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Uniendo fuerzas para cerrar las brechas en infraestructura del mundo

El Banco Europeo de Inversiones y el Banco Interamericano de Desarrollo han invertido casi 1.800 millones de dólares en infraestructura en una década

Autobús exclusivo para mujeres en Ciudad de México.
Autobús exclusivo para mujeres en Ciudad de México.

Cuando el sistema de Autobús de Tránsito Rápido (BRT, por sus siglas en inglés) comenzó a operar en 2015 en San Salvador, revolucionó el servicio de transporte en la capital de El Salvador al ofrecer a los agobiados pasajeros algo que jamás habían tenido antes: un servicio confiable y puntual con flamantes vehículos de bajas emisiones.

Pero este nuevo sistema de transporte ofreció algo más que simplemente un modo eficiente y cómodo para ir y venir al trabajo. Por primera vez, las usuarias del transporte público de la ciudad sintieron que el nuevo sistema había sido diseñado teniendo en cuenta sus necesidades. La violencia de género es una preocupación fundamental en América Latina y el Caribe, donde más del 60% de las mujeres dicen haber sido acosadas o atacadas en trenes, metros o autobuses.

Por eso, cuando las autoridades salvadoreñas comenzaron a diseñar este nuevo sistema de transporte, instalaron cámaras de circuito cerrado en cada estación para monitorear y desalentar el crimen y lanzaron una campaña de concienciación sobre acoso sexual en los medios de transporte.

Estas medidas han generado beneficios tanto para las mujeres como para los hombres. El Foro Nacional de Salud, una ONG local, declaró recientemente al sistema BRT como “zona libre de violencia”. Algunos comentaristas también han hecho referencia a otras señales que muestran un creciente respeto social: los pasajeros forman ahora filas ordenadas en vez de empujarse unos a otros para subir o bajar del autobús.

La experiencia de San Salvador muestra que no basta simplemente con construir nueva infraestructura física, por muy importante que esta sea. También es vital asegurarse que los proyectos de infraestructura sean sostenibles a nivel ambiental e inclusivos a nivel social.

Estos son el tipo de resultados que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) buscan alcanzar cuando cofinancian proyectos en América Latina y el Caribe, donde hemos venido trabajando de forma conjunta y aportando casi 1.800 millones de dólares en inversiones en infraestructura a lo largo de una década. El BID ha apoyado el sistema BRT de El Salvador desde su misma concepción; ahora el BEI se propone unir fuerzas con el BID y cofinanciar una segunda etapa del proyecto que, a un costo de 85 millones de dólares, agregará otros 17 kilómetros a la red.

Al trabajar de manera conjunta en países como El Salvador, el BID y el BEI pueden apalancar sus recursos y aprovechar su experiencia y conocimiento técnico, sumando fuerzas con otras fuentes de financiamiento tanto públicas como privadas para apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se proponen terminar con la pobreza, proteger el planeta y promover un crecimiento económico sostenible e inclusivo.

Seguiremos buscando nuevas oportunidades de colaboración cuando nos reunamos el 22 de abril en Washington DC para participar en el Foro Global de Infraestructura 2017, al que acudirán las máximas autoridades de los principales bancos de desarrollo del mundo y representantes de los gobiernos del G20 y de las Naciones Unidas.

Uno de los principales puntos de la agenda del Foro será cómo persuadir a una mayor cantidad de inversores para que respalden proyectos de infraestructura inclusivos y sostenibles en los países en desarrollo. América Latina, por ejemplo, necesita duplicar su tasa de inversión en infraestructura para alcanzar el 5% de su PIB regional, o unos 250.000 millones de dólares al año. Alcanzar esta meta no será posible sin un mayor grado de participación del sector privado.

Los bancos multilaterales pueden jugar un papel clave para lograr este objetivo. En los últimos años, el BEI y el BID unieron fuerzas para financiar megaproyectos tales como la expansión del Canal de Panamá, el metro de Quito y la represa hidroeléctrica Reventazón de Costa Rica, además de carreteras de peaje y proyectos de agua y saneamiento y de infraestructura urbana en países como Nicaragua, la República Dominicana y Jamaica. En muchos de estos proyectos, cada dólar invertido por los bancos multilaterales ha servido para atraer entre dos y tres dólares de financiamiento privado.

Nuestra participación ofrece a los inversores privados la seguridad de que los proyectos se realizarán de forma eficiente y transparente. El BID ofrece asistencia técnica a los países para apoyarlos con el diseño de los proyectos, y junto con el BEI, despliega su financiamiento estratégicamente durante las fases críticas de los proyectos, mitigando los riesgos para los gobiernos y los inversores privados.

La colaboración entre bancos multilaterales y el sector privado ha ayudado a promover la innovación en áreas como el financiamiento relacionado con el clima, desde los bonos “verdes” a la transparencia en los informes sobre sostenibilidad. Pero aún podemos lograr mucho más.

El pasado año, al apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la comunidad internacional dejó claro que es clave invertir de manera agresiva en infraestructura sostenible e inclusiva que mejore las vidas de la gente y, para lograr este objetivo, necesitamos crear alianzas más allá de nuestras fronteras.

Werner Hoyer es presidente del Banco Europeo de Inversiones.
Luis Alberto Moreno
es presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

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