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El Banco de España advierte que los cinco grandes bancos ya controlan el 81,5% del mercado

Según el Informe Anual de 2017, la prioridad es la reducción de los activos morosos y adjudicados

Vista de la fachada del Banco de España.
Vista de la fachada del Banco de España.

El Banco de España afirma que el sector financiero ha mejorado en solvencia y rentabilidad tras la crisis de 2008, pero advierte de las consecuencias que ha dejado la Gran Recesión. Entre ellas está que "se ha producido un aumento significativo de la concentración. Así, los cinco mayores grupos pasaron de representar el 49% del activo total del negocio en España, en 2008, al 70 %, en 2017, unos veinte puntos porcentuales por encima de la media de la UE". Además, si se añade el negocio en el extranjero, "la concentración del sector bancario español es aún mayor, el 81,5%, en 2017, unas cifras desconocidas en España", apunta en su informe anual, publicado este martes.

El organismo dirigido por Luis Linde admite que "el sector bancario español ha sufrido una profunda reestructuración; el número de entidades ha pasado de 122, al comienzo de la crisis, a 65, en 2017, y el número de oficinas y empleados se ha reducido en un 40% y un 32%, respectivamente, en ese mismo período". Sin embargo, el supervisor muestra su preocupación porque los gastos de explotación, en el negocio en España, "se han reducido tan solo un 15%22, frente al 30% de los ingresos". Esta situación ha provocado que no mejore la eficiencia del sector.

Entre los riesgos a futuro, destaca la falta de rentabilidad y el alto nivel de activos improductivos que todavía se mantienen en los balances: "Al ritmo de caída actual, las ratios de dudosos seguirían siendo relativamente elevadas a finales de 2020, lo que está motivando un especial interés de las autoridades supervisoras en que las entidades aborden con prontitud este reto".

Las razones de esta preocupación que ya no se oculta es el convencimiento del supervisor de que el mantenimiento de ratios elevadas de activos problemáticos (dudosos y adjudicados) durante un tiempo prolongado tiene implicaciones adicionales. "Por un lado, supone el desvío de recursos humanos y materiales hacia su gestión, lo que impide que estos se utilicen en otras actividades, incluyendo la realización de nuevas operaciones de crédito. Por otro lado, su mantenimiento introduce un elemento de incertidumbre adicional sobre la calidad y valoración del activo de las entidades, que podría contribuir a encarecer su coste de financiación".

El documento admite que la corrección en los créditos morosos "está siendo especialmente visible en los de constructoras e inmobiliarias", pero advierte de la delicada situación. "Todavía, pese a los descensos, la tasa de morosidad de este sector se situaba, en diciembre de 2017, próxima al 20%". Y observa incluso "un cierto repunte reciente de los activos dudosos y de la ratio de morosidad en el sector de préstamos para consumo". Otro aviso de que algunas entidades han podido coger un camino peligroso para evitar el ladrillo.

El Banco de España insiste en que la rentabilidad obtenida sobre los recursos propios (ROE, según sus siglas en inglés) "permanece reducida en términos históricos y las cotizaciones en Bolsa de los bancos españoles —y europeos, en general— continúan reflejando unas expectativas inciertas de los inversores sobre la evolución futura del negocio bancario".

Y añade: "La rentabilidad bancaria se sitúa claramente por debajo de los niveles alcanzados en los años previos a la crisis". Entre los factores que explican este problema cita el impacto de la morosidad, la contracción de la actividad local y los bajos tipos de interés. También reconoce que el tipo de negocio internacional de las entidades españolas les ha permitido resistir los efectos de la crisis mejor que otros sistemas bancarios europeos.

Por último, concluye que "el mayor reto a medio plazo procede del nuevo marco competitivo derivado de las nuevas tecnologías y del avance de la desintermediación financiera. La innovación financiera supone un reto y una oportunidad para los bancos. Cabe esperar un aumento de la competencia en determinados segmentos y ciertos cambios en la demanda y en la forma de proveer los servicios bancarios, que obligarán a las entidades a un proceso de anticipación y adaptación. En el momento actual, la penetración de estas nuevas tecnologías en España es limitada y la incertidumbre sobre sus efectos finales, alta, aunque podrían ser potencialmente muy importante".

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