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Ruiz Zafón ata los hilos de su tetralogía

"Me gusta explorar las elecciones morales que hace la gente y que son las que nos hacen ser como somos; la vida es una partida de cartas: cierto que la mitad de la mano nos la da la vida pero la otra mitad depende de cómo las jugamos; según cómo, nos transformamos en unas u otras personas". Así trazó ayer Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964) el leit motiv de su trayectoria literaria y su su filosofía de vida. Él, en 2001, jugó las suyas e hizo el libro que quería: La sombra del viento. Esa mano, exitosa, le ha marcado para siempre como un autor estrella del libro como industria de ocio, como se vio de nuevo ayer en Barcelona, donde presentó El prisionero del cielo (Planeta), tercera entrega de una futura tetralogía que arrancó hace una década y que prosiguió hace tres años con El juego del ángel.

Cinco millones de ejemplares vendidos en España (25 millones en el mundo) de las dos primeras entregas y un millón de tirada de la tercera lo condicionan todo, hasta la puesta en escena (espectacular, en una capilla gótica ante 300 personas, sobre todo, libreros de España y de América, en un escenario que simulaba una gran biblioteca-almacén en honor al cementerio de los libros olvidados que vertebra las novelas). Pero también el discurso, muy parecido al de 2008 salvo en el mensaje sobre la nueva entrega: ante las quejas que recibió la anterior tanto por la crítica como por una parte de sus lectores ("se vendió menos de lo previsto", admitían ayer en voz baja desde la editorial), El prisionero del cielo es "una novela menos oscura y ambigua; sabía que los lectores se enfadarían por liarles pero estaba previsto así", se defendía tácitamente. Tesis que remachó al decir que ahora "se dan las claves para interpretar ese libro, los hilos se atan y eso da una lectura más acelerada". "Te emocionarás como la primera vez", rezaba una faja promocional.

Ruiz Zafón ha potenciado el referente de La sombra del viento. El prisionero del cielo (en catalán, el 19 de enero) sería una secuela. En la Navidad de 1957, el lector se encontrará con el héreo de la primera parte, Daniel, ya padre y con la librería familiar en crisis. Pero el protagonismo recaerá en Fermín, el misterioso mendigo que ahora trabaja en la librería, a quien le dejan un extraño mensaje. El autor espera, "en un par de años" cerrar la tetralogía: "volveremos al cementerio de libros olvidados; el gran final se acerca", vendió, prisionero de su cielo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de noviembre de 2011