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Argentina ve una oportunidad de negocios en el veto comercial a la carne brasileña

Los frigoríficos confían en que la operación "carne débil" contra exportadoras en Brasil les abrirá nuevos mercados

Un faenador prepara los cortes para vender al público. Ampliar foto
Un faenador prepara los cortes para vender al público. Télam

Aquel proverbio chino que advierte que el aleteo de una mariposa puede sentirse en otra parte del mundo describe en forma concreta la relación entre las dos economías más importantes del Cono Sur de América. La suspensión de las exportaciones cárnicas por parte de Brasil es una noticia que ha generado un huracán de expectativas en Argentina, sobre todo porque ambos países comparten clientes muy importantes: China, el principal comprador del mundo y Chile, donde la marca Argentina está instalada desde hace años. La situación podría ser inversamente proporcional a la ocurrida en 2001, cuando Argentina ocultó un brote de aftosa que contabilizó más de 2.000 casos y que al ver la luz cerró varios mercados alrededor del globo. En Argentina operan dos de los frigoríficos señalados por la Justicia brasileña por adulterar sus productos, pero desde el Gobierno tranquilizan a la población y aseguran que los controles son mucho más estrictos.

Dos de los frigoríficos vetados en Brasil pisan fuerte en Argentina. Se trata de BRF, con ocho plantas y dueño de las populares marcas Vieníssima, Avex, Bocatti, Campo Austral y Tres Cruces. La otra es JBS, todavía más importante, dueña de los frigoríficos Swift y Cabaña Las Lilas y con planes de invertir en Argentina cerca de 268 millones de dólares, una apuesta que, según dicen, continúa vigente a pesar del escándalo. Ambas firman concentran el equivalente al 20% de las 230.000 toneladas que Argentina vendió el año pasado y son relevantes en la cuota Hilton. Brasil es el segundo exportador de carne al mundo detrás de India en un ranking en el que Argentina se coloca undécimo, a pesar de contar con cientos de kilómetros de llanura, tener uno de los mayores consumo interno y basar su economía en la producción agropecuaria, a tal punto que durante las décadas del 30 y 40 fue el principal proveedor mundial.

“Todo hace creer que más allá del impacto que tiene esta noticia a nivel internacional, no debería pasar nada malo para nosotros, al contrario, puede ser una oportunidad para volver a crecer en algunos mercados como Chile y China. Este último, un mercado que se abrió en 2012 para Sudamérica y es el primero en volumen, pero decidieron no recibir ni uno solo de los contenedores brasileños”, se entusiasma Miguel Schiaritti, presidente de la Ciccra. La noticia llega en el mejor momento posible para un sector que en 2017 contará con una sobreproducción que rondará en las 200.000 toneladas, imposibles de ubicar en el mercado interno, no sólo por la caída del poder adquisitivo y, a la postre, el consumo, sino porque el consumo ha tocado un techo. Con crisis económica y todo, cada argentino come alrededor de 60 kilos de carne al año, uno de los más carnívoros del mundo.

Para entender la repercusión que tiene en Argentina la operación “carne débil”, tal como se denominó en Brasil al operativo que allanó más de 20 establecimientos frigoríficos acusados de adulterar carnes bovinas, aves y embutidos, es sólo cuestión de revisar algunos números. Según el informe mensual que realiza la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes de la República Argentina (Ciccra), China continúa siendo en 2017 el principal destino de los cortes producidos en el país. El escrito dice que se exportaron a ese país un total de 5.157 toneladas en enero, es decir 106,4% más que en el mismo mes de 2016. “China concentró 49,1% del total de cortes congelados y frescos que superan la cuota Hilton (el cupo otorgado por la Unión Europea para introducir productos en su mercado) exportados en el primer mes del año y 42,9% del total exportado de carne vacuna desde Argentina en el mismo período”, amplia. Lo curioso es que el segundo destino para estos cortes fue Chile, que compró 1.838 toneladas (17,5% del total)”.

“El aumento en la producción es producto de las favorables expectativas que género el cambio de gobierno, pero si no se canalizan al mercado externo nos va a generar una sobre oferta del mercado interno que está muy bien abastecido. De no suceder, se provocara una caída del precio de la carne y por eso, trabajábamos con el gobierno para analizar donde íbamos a ubicar toda esa carne. Es una buena oportunidad para Argentina”, afirma Schiaritti, quien además, dice consumir, él solo, unos 100 kilos al año. “Almuerzo y ceno carne pero estoy muy bien de salud”.

El Dr. Mario Ravettino, presidente del consorcio de exportadores de carne, se reunió con autoridades del servicio de sanidad y calidad agroalimentaria (Senasa) y, en diálogo con EL PAÍS, manifestó que “está garantizada la sanidad e inocuidad de todos los productos de todas las plantas de Argentina ya sea para el mercado doméstico y la exportación”. “Puede ser que algún país de destino tome alguna precaución adicional pero los controles que tenemos de nuestros compradores ya son exhaustivos y rigurosos”, agregó y recordó que eso ocurre desde el brote de 2001. Sin embargo, Ravettino descree que el veto del país vecino pueda significar un beneficio de este lado de la frontera. “Sería una mirada corta decir que Argentina se puede beneficiar a pesar de que alguna veracidad puede tener. Cuando ocurren estos acontecimientos lo único que conseguimos es preocupar a la gente y no ayuda para nada la relación, por más que sea un problema circunscripto y no tenga la menor injerencia en el resto de los países del Mercosur”, agregó.

“Argentina ya pago la macula de haber ocultado la aftosa en 2002”, coincidió Schiaritti, “Pasaron 15 años y con los ojos de todo el mundo puestos en nuestro país, el servicio sanitario argentino ha trabajado de manera correcta y escrupulosa por lo que no hay ningún motivo para que le perjudique”. Las miradas, ahora, están puestas en Brasil.

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