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El FMI, inquieto con el crecimiento mediocre de América Latina

Recomienda adaptar la política fiscal a la pérdida de ingresos de las materias primas y que se eliminen los subsidios a la energía

Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional
Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional EFE

El Fondo Monetario Internacional espera que la caída del precio del petróleo sea neutral para América Latina. Es decir, ni sumará ni restará a un crecimiento ya mediocre. La cosa cambia cuando se analiza el impacto por país. Tampoco todos sacan tajada de la misma manera del repunte de EE UU. El viento sopla en contra de la región por un crecimiento mundial débil, la continua caída de los precios de las materias primas y por la contracción de la inversión.

Alejandro Werner, responsable para la región, admite que esta combinación genera “inquietud” dentro y fuera del continente. El FMI acaba de recortar en casi un punto porcentual la proyección de crecimiento para Latinoamérica, al 1,3%. Es un rendimiento que se califica de mediocre, similar al que se registró en 2014. La previsión es que repunte al 2,3% en 2016, pero en este caso también es medio punto inferior a lo que se anticipó hace solo seis meses.

“El desafiante contexto externo representa un lastre importante para muchos países”, recalca Werner, que hace referencia en este punto a como la debilidad económica en la zona euro, China y Japón está afectando a la actividad mundial. La caída del precio del petróleo y de las materias primas, continúa, se explica en buena media por el debilitamiento inesperado de la demanda en varias de las principales economías del plantea, como la china.

A partir de ahí, procede a analizar la situación regional por bloques. Venezuela será la más afectada por el desplome del crudo. Un tercio de su economía depende de las exportaciones de petróleo. Por cada 10 dólares que se abarata el barril, su balanza comercial resta más de tres puntos al producto interior bruto. La proyección es que su economía se contraiga un 7% en 2015, más del doble que lo que se estima para el pasado ejercicio.

“La pérdida de ingresos de exportación agudiza los problemas fiscales y la recesión económica”, explicar Werner. El temor del FMI es que tenga un efecto contagio en los países que se beneficiaron hasta ahora del petróleo subvencionado por Venezuela en el marco del acuerdo Petrocaribe. Aún así, esperan que el abaratamiento general de la energía debería ser más que suficiente para compensar el apoyo que les da este programa.

El otro punto negro está en Argentina, aunque en su caso se debe más a los importantes desequilibrios macroeconómicos internos. El país sudamericano se contraerá un 1,3% en 2015, el triple que el año pasado, que fue más fuerte de lo previsto. La moderación de las presiones en el tipo de cambio no será suficiente.

La caída del petróleo también afecta a Colombia, aunque en menor grado. Como en el caso venezolano, “los balances fiscales sufrirán por la caída de los ingresos del petróleo”. Pero, añade, “las posiciones iniciales son lo suficientemente sólidas como para hacer frente al impacto”. La proyección es que crezca un 3,8%, un punto menos que en 2014. Lo mismo pasa con Ecuador y Bolivia, aunque para ellos no hace nuevas proyecciones.

Impacto modesto en México

México podría entrar en este grupo como país exportador neto de petróleo, pero en su caso es un sector con un peso “relativamente modesto” en su economía. El FMI proyecta un crecimiento del 3,2%, desde un 2,1% en 2014. Es un pronóstico que Werner califica de “sólido”, aunque es inferior al previsto. La debilidad de la demanda interna, explica, “neutraliza” los efectos positivos del crecimiento más robusto en EE UU.

En términos generales, el resto de la región debería beneficiarse de la caída de precios del petróleo, especialmente en América Central, donde el repunte estadounidense ayuda a mejorar las perspectivas. La cosa podría cambiar si la situación actual se mantiene más de lo esperado, porque podría limitar el potencial de recursos sin explotar en Argentina, México y Brasil.

Mirando hacia el sur del continente, el FMI se fija en el estancamiento de los flujos comerciales pero, sobre todo, en los movimientos de la inversión privada. Brasil es el caso más relevante. Si antes se atribuía a las dudas que generaban las elecciones, ahora el argumento es que su economía se mantiene anémica. La proyección es de un crecimiento de solo tres décimas este año, tras una décima el pasado.

El FMI confía en que las promesas para contener el déficit fiscal y reducir la inflación sirvan para apuntalar la confianza. Es lo que pasa en Chile y Perú. La economía chilena pasará de crecer un 1,7% en 2014 a un 2,8% en 2015, el doble que la media regional. La peruana será aún más fuerte, al expandirse un 4% desde un 2,5%. Pero también hay una revisión a la baja respecto a lo que se dijo en octubre, por la debilidad de las exportaciones y de la inversión.

Werner concluye su análisis insistiendo en que “no es demasiado tarde para hacer una lista de buenos propósitos con el objetivo de abordar las debilidades internas y mejorar las perspectivas de crecimiento”. El FMI recomienda que se adapte la política fiscal para hacer frente a la pérdida de ingresos por la vía de las materias primas y pide que se eliminen los “costosos” subsidios a la energía. Eso a la vez que se adoptan reformas para elevar la productividad.