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ANÁLISIS

República Popular de Cataluña

No habrá independencia y vamos hacia unas elecciones autonómicas anticipadas

Anna Gabriel, diputada de la CUP, antes de comparecer el martes en el Parlament.
Anna Gabriel, diputada de la CUP, antes de comparecer el martes en el Parlament. EFE

El proceso de construcción nacional en Cataluña comenzó hace décadas, financiado por la burguesía y liderado por el pujolismo. Como siempre sucede en la historia, estos procesos siguen una dinámica caótica e impredecible. Uno sabe cómo empieza el proceso, pero nunca cómo acaba. Envuelto en un relato romántico, la burguesía catalana ha despertado el espíritu anarquista que históricamente ha estado muy arraigado en Cataluña.

La CUP se inspira en las revoluciones latinoamericanas de extrema izquierda del siglo XX. Su programa económico es el mismo que instauró Fidel Castro en Cuba en los años sesenta y posteriormente Hugo Chávez en Venezuela. Y hoy ya sabemos que generan pobreza e infelicidad. La CUP propone en su programa la nacionalización de todos los sectores estratégicos: bancos, luz, agua, gas, petróleo...

Los líderes de Podemos también provienen del mismo origen y su programa electoral de las europeas de 2014 era muy similar al de la CUP. No obstante, su programa para los comicios de 2016 pretendía ser socialdemócrata, aunque aún mantiene vestigios de revolución popular latinoamericana. Pero en Cataluña Podemos se ha convertido en un partido irrelevante y es Ada Colau la que lidera el movimiento. Colau es una ciudadana antisistema profesional y desde joven ha defendido los mismos postulados que los de la república popular catalana que defiende la CUP. Solo así se puede explicar que una de sus principales banderas ideológicas sea la renacionalización del agua.

Barcelona es un referente mundial en gestión eficiente del agua y su modelo mixto público-privado es el que Fidel Castro eligió en la ciudad de La Habana. Y es el modelo que recomienda la ONU para afrontar los retos del cambio climático en su agenda 2030. Hoy muchos catalanes han despertado del País de Nunca Jamás al ver cómo la Sociedad General de Aguas de Barcelona ha decidido cambiar su sede. En los ochenta tuvimos que luchar contra el dogmatismo de Reagan y Thatcher que demonizaron lo público y ahora debemos luchar contra estos dogmáticos que demonizan lo privado.

Cientos de miles de catalanes creyeron que la independencia mejoraría su nivel de vida. El tsunami de la pasada semana les ha generado miedo por el futuro de sus empleos y de sus hijos y nietos. En 1978 más del 90% de los catalanes votó sí en el referéndum de la Constitución. Hemos aumentando la población en 10 millones de personas desde 1977 y hemos convergido en renta con nuestros socios europeos. España es el quinto país del mundo desarrollado donde más ha crecido el empleo.

Los españoles hemos multiplicado por diez la inversión por habitante en educación y hemos erradicado el analfabetismo. Hemos pasado de una tasa de universitarios del 3% al 30% en la actualidad. Hemos multiplicado por diez la inversión en la sanidad pública, hemos universalizado las pensiones.

No habrá independencia y vamos de nuevo a elecciones anticipadas en Cataluña. Una mayoría de catalanes tiene la posibilidad de acabar con el virus de la república popular que es la principal amenaza para su bienestar futuro.

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