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Editorial:

También el dólar

La rebaja de la clasificación de la deuda de EE UU suma turbulencias a la economía mundial

Por primera vez en la historia, Estados Unidos ha visto rebajada la calificación de su deuda. Aunque las agencias Moody's y Fitch mantuvieron la triple A tras el acuerdo alcanzado por demócratas y republicanos sobre el techo de endeudamiento, Standard & Poor's ha optado por lo contrario, provocando una sacudida que afectará a la economía mundial y también a la política interna e internacional de EE UU. La Administración norteamericana ha criticado a la agencia sobre la base de que, pese a haber reconocido errores en los datos que justificaron su decisión, ha seguido manteniendo la rebaja. La razón es que Standard & Poor's ve un problema en lo que, por su parte, Moody's y Fitch creyeron advertir un tímido paliativo: el acuerdo sobre el techo de deuda.

Obama sufre un revés político interno al convertirse en el primer presidente durante cuyo mandato se produce una rebaja en la calificación de la deuda norteamericana. Pero tampoco los republicanos salen bien parados, porque la agencia pone en cuestión, sobre todo, la capacidad de la clase política en su conjunto para adoptar las decisiones que necesita el país y, por extensión, el resto del mundo. Este es otro de los aspectos que ha recibido severas críticas por parte del Gobierno norteamericano: la agencia se ha deslizado hacia un juicio político cuando su deber era atenerse a las cifras. Tanto demócratas como republicanos encontrarán argumentos para enconar un debate que el acuerdo de los últimos días solo resolvió de manera precaria.

Las relaciones de Estados Unidos con China entran en un periodo de turbulencias. Tras conocer la rebaja de la calificación, Pekín se ha apresurado a pedir al Gobierno de Washington unas garantías que difícilmente puede darle. Existe el riesgo de que el fondo soberano chino reduzca sus adquisiciones de deuda en dólares, agravando los problemas de financiación que padece la economía mundial y repercutiendo en el crecimiento y la creación de empleo. La magnitud de las consecuencias que puede acarrear la decisión de Standard & Poor's vuelve a poner sobre la mesa el papel de las agencias de calificación. Antes de la crisis, contribuyeron decisivamente a agravar sus causas; después, están dificultando la salida. Cabe volver a preguntarse si es conveniente que entidades privadas con esta trayectoria concentren tanta capacidad de influencia sobre la marcha de la economía mundial.

Hasta que no abran mañana los mercados bursátiles no se conocerá la extensión del seísmo provocado por la rebaja en la calificación de la deuda norteamericana. Pero todo hace presagiar un lunes negro en el que se pueden recrudecer los ataques contra el euro. La reacción europea no ha sido rápida ni concertada, y confirma las deficiencias institucionales detrás de la moneda común. Es de esperar que los líderes de la UE demuestren ahora mayor diligencia y decisión que durante las jornadas en las que Italia y España han estado en el punto de mira. El problema es que cada día que pasa, el margen de maniobra se reduce.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de agosto de 2011