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El avance tecnológico provoca una ola de despidos sin precedentes en la banca mexicana

La transición digital de las entidades bancarias más importantes de México provoca la rescisión de al menos 4.000 contratos

Citibanamex
Una persona, con la aplicación de Citibanamex en su móvil.

Los dos mayores bancos mexicanos se han embarcado en las últimas semanas en una oleada de despidos masivos que amenaza con extenderse al resto de la competencia. El primero en hacerlo fue Banorte, la segunda entidad financiera del país norteamericano por activos, que tras culminar su fusión por adquisición con Interacciones prescindió en julio de medio millar de empleados por duplicidades. El segundo fue el líder absoluto del mercado, BBVA Bancomer, que en septiembre anunció que eliminaría 1.500 trabajadores —el 4% de la plantilla— en un intento por adaptarse a la nueva realidad tecnológica, en la que es necesario mucho menos personal para llevar a cabo el mismo volumen de operaciones. Y a mediados de octubre, Citibanamex firmó el finiquito de 2.000 empleados para “simplificar y agilizar” su estructura organizativa. Estos recortes se anunciaron antes de que Morena, el partido del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, pusiese en marcha una iniciativa parlamentaria para restringir las comisiones que cobran los bancos en el país norteamericano.

Detrás de esta ola de despidos está, según todos los especialistas consultados, la proliferación de plataformas tecnológicas que permiten a los clientes llevar a cabo la operativa del día a día sin necesidad ya no solo de pisar su sucursal bancaria, sino de hacer una simple llamada telefónica. La web y, más recientemente, las aplicaciones móviles han simplificado el proceso hasta el punto de hacer prescindibles a miles de trabajadores de estas entidades. Todo está hoy disponible a golpe de clic.

La digitalización ha llegado para quedarse: la irrupción de Internet ha cambiado por completo el ecosistema en el que se desenvuelven los principales bancos, no solo en México sino en todo el mundo. “Es un cambio global que afecta a muchas industrias”, explica Octavio Avendaño, profesor de la Universidad Anáhuac. “El último caso ha sido el desplazamiento de Sears [que acaba de caer en bancarrota] por Amazon”. Y esto es solo el principio: “Por delante tenemos 15 o 20 años de cambios profundos, tanto o más como los que hemos visto en la última década”, prevé.

El adelgazamiento de las estructuras de personal llega, sin embargo, con cierto retraso a las tres mayores entidades bancarias del país norteamericano respecto a lo acontecido en los mercados europeo y estadounidense. Allí, la mayor parte de bancos aprovecharon los años inmediatamente posteriores a la Gran Recesión para meter la tijera a sus plantillas. El caso español fue, quizá, el más paradigmático, con 80.000 salidas, entre jubilaciones anticipadas masivas y finiquitos voluntarios o no, desde 2007. Pero no el único: en todo el Viejo Continente, en solo seis años -entre 2008 y 2014-, el número de empleados de entidades financieras se contrajo en casi 400.000 personas. Desde entonces, aunque de forma menos acusada, la tendencia al paulatino adelgazamiento de las plantillas ha continuado, convirtiendo al recorte de costes en el principal impulso para sus beneficios. Por el contrario, desde 2008 -el año que marcó el pistoletazo de salida de la crisis- el personal de toda la banca mexicana ha aumentado en casi 90.000 personas: de 158.000 a los más de 247.000 actuales. La mayor parte de ese crecimiento se ha producido por la vía indirecta, a través de subcontratas.

A México le toca el turno ahora, con una demora que tiene dos explicaciones. En primer lugar, la mayor lentitud del país norteamericano en la adopción de las nuevas tecnologías respecto al resto de economías avanzadas. Un dato lo dice todo: aunque el ritmo de crecimiento es altísimo, solo el 51% de los hogares mexicanos dispone de Internet y uno de cada tres ciudadanos no navega en su día a día. “El uso de las nuevas tecnologías sigue siendo bajo, incluso en comparación con otros países del entorno, como Chile, Brasil o Colombia”, complementa Avendaño. En segundo lugar, por el retraso en la apuesta de las propias entidades por las nuevas tecnologías. “En parte”, aclara Fernando Sandoval, director ejecutivo de Instituciones Financieras de la calificadora mexicana HR Ratings, “tiene que ver con que los grandes bancos globales con presencia aquí retrasaron las inversiones en México respecto a sus principales mercados de origen. En los últimos años, en cambio, los desembolsos en sistemas y automatización sí han llegado, y eso hace que sean necesarios menos trabajadores”. La irrupción de las fintech, empresas tecnológicas que prometen revolucionar el mercado financiero, también acelerará esta tendencia a la reducción de personal en las entidades financieras mexicanas, según los especialistas consultados.

Pero no todas las razones son sectoriales ni de negocio: la flexibilidad que la legislación laboral del país latinoamericano ofrece para los despidos también tiene mucho que ver. “Las reformas laborales de las dos últimas décadas han abaratado y hecho muy fácil este tipo de procesos”, agrega Carlos Tello, antiguo director general del Banco de México y ex secretario (ministro) de Programación y Presupuesto. “Además”, añade, “los sindicatos bancarios, que existen desde 1982, no se oponen porque en muchos casos siguen estando manejados por las empresas”, acusa. Este diario trató de recabar, sin éxito, la opinión de las principales organizaciones de representación de los trabajadores bancarios.

Beneficios en máximos

Los despidos llegan en un momento especialmente dulce para las cuentas de resultados de la gran banca mexicana. El caso de BBVA, líder indiscutible en el país norteamericano, es especialmente paradigmático: en la primera mitad de 2018 obtuvo un beneficio neto de 23.051 millones de pesos (algo más de 1.200 millones de dólares), un 16% más que en el mismo periodo del año anterior. “Está claro que no tiene que ver con que su negocio o la economía mexicana vayan mal”, expone Marcelo delajara, director del Programa de Crecimiento y Mercado Laboral del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). “El ritmo de crecimiento del crédito sigue siendo alto y es, en definitiva, una industria exitosa”. Los despidos tampoco guardan relación con un mal momento económico: “No veo ninguna razón macroeconómica detrás, ni de mal comportamiento del mercado laboral”.

Sin embargo, Delajara sí advierte de su posible contagio a otras entidades. “Son los tres bancos más grandes y compiten fuertemente entre ellos. Cualquier movimiento lo replican, y el resto de la competencia también lo hará”. “Es una tendencia que va a continuar en las entidades de tamaño mediano”, advierte, en la misma línea, Avendaño, de la Universidad Anáhuac. “No ha hecho más que comenzar”.

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