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Inestabilidad financiera global

España tendrá que emitir el 20% del PIB en deuda pública en 2019, la peor herencia recibida por un Gobierno de la democracia

Una mujer comprueba la cotización de las divisas en una casa de cambio en Estambul este lunes.
Una mujer comprueba la cotización de las divisas en una casa de cambio en Estambul este lunes.

Tras Argentina, vemos otra réplica de inestabilidad en Turquía. Las crisis financieras son consustanciales al capitalismo. Nadie conoce el futuro. Y cuando prestas tus ahorros hay incertidumbre si te los van a devolver. Los flujos de capitales globales son volátiles y procíciclos. En las expansiones las rentas crecen, la probabilidad de impago cae y llegan capitales. En las recesiones, las rentas caen y los capitales huyen.

Otro componente de volatilidad es la política monetaria de la moneda de reserva. Hay una cantidad de dinero mundial que cada día se valora en los mercados de divisas. Cuando en 2008 EE UU entra en recesión y la Reserva Federal (Fed) baja los tipos al 0%, los ahorradores huyeron a países emergentes para buscar rentabilidad para sus ahorros. Cuando la Fed sube tipos y el bono a 10 años de deuda pública de EE UU sube al 3%, los ahorradores huyen de países emergentes y vuelven a EE UU.

Esto es así desde que el templo de Delfos en Grecia impagó sus deudas en el siglo VI a. C. Ahora los países han liberalizado los movimientos de capital e Internet y la revolución de las comunicaciones multiplica el volumen de flujos financieros globales y su volatilidad a máximos históricos.

En este escenario deberíamos pensarnos dos o tres veces nuestras decisiones de endeudamiento. Pero las familias, las empresas y los bancos somos procíclicos y eso intensifica las crisis financieras globales. Por eso los economistas recomendamos a los Gobiernos ser anticíclicos, ahorrar en las expansiones, fijar los tipos de interés sobre la inflación esperada y no la pasada, tener estructuras de deuda anticíclica, emitir bonos con los cupones vinculados al crecimiento del PIB o al precio de las materias primas en el caso de países emergentes.

El problema es que la brecha de producción en EE UU ya es positiva, el paro está en mínimos, la inflación vuelve a superar el 2% objetivo de la Fed y el inconsciente de Trump ha aprobado una bajada de impuestos y una política fiscal expansiva. Por lo tanto, la política monetaria de la Fed debe ser restrictiva y la inestabilidad financiera global es susceptible de empeorar.

Turquía tiene que presentar un plan, el de Argentina es insuficiente, Brasil con elecciones inciertas en octubre, México tomando decisiones populistas, India con déficit público del 7% del PIB, hiperinflación en Venezuela... China, con política monetaria expansiva, puede compensar los efectos de la Fed, pero su deuda crece y crece.

En Europa los tipos siguen al cero, lo cual resta atractivo para que lleguen flujos financieros globales. Y el BCE ha anunciado el final de sus compras de deuda. En 2019 España tiene que emitir el 20% del PIB en deuda pública, la peor herencia recibida por un Gobierno de la democracia. El euro es una moneda de reserva y nos protege, el PIB crece y tenemos superávit exterior. Pero la prudencia es virtud, conviene ahorrar y mantener los dedos cruzados.

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