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Crítica:Premio Nacional de Artes Plásticas 2011

Elena Asins o la belleza del algoritmo

Puede que sea verdad el proverbio de que nadie es profeta en su tierra. Desde luego, lo es en el caso de Elena Asins (Madrid, 1940). De toda su generación ha sido una de las últimas en obtener el reconocimiento público que merece por su carrera temprana, coherente, constante, polifacética; por su trabajo serio, desligado de las modas, si bien tal vez por este mismo motivo siempre innovador, destilando una inusitada contemporaneidad, una elegancia rara, de esas que pocas veces sobreviven incólumes al paso del tiempo.

Ahora -seguro que demasiados años después de lo que hubiera sido deseable- Elena Asins, a la que el Reina Sofía dedica una retrospectiva hasta el 31 de octubre, es profeta en su tierra y recibe, por fin, un galardón a su carrera, el Nacional de Artes Plásticas, que a estas alturas, imagino, no sorprende a nadie. A algunos no nos hacía falta este premio para valorar su trabajo desde hace tanto, más de 20 años, cuando en unas primeras investigaciones sobre poesía experimental en los años sesenta en España el nombre de Asins resplandecía entre los mejores de su generación.

De hecho, si hubiera que buscar un principio para el relato de esta artista refinada que ha trabajado en numerosos medios -desde el dibujo a la escultura, pasando por la poesía concreta o el vídeo-, sería preciso volver al Madrid aburrido y oprimido de finales de los sesenta, un momento en el cual en medio de la oscuridad resplandecía el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid. Un grupo de jóvenes investigadores y resistentes vanguardistas trataba de cambiar el mundo de través de algo que en ese momento era todavía un sueño: la computación. Allí, mejor que en ningún otro lugar, podían acercarse a la técnica y experimentar con novísimos materiales, soportes y un arte generativo. Las principales actividades se realizaron en los últimos años sesenta y primeros setenta y culminaron con una exposición del Goethe Institut. En el Centro de Cálculo era posible encontrar cierto asilo político para plantear cuestiones que la censura y la ignorancia no permitían en los lugares oficiales. Precisamente en 1969 se publicaba Ordenadores en el Arte. Generación automática de formas plásticas, en la que participaba Elena Asins y sus trabajos próximos a cierto geometrismo y hasta al concretismo. Desde ese momento en adelante, compaginando su vida retirada con estancias en prestigiosos centros de investigación como la Universidad de Columbia, Asins seguiría trabajando a partir de esas premisas, siendo una pionera en el arte por ordenador dentro y fuera de España, si se tiene en cuenta la fecha temprana en la cual empieza a trabajar con el medio.

Ahora, visto aquel experimento, recordada Asins en la profundidad de sus propuestas, queda patente la necesidad de volver a escribir una historia del arte español de la cual se han negado algunos de los momentos y los artistas más deslumbrantes, los que dejan claro que incluso en pequeños reductos, en medio de una situación a menudo semiclandestina, hubo entre nosotros intentos potentísimos de cambiar la realidad y adelantarse al tiempo. Con este premio se rescata también cierta parte negada de esa historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de octubre de 2011