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Editorial:

El miedo crece

Las Bolsas siguen en caída libre pese al BCE y al dramático mensaje de Obama a los mercados

La caída de las Bolsas mundiales parece no tener fin. Ni la intervención del BCE ni el dramático mensaje de Obama para intentar disipar las dudas sobre la economía estadounidense pudieron evitar otra jornada desastrosa. Los mercados de deuda y de renta variable respondieron ayer de forma dispar a los recientes acontecimientos económicos, es decir, la rebaja de la calificación de la deuda estadounidense por parte de Standard & Poor's y la compra de deuda de España e Italia por parte del Banco Central Europeo (BCE) para estabilizar los diferenciales de ambos países y evitar el riesgo de intervención. Las Bolsas mundiales, incluyendo el Ibex 35, sufrieron grandes caídas porque los inversores descuentan que los ajustes presupuestarios a uno y otro lado del Atlántico (en especial en EE UU) causarán una ralentización del crecimiento económico. La OCDE es de la misma opinión; sostiene que durante 2011 el crecimiento mundial será más lento. La contradicción entre ajuste y crecimiento, cada vez más importante para los inversores, cuestiona, al menos a corto plazo, las expectativas de recuperación mundial.

Los mercados de deuda, al contrario, reaccionaron bien al anuncio del BCE. La prima de riesgo española cayó de golpe en 100 puntos básicos (80 al cierre de la jornada) y mejoró la solvencia de la deuda. Algo tendría que ver además el anuncio de un nuevo recorte presupuestario en preparación que, por supuesto, reducirá un poco más la expectativa de crecimiento español en 2012. La deuda italiana sufrió igual suerte, aunque el BCE ha recordado que Italia tiene que aplicar planes de austeridad y un programa de privatizaciones.

Pero si era un clamor en Europa que el BCE tenía que actuar comprando deuda española e italiana para evitar la quiebra de la solvencia en ambos países, ¿por qué Trichet no lo anunció el jueves? La explicación es que el BCE está aplicando la táctica de la intervención menos costosa. El jueves pasado intentó transmitir a los mercados que el banco está dispuesto a intervenir; pero la comunicación fracasó porque amagó comprando deuda irlandesa y portuguesa (la opción más barata) y los inversores requerían conocer con exactitud la línea roja a partir de la cual entraría en liza el BCE. Desde el domingo por la noche ya conocen esa línea roja.

Ahora bien, la acción de Europa no puede quedarse en la intervención del BCE. Los inversores empezarán a preguntarse rápidamente si el banco se va a limitar a intervenir una sola vez o si lo hará de forma continuada para cortar la especulación. Más prudente sería acelerar la reforma anunciada del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), la que le permite intervenir en el mercado y actuar como un mecanismo de estabilidad de la eurozona. Es mala política que, con los riesgos que implica la permanente convulsión financiera, la reforma del Fondo empiece a discutirse en septiembre. El coste de la ausencia de una autoridad económica europea puede ser insoportable; y no solo para España o Italia, sino para toda Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de agosto de 2011