Comercio internacional

Canadá tiene un problema con su hermano mayor

La elección del nuevo presidente de EE UU augura una relación bilateral más previsible y cordial, pero los roces comerciales se mantienen

El presidente de EE UU, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en una videoconferencia esta semana.
El presidente de EE UU, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en una videoconferencia esta semana.JONATHAN ERNST / REUTERS

En diciembre de 2016, cuando era vicepresidente estadounidense, Joe Biden definió durante un discurso en Ottawa las relaciones entre Estados Unidos y Canadá de la siguiente manera: “Sé que a veces [los estadounidenses] somos como el hermano mayor, pesado y autoritario. Lo digo sinceramente y lo entiendo. Pero somos más que aliados. Somos como una familia”. Esa familia, durante los años de Donald Trump en el poder, vivió años particularmente tensos. Basta recordar la renegociación del marco comercial norteamericano, las diatribas de Trump hacia los granjeros canadienses y los gravámenes al acero y al aluminio fijados por Washington.

El comercio con EE UU es un asunto neurálgico para Canadá. En 2019, el 75% de sus exportaciones (por cerca de 350.000 millones de dólares estadounidenses) viajó al país vecino, mientras que el 51% de sus importaciones provino de dicha nación (unos 238.000 millones de dólares, que al cambio actual equivalen a 196.700 millones de euros). El pasado martes 23, Joe Biden y Justin Trudeau, primer ministro canadiense, sostuvieron un encuentro virtual. En la reunión, los mandatarios abordaron la covid-19, la lucha contra el cambio climático y la cooperación con otros países e instituciones; también la recuperación económica, aunque sin entrar en detalles. Pese a que los canadienses saben que los canales de interlocución con su vecino del sur serán menos rugosos e inciertos con Biden, las disputas comerciales continúan.

Biden firmó varios decretos el mismo día en que asumió la presidencia. Uno fue la rescisión de los permisos para la construcción y explotación del oleoducto Keystone XL, concebido para enviar crudo de la provincia canadiense de Alberta a refinerías estadounidenses. Valorado en unos 8.000 millones de dólares, este proyecto ha estado acompañado de las protestas de ambientalistas y grupos indígenas. Barack Obama lo frenó en 2015, pero Trump volvió a autorizarlo en 2017.

Keystone XL transportaría unos 830.000 barriles diarios. Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, saludó el compromiso de Biden contra el cambio climático, pero dijo sentirse decepcionado por la decisión sobre el oleoducto. Por su parte, Jason Kenney, premier de Alberta, calificó la decisión como “un puñetazo”. Alberta invirtió 1.000 millones en esta obra a cargo de TC Energy. No parece fácil que Trudeau desenvaine la espada por Keystone XL al recordar los señalamientos que recibió por la nacionalización y el anuncio de expansión de TransMountain. “La anulación de Keystone XL era una promesa electoral de Biden. No fue una sorpresa en Canadá. Se valora más el restablecimiento de un diálogo más previsible con Washington y los distintos temas a tratar en la relación”, comenta Christophe Cloutier-Roy, investigador del Observatorio sobre Estados Unidos de la Universidad de Quebec en Montreal.

Biden firmó el 25 de enero un decreto para impulsar la manufactura estadounidense, iniciando así un proceso para fortalecer las reglas del “Buy American” del Gobierno federal. La orden cambiará la forma en que se mide y define el contenido nacional para productos calificados. A su vez, habrá una mayor supervisión de las exenciones en las reglas de contratación pública. Un día después, Trudeau dijo que Canadá fue capaz de defender sus intereses durante los años de Trump, por lo que seguirá la misma ruta con la nueva Administración estadounidense. “El presidente Biden tiene muchas prioridades similares a las de los canadienses. Y estos son asuntos en los que podremos trabajar de cerca con nuestro aliado y amigo más cercano”, afirmó.

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Chrystia Freeland, ministra de Finanzas, recordó ese mismo día la importancia bidireccional de los intercambios, subrayando especialmente el marco de la pandemia. Freeland dijo que será un tema que se tratará al más alto nivel con Washington, agradeciendo la apertura al diálogo expresada por Biden. Respecto a la modificación de reglas que podrían tener impacto en productos canadienses, la ministra comentó: “En estas medidas, el diablo está frecuentemente en los detalles”.

Dennis Darby, presidente de Manufactureros y Exportadores Canadienses, cree que Trudeau y Biden deben considerar los complejos vínculos en la cadena de suministro entre ambos países, al igual que con México. “Excluirnos unos a otros de nuestros respectivos mercados de contratación pública podría dañar seriamente nuestra precaria recuperación económica”. El Consejo Empresarial Canadá-Estados Unidos, por su parte, recuerda que muchas firmas estadounidenses saldrán a defender a sus pares canadienses por aspectos como el precio y la calidad de los productos, así como por los años de trabajo conjunto.

Edward Keenan recordó en The Toronto Star que las compañías canadienses están exentas desde hace tiempo —en virtud de distintos acuerdos— de muchas reglas de adquisiciones en Estados Unidos, por lo que varias de las medidas de Biden podrían tener leve impacto para Canadá. “Esto no significa que haya poco trabajo por hacer para el Gobierno y las empresas canadienses en las próximas semanas o meses. La orden de Biden es en muchos sentidos un punto de partida, no un final”, escribió. Cloutier-Roy afirma que la medida de Joe Biden no fue orquestada para golpear a Canadá. “En Estados Unidos inquieta fundamentalmente la deslocalización a otros países. Los trabajadores afectados estaban en la mira electoral de los demócratas; también de Trump”, explica.

Retorno esperado

Otro asunto es la promesa de Biden de que EE UU se reincorpore al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), abandonado por Trump en 2017. Para Alex Kotsopoulos, de la consultora RSM Canadá, este retorno “podría tener un impacto mayor en la recuperación a largo plazo de Canadá, dada su histórica dependencia hacia el comercio y debido a la integración de su economía con Estados Unidos”. Sin embargo, los productores de lácteos en Ontario y Quebec exhiben menos optimismo. Señalan que Canadá hizo concesiones en el TPP (una apertura del mercado nacional del 3,1%) justamente porque EE UU se había retirado de este acuerdo. Otro producto es la madera de uso industrial. En noviembre, el departamento de Comercio de EE UU anunció una reducción en los gravámenes a la madera canadiense (del 20% al 9%), tras un informe de la Organización Mundial de Comercio. El 74% de las exportaciones de madera industrial de Canadá se destina a EE UU. Los productores canadienses no desean que Biden desentierre este conflicto.

“Gracias por intensificar los esfuerzos para combatir el cambio climático. Realmente hemos echado de menos el liderazgo de Estados Unidos en los últimos años”, dijo Trudeau a Biden en la reunión virtual del martes. Keystone XL y la reincorporación estadounidense al Acuerdo de París muestran el espacio considerable que ocupa el medio ambiente en la agenda de Biden, así como el restablecimiento de 163 medidas medioambientales anuladas por Trump. El presidente de EE UU presentará ante el Congreso un colosal plan de inversiones en energías verdes. Para Steven Globerman, del Instituto Fraser, las empresas canadienses del ramo que cuenten con filiales al otro lado de la frontera pueden obtener considerables beneficios de esta inyección. “También hay que mirar las dinámicas entre estados y provincias. Un ejemplo es la electricidad que vende Hydro-Québec en el noreste de Estados Unidos, pero no se puede descartar que algunas firmas estadounidenses ejerzan presión para limitar la entrada a este mercado”, apunta Cloutier-Roy.


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