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Reportaje:

El espíritu 'Malaspina'

La expedición regresa con un tesoro: 6.000 gigabytes de datos y 120.000 muestras, la primera colección global de genómica y biodiversidad de plancton

El 14 de julio atracó en Cartagena el buque Hespérides, completando así la Expedición Malaspina 2010, la primera de circunnavegación española con fines científicos, un proyecto gestionado por el CSIC y financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, con la participación de 400 investigadores de casi 50 instituciones españolas e internacionales, el IEO, la Armada Española y la Fundación BBVA. España, pionera en la circunnavegación de los océanos, se une al grupo de países, que incluyen a Reino Unido, Francia, EE UU, Dinamarca y Japón que, desde hace tres siglos, se han hecho a la mar para explorar el planeta.

Al desembarcar dejamos atrás cinco años de planificación, 42.000 millas navegadas, más de 2.200 kilómetros de cable oceanográfico largado con equipos para investigar las profundidades del océano, y el esfuerzo de más de 700 personas: investigadores, técnicos y tripulación de los buques a bordo y planificación y apoyo logístico y administrativo desde tierra. Particularmente importante ha sido la perfecta coordinación entre la comunidad científica y la Armada Española, y la mía personal con el capitán de fragata Juan Antonio Aguilar Cavanillas, comandante del Hespérides, que se podría calificar de simbiosis entre investigadores y militares.

Han sido 10 meses de perfecta simbiosis entre investigadores y militares

Se dejan atrás cinco años de planificación, 42.000 millas navegadas

En palabras del escritor Javier Reverte, embarcado en el Hespérides en la última etapa de la expedición, "resulta en cierto modo fascinante y, en buena medida algo de lo que sentirse orgulloso, que ambos universos (el científico y el militar) no sean antitéticos en las cubiertas del Hespérides, sino que, todo lo contrario, se integren el uno al otro perfecta e, incluso, cálidamente". El "espíritu Malaspina", la voluntad de cooperación en aras de un objetivo general, se ha hecho notar durante los 10 meses de navegación (siete en el buque Hespérides, de la Armada Española, y tres en el Sarmiento de Gamboa, del CSIC).

Alejandro Malaspina desembarcó en 1794 portando ocho millones de pesos en las bodegas de las corbetas Atrevida y Descubierta, cantidad equivalente a un 20% del capital de la Corona española. La Expedición Malaspina 2010 también regresa con un tesoro, pero este reside, de momento, en los 6.000 gigabytes de datos acumulados y 120.000 muestras recolectadas, que incluyen la primera colección global de genómica y biodiversidad de plancton del océano y el primer inventario global de organismos transportados por la atmósfera. Particularmente valiosa es la colección de genoma de plancton del océano profundo que viajó en el parque de ultracongeladores (a -80 grados) del Hespérides. Esperamos descubrir con ella una importante cantidad de nuevos genes que nos ayuden a comprender la biodiversidad del océano y a desarrollar aplicaciones biotecnológicas para resolver grandes desafíos en ámbitos tan dispares como energía, alimentación y biomedicina. El análisis de las muestras nos ocupará durante muchos años.

Sin embargo, hay algunos resultados ya significativos, como son, entre otros, las evidencias de la disminución de la concentración de oxígeno en el océano tropical; el descubrimiento de microalgas fotosintéticas viables a 4.000 metros de profundidad en el océano y de las aguas más transparentes del océano; la constatación de que los primeros 10 centímetros del océano, la piel del océano, contienen una enorme biodiversidad fundamental para el equilibrio de todo el ecosistema; el hallazgo en esta misma capa de una zona con una abundancia inusual de plásticos en el Atlántico Sur similar a la ya conocida en el Pacífico Norte; el descubrimiento de que el océano profundo Ecuatorial es un punto de intensa actividad biológica; y de que el Índico presenta una mayor capacidad para actuar como sumidero de CO

2 que el resto de los océanos. Menos tangible, pero importante, es que hemos conseguido articular una masa crítica capaz de ejercer liderazgo en ciencias marinas.

Será necesario trabajar duro y volcar toda nuestra capacidad, entusiasmo y genio científico para materializar el pleno potencial de los datos y muestras acumulados. Larry Maiden, vicepresidente y director de Investigación de la Woods Hole Oceanographic Institution, la institución de referencia en oceanografía en el mundo, tiene razón cuando afirmó la semana pasada desde las páginas de la prestigiosa revista Nature que las muestras y resultados de la Expedición Malaspina 2010 "podrán mantener ocupados a los investigadores muchos años".

Como coordinador de la expedición mi mayor desafío es que mantengamos la determinación y empuje necesarios para hacer frente a los años de ardua labor que nos aguardan, con la autocomplacencia de balances triunfales sobre lo ya conseguido como nuestro mayor enemigo. Las grandes cifras de la Expedición Malaspina 2010 pronto se desvanecerán en la memoria y en unos años la expedición será juzgada sobre la base de los hallazgos científicos refrendados por su publicación en las revistas científicas de mayor prestigio.

En mi arenga a los investigadores que me acompañaban al zarpar de Cádiz a bordo del Hespérides hace siete meses les dije que la sociedad ha puesto a nuestra disposición recursos excepcionales en tiempos difíciles y que no nos podíamos contentar con menos que resultados igualmente excepcionales. A punto de desembarcar miro a los ojos de mis compañeros y veo la determinación de poner su empeño y reputación en entregar los resultados excepcionales que nuestra sociedad merece. Pretendemos, nada menos, que demostrar el valor de la cooperación como la vía para conseguir grandes logros en tiempos difíciles y desterrar así al perro del hortelano para siempre de nuestro país y nuestro recuerdo.

Carlos M. Duarte Quesada es profesor de Investigación del CSIC y coordinador de la Expedición Malaspina 2010

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de julio de 2011