Wifi sevillano de altos vuelos

La empresa Galgus ya suma cinco patentes con un sistema que permite llevar internet a los aviones o la España vaciada

Los fundadores de Galgus José Antonio Delgado y José González, en la sede de la empresa en Sevilla.
Los fundadores de Galgus José Antonio Delgado y José González, en la sede de la empresa en Sevilla.Pascal Messmer

Si la ocurrencia de quitar una aceituna de sus ensaladas ahorró 40.000 dólares al año a American Airlines, el peso de una madeja de cables alumbró al ingeniero de telecomunicaciones José González para fundar una startup de éxito. El sevillano trabajaba en una empresa irlandesa enfrascado en rebajar los 300 kilos de hilos que conectan las pantallas de un avión, a fuerza de un wifi que no terminaba de despegar. Descubrió que la clave del negocio estaba justo en ese último eslabón. Y así fue cómo a González se le ocurrió crear Galgus, una empresa especializada en el desarrollo de soluciones wifi inteligentes que ya suma cinco patentes y el interés de inversores internacionales, atraídos por su capacidad de distribuir internet con eficiencia desde un gran estadio a un pueblecito de la España vacía.

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Tras pasar primero por Alemania y luego por Irlanda, González y su socio, el gaditano José Antonio Delgado, hicieron el camino inverso: dejaron sus trabajos en las multinacionales para las que trabajaban, regresaron a Sevilla y allí crearon Galgus. “Los fines de semana nos poníamos a indagar hasta que la experiencia cogió cuerpo y, a pulmón, con nuestros ahorros, fundamos la empresa”, rememora el sevillano. De eso hace ya ocho años y ahora ni la pandemia ha podido frenarles. En noviembre del año pasado cerraron una ronda de inversión de 2,5 millones de euros liderada por los fondos GED Capital y Mundi Ventures. En diciembre, fueron unas de las 20 empresas seleccionadas para participar en Facebook Accelerator: Connectivity, un programa virtual de la multinacional para ayudar a startups a escalar sus negocios.

Esa receta para crecer no le es desconocida a González. En Galgus ya trabajan 33 profesionales, después de contratar a diez personas el año pasado y para este 2021 esperan fichar a 20 más. Ese gasto en personal —unos 500.000 euros, casi la mitad de su facturación de 1,1 millones de euros que tuvo la compañía en 2019— es, para González, la mejor forma de invertir en I+D con equipos de trabajo multidisciplinares “más competitivos e innovadores”. De hecho, tras su expansión “hay mucho algoritmo e inteligencia artificial, doctores en Telecomunicaciones y mucha investigación”, avanza el ingeniero de 38 años sobre una tecnología que ya han conseguido instalar en más de 1.300 aviones de compañías aeronáuticas como Boeing.

La clave de Galgus surge de la necesidad creciente que tiene cada vez más la tecnología cotidiana de conectarse a una red wifi para funcionar. “Cuando quieres conectar muchos dispositivos, necesitas más aparatos para dar acceso y que esos se coordinen y trabajen como un equipo. Eso es lo que hace nuestro sistema. Se trata de balancear, reducir interferencias y colaborar”, detalla el empresario. En la práctica, los puntos de acceso inteligentes de Galgus no dependen únicamente un nodo central, como ocurre en muchas instalaciones, sino que son capaces de compartir información entre ellos, lo que hace que se mejore el rendimiento de la red hasta en un 400%. “Muchas veces no es tanto la velocidad, como la fiabilidad y la consistencia en la experiencia”, apunta González.

Esta mejora de rendimiento, llamada inteligencia distribuida, es útil en aplicaciones tan diversas como dotar de una red wifi eficiente y estable a un avión, un edificio de oficinas, un colegio o un estadio de fútbol. En todos esos espacios ya ha trabajado la empresa, mientras trabaja ya en dotar de internet a pequeños pueblos de la España vacía. “Estamos en el estadio del Betis, por ejemplo. Pero es una tecnología que se adapta muy bien. Puedes ponerlo en sitios de cientos de miles de aparatos o de muchos menos porque es escalable”, apunta el CEO. De hecho, con el proyecto WiFi4EU en Galgus ya han sido capaces de “abastecer a unas 250.000 personas en áreas rurales y casi un millón de personas en municipios de toda la península”, como explica el gestor de una empresa que ya trabaja como proveedor y partner de Telefónica.

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La startup andaluza ya ha conseguido registrar hasta cinco patentes de su tecnología wifi, entre ellas la de inteligencia distribuida, además de otras relacionadas con la seguridad en internet o el roaming. “Tendemos a pensar que lo que hacen los americanos es mejor. En un colegio tenían una tecnología americana que les fallaba. Ahora han hecho un piloto con nosotros, les funciona y están contentos”, ejemplifica González.

La pandemia ha hecho que esa línea con centros educativos, ciudades o pueblos se convierta en clave para mantener la proyección compañía. De hecho, después de enlazar facturaciones de 1,1 millones en 2018 y de 1,18 millones en 2019 —con beneficios de 347.000 euros y 156.000 euros que la compañía reinvirtó—, la de 2020 cayó a 600.000 euros. “De la noche a la mañana tuvimos que desplegar nuevos mercados de smart cities o zonas rurales. Lo bueno es que aviones, trenes u hoteles se van a sumar todo eso que estamos abriendo ahora”, detalla González con entusiasmo.

Galgus no se plantea por ahora bajar de marcha en su crecimiento. Tras recibir hasta dos millones de subvenciones y préstamos reembolsables —entre los que destaca la concesión de 1,34 millones de euros del programa europeo Horizonte 2020—, la empresa está centrada ahora en su expansión internacional países como Estados Unidos. Mientras, ya trabaja en crear dos laboratorios más —con una inversión de 200.000 euros— que se suman a los tres que ya tienen en los que más de 500 dispositivos automatizados comprueban la calidad de la red wifi las 24 horas del día. “Lo nuestro es una tecnología puntera y tenemos que crecer de forma internacional. Tenemos la misión de convertirnos en el referente en tecnología wifi en Europa”, zanja ilusionado el CEO de la compañía.

Sobre la firma

Jesús A. Cañas

Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

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