Europa se convierte en el epicentro de la ralentización económica mundial

Las cuatro grandes instituciones internacionales rebajan en un mes sus pronósticos sobre la actividad de la zona euro

Las cifras comienzan a confirmar los pronósticos más agoreros sobre la economía mundial. La caída de las exportaciones de China y la decepcionante creación de empleo en Estados Unidos el pasado febrero alimentan el temor a que el frenazo económico sea más profundo de lo esperado. Europa emerge como el epicentro de la ralentización mundial. En poco más de un mes cuatro grandes instituciones internacionales (BCE, OCDE, FMI y Bruselas) han corregido a la baja sus pronósticos sobre la eurozona y han sembrado el futuro de nubarrones.

Un buque de carga chino en el puerto de Hamburgo (Alemania), en julio de 2018.
Un buque de carga chino en el puerto de Hamburgo (Alemania), en julio de 2018. reuters

"Los mejores años han quedado atrás y las perspectivas van a oscurecerse algo". La profética frase pronunciada a principios de semana por el comisario europeo, Günther Oettinger, de visita en Madrid, era el anticipo de los malos augurios que Europa iba a recibir. Al día siguiente, el miércoles, la OCDE publicó sus pronósticos sobre la economía mundial. Europa recibió la mayor corrección desde los tiempos de la Gran Recesión. El BCE también vislumbra nubes oscuras en el horizonte y el esta misma semana ha echado un jarro de agua fría sobre las expectativas de subidas de tipos.

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Las principales organizaciones internacionales (FMI, OCDE, BCE y Comisión Europea) enumeran desde hace trimestres los principales escenarios de incertidumbre: la guerra comercial entre China y EE UU, la fragilidad de los mercados emergentes, los problemas de Canadá y Turquía. Y junto a esto, destaca Europa con sus propios contratiempos causados por la fragilidad de la economía italiana, oficialmente en recesión, y la debilidad de Alemania, constipada por los problemas que atraviesa su todopoderosa industria automovilística. Algunos focos como el Brexit y la guerra comercial son persistentes y su propia existencia lleva a aplazar inversiones que restan fuelle a la actividad.

Un crecimiento escuálido del 1%

Europa emerge como una de las zonas más afectadas por estas inestabilidades. Los cálculos de las principales organizaciones internacionales dicen que la eurozona apenas crecerá un escuálido 1% este año. Una cifra tan débil que un simple suspiro podría desatar una tormenta impredecible.

Las palabras de Gita Gopinath, la flamante economista jefa del FMI, el pasado enero en Davos fueron premonitorias: "Los riesgos para las perspectivas emanan principalmente de una agudización de las tensiones comerciales y un deterioro de las condiciones financieras". Aunque China y EE UU anuncian cada semana avances en la negociación para poner fin a la guerra arancelaria lo cierto es que siguen desafiándose. "Una mayor incertidumbre del comercio desalentará en mayor medida la inversión y perturbará las cadenas mundiales de suministro", agregó Gopinath ante los poderosos congregados en Davos. Por eso es especialmente preocupante la caída de las exportaciones chinas y el deterioro de su sector exterior.

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"La buena noticia a inicios de 2019 es que el riesgo de una recesión absoluta es bajo. La mala es que nos estamos dirigiendo a un año de desaceleración global sincronizada: el crecimiento caerá por debajo de las proyecciones en la mayoría de las regiones", escribió hace unas semanas el economista y gurú Nouriel Roubini en un artículo publicado en Project Syndicate, advirtiendo de que si las incertidumbres se materializan, "la desaceleración sincronizada de 2019 podría llevar a un estancamiento global y a una fuerte desaceleración en 2020", año en que numerosos economistas anticipan una nueva crisis.

Sobre la firma

Jesús Sérvulo González

Redactor jefe de Economía y Negocios en EL PAÍS. Estudió Económicas y trabajó cinco años como auditor. Ha cubierto la crisis financiera, contado las consecuencias del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el rescate a España y las reformas de las políticas públicas de la última década. Ha cursado el programa de desarrollo directivo (PDD) del IESE.

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