Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Alemania invierte poco

El alza salarial germana compensa las carencias. La eurozona, sobre todo Francia, se relanza. Todo beneficia a España

Alemania crece menos de lo previsto. ¿Por qué? Porque su principal motor, la exportación, topa con unos mercados compradores gripados (y crecen más las compras al exterior que las ventas). Porque el consumo interno aún no releva a ese motor. Y, sobre todo, porque la inversión renquea.

En eso, la Comisión es dura. Denuncia que la inversión federal en educación e investigación “es todavía inferior a la media europea”, y que la inversión pública (2% del PIB en 2014, por un 3% en la eurozona) no sustituye a la privada. Alemania invierte menos que España en lo peor de la crisis.

Debe aumentar el empeño si quiere tirar de su carro (y del nuestro). Bruselas reitera así el diagnóstico de los nada bolcheviques Nouriel Roubini (Expansión, 2 de abril); Hans-Werner Sinn (Negocios, 22 de marzo); o nuestro José Carlos Díez (EL PAÍS, 4 de abril). La crítica arranca de lejos. Pero la situación inquieta menos porque la demanda interna germana está llamada a crecer por la vía del consumo. Las alzas salariales irán sucediéndose en 2015, rozarán el 3,5%. Tirarán del mismo.

Lo mejor de las cifras de ayer (para la eurozona y para esta España que tanto depende de sus dos grandes socios europeos) es el buen ritmo de Francia en el primer trimestre, dos décimas superior al previsto (0,6% del PIB) a años luz del anterior (en que se estancó).

¿Por qué? Porque Francia es un gran termómetro. Como que todavía no ha completado las reformas de Manuel Valls, el grueso de ese crecimiento debe imputarse a factores exógenos. La energía más barata y sobre todo la expansión cuantitativa del BCE que redunda en el abaratamiento del euro y de los tipos de interés y las facilidades crediticias: “las condiciones crediticias del BCE para los préstamos a las empresas se suavizaron en el primer trimestre y apoyaron la recuperación del crédito”, aunque aún no al nivel pre-crisis, constata Bruselas. Son causas universales para toda la zona euro.

Las cifras del primer trimestre guardan otro buen resorte: dan verosimilitud a las optimistas previsiones de la Comisión para todo el año (EL PAÍS, 6 de mayo), según las que la UE crecerá al 1,8%; la zona euro al 1,5%; y solo Chipre lucirá recesión.

Quizá haya que empezar ya a brindar por la nueva policy-mix: no solo austeridad presupuestaria, sino más bien neutralidad fiscal, incentivos a la inversión, política monetaria expansiva (husmeen el tono neokeynesiano de las recomendaciones emitidas ayer por Bruselas: empleo, inversión, crecimiento, protección social...) Una gozada. Aunque sea tardía, no lloremos sobre la leche derramada.

EL PAÍS de la mañana

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