Comunista (2011) pero que fue retrasada por razones no explicadas y que tienen que ver con el temor de las autoridades a perder el control y el monopolio del Estado sobre la economía. Aunque al estudiar las leyes recién aprobadas algunos ven el vaso medio lleno y otros medio vacío, la mayoría de los economistas consideran que se trata de un “paso positivo”, encaminado a incrementar la producción y favorecer una economía mixta, en la que la iniciativa privada está llamada a jugar un papel cada vez más importante. “Es una nueva visión, y creo que puede ser muy beneficioso para el país”, aseguró el economista Omar Everleny, uno de los que lleva años abogando por la aprobación de las pymes.

Destaca Everleny el simbolismo de “aceptar la pequeña empresa privada casi 54 después de la nacionalización de todas estas empresas durante la Ofensiva Revolucionaria”. Fue en 1968, durante un discurso en la Universidad de La Habana, cuando Fidel Castro arremetió contra los dueños de los negocios privados que habían sobrevivido al triunfo revolucionario de 1959. Como consecuencia de aquella ofensiva “contra los remanentes del capitalismo”, fueron confiscados 55.636 pequeños emprendimientos, muchos operados por una o dos personas. Entre ellos 11.878 comercios de víveres (bodegas), 3.130 carnicerías, 3.198 bares, 8.101 establecimientos de comida (restaurantes, friterías, cafeterías, etc.), 6.653 lavanderías, 3.643 barberías, 1.188 reparadoras de calzado, 4.544 talleres de mecánica automotriz, 1.598 de artesanía y 3.345 carpinterías. El “pragmatismo” de volver a las pymes es “un paso en la dirección correcta”, señala Everleny, pero observa que todavía se mantienen numerosas limitaciones y restricciones que pueden enlentecer y dificultar el trabajo de los nuevos actores económicos, lastrando el efecto positivo de la medida. “No hay tiempo, el país no tiene tiempo para lograr que las generaciones actuales y futuras vean los beneficios, pero se actúa como si el tiempo fuera infinito. El Estado debe tener mayor flexibilidad, no seguir trabajando como en el pasado”.

“De cualquier modo”, piensa el consultor Oniel Díaz, “se crea un nuevo escenario”. “Es un paso histórico: por fin, se le abre espacio a las cubanas y cubanos para que puedan poseer legalmente empresas privadas, las cuales además podrán realizar su trabajo en un amplísimo abanico de modalidades de negocios y de giros”. Desde hace seis años, Díaz viene ofreciendo servicios de asesoría a los cubanos que, bajo las condiciones limitadas del llamado trabajo por cuenta propia (TCP), han tratado de emprender un negocio. “Si con las numerosas restricciones que tuvo el TCP [legalizado en 1994] la gente aprovechó las oportunidades y hoy los cuentapropistas suponen más del 33% de la fuerza laboral del país, ahora, con unas regulaciones más claras y mayores posibilidades legales, los resultados por fuerza tienen que ser muchísimo mejores”.

En las últimas semanas, dice, se han acercado a él más de 100 interesados en acogerse a la nueva ley de mipymes. “Hemos visto una nueva reconfiguración que se está operando en el sector privado, las ideas de negocios abandonan enfocarse exclusivamente en la demanda del turismo internacional [bares, restaurantes, casas de alquiler] y comienzan a pensar en la demanda nacional y en cubrir los espacios y las necesidades que genera la escasez que tenemos actualmente en la economía nacional”. Señala que han sido “muy frecuentes los proyectos enfocados a la producción de alimentos, negocios de la construcción, de base tecnológica, vinculados a las energías renovables y a la producción de bienes y comercialización de diversos productos, actividad que ha quedado liberada en sus renglones más importantes”.

No esconde Díaz los aspectos negativos de la reforma. Las micro (hasta 10 trabajadores), pequeñas (entre 11 y 35 trabajadores) y medianas empresas (de 36 a 100 empleados) tendrán que recurrir a una empresa del Estado para importar y exportar, no podrán hacerlo directamente. Tampoco puede ser socio de una mipyme un inversor extranjero, aunque no se excluye que el dueño cubano de una pyme pueda hacer una empresa mixta con una compañía extranjera, pero para ello debe pasar el engorroso proceso oficial de aprobación por el Estado de cualquier asociación con una contraparte extranjera. Está, además, la prohibición del ejercicio de más de 100 actividades que el Estado se reserva (telecomunicaciones, turismo, salud, etcétera), y la imposibilidad de que un cubano pueda ser socio de dos pymes a la vez, junto a la exclusión de no pocos servicios profesionales.

Sobre cuál será el verdadero alcance de la medida y cuándo se verán resultados, Oniel Díaz indica que el comienzo de esta crucial reforma coincide con un momento económico “dificilísimo”, agravado por la pandemia y el incremento las sanciones de EE UU durante la Administración Trump. “La combinación de estos factores, y las imperfecciones que naturalmente trae la implementación de una reforma como esta en Cuba, que esperemos se vayan corrigiendo, propiciarán que los resultados se vean en el mediano plazo”. No son pocos los que recuerdan los titubeos del pasado y se declaran descreídos, pero Díaz dice ser optimista: “Para que pueda haber riqueza primero hay que trabajar, y eso es lo que corresponde ahora”.

Las 3D de la iniciativa privada en Cuba

Abel Bajuelos tiene 42 años y es músico de formación, pero no es noticia hoy por una canción. Bajuelos es uno de los primeros cubanos a los que el Ministerio de Economía y Planificación autorizó el miércoles la creación de una microempresa de seis personas que se llamará Addimensional. Lo suyo es la tecnología, específicamente la fabricación digital con impresoras 3D, algo que ya venía haciendo con éxito como cuentapropista (con una licencia de “fundidor”) pero que ahora convertirá en una empresa legal, con personalidad jurídica y aspiración a convertirse en líder en Cuba en su sector.

“Creo que este es un cambio importantísimo y que no tiene marcha atrás”, señala Bajuelos, pese a haber sufrido en carne propia en el pasado la desconfianza de las autoridades y los vaivenes de la iniciativa privada. En 2011 montó una sala de videojuegos y tuvo mucho éxito, pero una mañana, en 2013, se levantó con la noticia de que esta actividad había sido prohibida. “Como irme del país para mí no era una opción, tuve que reconvertirme, y así nació este emprendimiento”. Abel bromea con las 3D de su empresa, es precisamente con lo que han tenido que lidiar los emprendedores en su relación con el Estado todos estos años, explica. “La D de desconocimiento, de desconfianza y de demora”. Hoy, asegura, aprecia cambios considerables. Su pequeño taller, en el que tiene cinco impresoras 3D, ha sido visitado por distintos ministros, y su solicitud de mipyme, entregada el pasado 20 de septiembre, ha sido aprobada en tan solo nueve días. No es ingenuo, sabe que no va a ser fácil el camino para que su sueño fructifique y que va a enfrentar trabas y dificultades. Pero cree que la rueda ha comenzado a moverse. “Para mí, las pymes en el contexto actual son como una bujía que explota en medio de un combustible creativo que es la sociedad cubana y que mueve un pistón mucho más grande”.

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