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COLUMNA

La mitad del alza de España viene de fuera

El FMI cifra los ‘vientos de cola’ mundiales en 1,4 puntos de los 3,2 del PIB español en 2015

Luis de Guindos en el Congreso de los Diputados
Luis de Guindos en el Congreso de los Diputados

El pavoneo por la (notable) dinámica del crecimiento económico español es imprudente, porque nos desarma ante sus debilidades; cuando no estúpido, porque nutre un supremacismo irreal y que molesta a otros, gratis.

Algunos, pocos, insistimos desde hace tiempo en que junto a la capacidad de reacción de la economía española —mejor si median reformas— los vientos de cola exteriores vienen siendo cómplices clave de la recuperación.

Así que el petróleo barato, el ínfimo tipo al que pagamos la deuda gracias al BCE, el euro tirado que favorece las exportaciones y la flexibilidad de la Comisión Europea al permitirnos un déficit público más alto del que toca, son factores tan decisivos como los internos.

Hasta hoy solo había una cuantificación aproximativa a esta tesis. La del Ceprede, de junio de 2015 (ver esta página, 17/3/2016), que proyectaba en 1,3 puntos el efecto de esos vientos de cola.

Pues bien, al modesto think-tank madrileño se le acaba de unir nada menos que el FMI, siempre certero si profetiza el pasado. En su informe del 10 de enero sobre España, luce en un rincón un recuadro sobre los “factores directores de la recuperación”, en el que se calcula que los vientos de cola exteriores alcanzaron al menos un 1,4% del PIB en 2015, casi la mitad del crecimiento registrado ese año.

El punto de partida de los economistas del FMI es que se equivocaron en 2014 al pronosticar un crecimiento inferior al 2%. Creían que vendría condicionado por “desarrollos externos negativos”, como el lento crecimiento de los socios comerciales, un “abrupto endurecimiento” de las “condiciones financieras” que no se produjo y otras disrupciones del tipo de aumentos del precio del petróleo (World Economic Outlook, octubre 2014).

No fue así. España creció a un resonante 3,2%. Retrospectivamente, el FMI calcula que a este “mejor crecimiento” contribuyó el precio del petróleo (medio punto), los bajos tipos de interés (otro medio punto) y la flexibilidad de Bruselas (cuatro décimas): 1,4%. Mientras, factores positivos como el euro barato y la moderación salarial se anularon con el negativo de la debilidad de la demanda en la eurozona, nuestro principal cliente.

Para desgracia de la versión oficial, el FMI minusvalora el efecto de las “reformas estructurales” en la bonanza: la reforma laboral solo habría aportado medio punto.

Pero los propagandistas son perseverantes. Cuando les fallan los datos aducen que la diferencia (a mejor), de España respecto de sus vecinos, que gozaron de iguales vientos, proviene de nuestra mejor gobernanza. No es así, salvo quizá en dos casos.

No es así. Proviene de que esos vientos nos favorecen más porque venimos de peor: el petróleo barato nos beneficia más porque nuestra estructura energética se basa más en él (70,5% frente al 53,2% la media europea); porque nuestra deuda externa se lucra más de los tipos bajos pues es más alta; y porque nuestras exportaciones fuera de Europa eran muy inferiores, y el euro barato las empujó más.