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OPINIÓN COLUMNA i

Globalización vírica

El miedo al coronavirus y sus consecuencias se contagian con rapidez en una economía conectada mundialmente

Trabajador del Mobile World Congress de Barcelona junto a un cartel del evento cancelado por el miedo al coronavirus.
Trabajador del Mobile World Congress de Barcelona junto a un cartel del evento cancelado por el miedo al coronavirus. REUTERS

¿Qué es la globalización? Cuando quieren hablar de ella, las televisiones suelen sacar imágenes de un barco cargado de contenedores. Esta semana, las imágenes son sobre un virus en una ciudad china que ha forzado a cancelar el World Mobile Congress en Barcelona, a casi 10.000 kilómetros.

En 1738, el matemático Daniel Bernoulli publicó la paradoja de San Petersburgo, en la que ya advertía de la diferencia entre el valor esperado de un juego incierto y el valor subjetivo estimado por los seres humanos. Aquello ayudó a explicar por qué estamos dispuestos a pagar una prima de seguro superior al valor esperado de la pérdida o un precio por un boleto de lotería mayor que el valor esperado de ganancia. En 1979, Daniel Kahneman y Amos Tversky desarrollaron la Teoría de la Prospectiva, por la que el primero recibió el Nobel de Economía (Tversky también lo habría recibido si no hubiera fallecido antes). Los seres humanos hemos desarrollado la parte racional del cerebro más que ningún otro animal. Pero las decisiones humanas son emocionales y las toma el hipotálamo, una parte de nuestro cerebro que hemos heredado de los reptiles, según la teoría de la evolución.

La probabilidad de que un ciudadano chino se contagie del virus está próxima al 0% y la probabilidad de morir si te contagias también es baja. Pero el pánico se ha contagiado incluso fuera de China. Y la falta de transparencia de su Gobierno está intensificando los efectos. Los datos que llegan de China anticipan un frenazo importante de la actividad económica global. Las fábricas han estado cerradas al menos dos semanas y eso supondrá una caída intensa de la producción industrial, especialmente en Asia, que afectará también al comercio mundial.

A eso hay que sumar el impacto sobre el consumo privado en China, el transporte, el turismo y muchos sectores que se verán afectados. La OPEP ya ha revisado a la baja su previsión de crecimiento de demanda de petróleo mundial para 2020 y el precio del crudo ha bajado más de diez dólares por barril, hasta niveles de 2003.

Las medidas preventivas deberían reducir la intensidad del contagio, pero la situación tardará meses en normalizarse. Y nadie sabe cuánto durará el miedo, que es lo que está afectando a la economía. El problema es que el comercio mundial ya estaba cayendo en el último trimestre del pasado año y esta crisis provocará una fuerte contracción en el primer trimestre de 2020. Europa se está viendo muy afectada, especialmente Alemania, que ya registró un desplome del 7% de su producción industrial en diciembre, antes de que empezará los efectos del virus. Y en EE UU la duda es si el consumo privado resistirá el impacto.

En España las afiliaciones a la Seguridad Social de enero registraron el peor dato desde 2013 y los próximos meses también serán flojos. Y el Gobierno ha presentado su escenario macroeconómico para elaborar los presupuestos sin tener en cuenta los efectos del virus.

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