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El real brasileño se debilita ante la incertidumbre política y la desconfianza en los emergentes

Brasil es la economía más vulnerable a la crisis de Turquía por su exposición a la banca europea

Vista de un letrero luminoso en una casa de cambio en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil).
Vista de un letrero luminoso en una casa de cambio en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil). EFE

El real brasileño se cambia a su nivel más bajo desde febrero de 2016 por la incertidumbre política ante las próximas elecciones presidenciales y la creciente desconfianza de los inversores a los mercados emergentes, tras la crisis cambiaria que atraviesa Turquía. La divisa brasileña se cambiaba este miércoles a 4,07 reales por dólar, en su sexta jornada consecutiva de descensos.

El inicio de la campaña electoral arroja unos resultados inciertos y una competición muy reñida para las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, actualmente en prisión, lidera las encuestas con un respaldo del 39%; seguido del líder de la ultraderecha, Jair Bolsonaro, con un 22% si se excluye a Lula de la contienda, mientras que los apoyos del favorito de los mercados, Geraldo Alckmin, están estancados en un solo dígito, 9%. Ninguno de los candidatos ha detallado su programa de reformas ni de ajustes necesarios para una economía con un débil crecimiento económico y una elevada deuda pública.

Brasil es especialmente vulnerable a la crisis de Turquía dada su dependencia de la inversión exterior (60.000 millones de dólares en 2017) y de que comparte muchos de esos inversores extranjeros, especialmente los bancos europeos, con el país euroasiático. En una reciente entrevista con Bloomberg, la profesora de Harvard Carmen Reinhart advertía de que la clave sobre el alcance del contagio de la crisis turca se mediría en su impacto sobre Brasil. La mayor economía sudamericana se contrajo un 1% en el segundo trimestre, justo cuando dejaba atrás su peor recesión en un siglo, debido a la huelga de transportistas que paralizó el país durante 11 días en mayo.

El Fondo Monetario Internacional prevé que la economía sudamericana crezca este año un 1,8%, después del 1% registrado en 2017, lo que supone una recuperación muy modesta para un país emergente. La deuda pública rondaba el 84% a finales de 2017.

En anteriores episodios de vulnerabilidad cambiaria el banco central no ha dudado en intervenir en el mercado para frenar la caída de la divisa. La última vez el pasado mes de junio, cuando apenas logró estabilizar por unos días la divisa en torno a las 3,7 unidades.

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