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El rescate español divide al Eurogrupo

Los ministros de Finanzas difieren sobre la forma de usar el fondo de ayuda

Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, conversa con Luis de Guindos
Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, conversa con Luis de Guindos EFE

El teatrillo europeo exige que España aparezca como el primer punto de la agenda en cualquier reunión de ministros de la eurozona desde hace meses. Aunque en principio, y en teoría, solo sea para discutir las reformas en marcha, las pruebas de esfuerzo a la banca, los presupuestos del año próximo, esas cosas. Lejos del escaparate oficial, lo que de veras se cuece es otra cosa, que anoche se visualizó más que nunca: las diferencias sobre el segundo rescate a España —del que prácticamente nadie dice una sola palabra sincera en público, y que marcará la respuesta a la crisis española y continental de los próximos años— sobrevolaron ayer la cita en Luxemburgo.

España, seguida de Italia, es el problema más acuciante del euro y fue el principal foco de tensión, según las fuentes consultadas. Aunque hubo más. La crisis deja cicatrices en todo el continente: los ministros de Economía del euro debatieron también los sempiternos problemas de Grecia, la necesidad de dar algo más de margen a Portugal, los posibles rescates de Chipre y Eslovenia. Y aprobaron el fondo permanente de rescate, el bazuca que, junto con la compra de bonos del BCE, debería servir para acabar con la crisis de deuda si hubiera consenso sobre la forma de dispararlo y sobre la munición necesaria para eliminar las dudas de los mercados.

Guindos: “Tenemos que eliminar todas las dudas sobre el futuro del euro”

El alemán Wolfgang Schäuble insistió una vez más en que España “no necesita un rescate”. En medio de esa partida de póquer que parece a día de hoy la segunda solicitud de ayuda, el español Luis de Guindos consiguió eludir incluso esa palabra tabú. No se habló, al menos en público, de los plazos de la solicitud —unas semanas, según fuentes consultadas— ni sobre las diferencias que persisten en la negociación sobre las condiciones, sobre las garantías que pide Rajoy para dar ese paso. Pero el Gobierno dejó un aviso a navegantes: “España va a cumplir su parte. Pero tenemos que avanzar en la eliminación de todas las dudas que persisten sobre el futuro del euro. La propuesta del BCE es fundamental. Pero también lo debe ser avanzar sobre la unión bancaria y la unión fiscal”, dijo el titular de Economía.

Guindos aludía al compromiso de España con la consolidación fiscal y la reducción del déficit público: la batería de recortes y reformas que, sin embargo, no ha conseguido ni por un momento relajar la tensión en los mercados. Solo el BCE lo ha conseguido relativamente: su presidente, Mario Draghi, aseguró en julio que hará lo que sea necesario para evitar una fractura del euro y la prima de riesgo se relajó. Draghi ha dado en sus últimas citas con la prensa los detalles de esa intervención, que convierte al BCE en una especie de prestamista de última instancia para los Estados: para activar ese botón nuclear, España debe solicitar el tan traído y llevado segundo rescate y asumir las condiciones asociadas.

Así, el mecanismo de ayuda europeo actuaría en el mercado de emisiones, y el BCE en el mercado secundario. Pero Guindos, en una medida declaración, insinúa que no todo el mundo arrima el hombro por igual: Alemania y sus aliados han puesto en duda el calendario aprobado en junio (por los jefes de Estado y de Gobierno, nada menos) sobre la unión bancaria, que debía permitir al mecanismo de rescate recapitalizar directamente la banca y romper así el círculo vicioso entre problemas bancarios y deuda pública, tan evidente como preocupante en España. De esa manera, el bazuka está incompleto.

Schäuble reiteró en el Eurogrupo la postura de Alemania al respecto: “La recapitalización bancaria [por parte del mecanismo de rescate] solo será posible una vez que la supervisión bancaria única se ponga en marcha de forma efectiva. Eso es más difícil de hacer que de acordar”. Lo pactado era que esa supervisión única, por parte del BCE, estuviera lista para principios de 2013, al menos para los bancos recapitalizados con dinero público (es decir, las españolas). Alemania, Holanda y Finlandia afirman que esos plazos son imposibles de cumplir. Y alegan, en contra del espíritu del acuerdo de junio, que el mecanismo no se hará responsable de los activos tóxicos heredados (es decir, de la basura acumulada en bancos malos como el español).

Irlanda, con problemas parecidos o incluso más agudos que los de España, criticó también la posición de Berlín y sus aliados. Incluso Austria censuró la polémica surgida hace unos días en un comunicado conjunto de Helsinki, Berlín y Ámsterdam: “No deberíamos generar un nuevo problema a diario”, apuntó la ministra de Finanzas austriaca, Maria Fekter.

Alemania y sus aliados entorpecen la recapitalización bancaria

Esa y otras polémicas se fueron decantando en Luxemburgo a favor de las tesis de Schäuble. Sobre la recapitalización directa de bancos, el flamante director general del mecanismo de rescate europeo, Klaus Regling —alemán, por cierto—, afirmó que el fondo “no trabaja en eso todavía”. En otras palabras: cuando llegue, si llega, esa medicina no servirá para los dos países que más la necesitan, España e Irlanda. En casi todo se imponen las tesis alemanas: fuentes chipriotas explicaron que el rescate de Nicosia, como las medidas sobre Grecia y otros países con dificultades, podría llegar en noviembre y como un paquete conjunto, tal y como Berlín viene reclamando desde hace días, para evitar el desgaste en esa interminable carrera hacia las elecciones legislativas para las que todavía queda un año por delante. De retruque, ese calendario favorece, en parte, las aspiraciones del Gobierno español, pendiente de las elecciones en Galicia y País Vasco. Eso sí, siempre que el mercado no se alborote antes.