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Editorial:

Errores en Libia

La OTAN debe depurar responsabilidades para no avalar lo que se ha reprochado al enemigo

La Alianza Atlántica reconoce haber cometido dos trágicos errores en Libia, uno contra una columna de insurgentes el pasado jueves en Brega y otro en la noche del domingo durante un bombardeo sobre la capital, Trípoli. No es la primera vez que fuerzas de la coalición atacan por equivocación a milicianos opuestos al régimen de Gadafi, lo que da idea de las dificultades de identificar con claridad lo que está sucediendo sobre el terreno. La guerra cumple tres meses y la ecuación militar en la que está la Alianza continúa en la raíz de la parálisis: la suma de los esfuerzos de los insurgentes y los de la coalición internacional no logran imponerse a los leales a Gadafi.

Los episodios de fuego amigo suelen ser recurrentes en ejércitos en guerra. Solo que, en esta ocasión, el error entre combatientes puede acarrear secuencias políticas para la Alianza. Por más que su actuación favorezca los objetivos militares de los insurgentes, no deja de ser un Ejército extranjero en una guerra civil. La situación de tablas en el campo de batalla y errores como el de Brega pueden acarrear un cambio en la opinión libia y de otros países del entorno que dieron su apoyo a la intervención.

Con mucho mayor motivo podría hacerlo una matanza como la de Trípoli, donde las víctimas no fueron combatientes sino civiles. La intervención de la Alianza pierde toda su razón de ser si, en lugar de proteger a la población, como ordenó Naciones Unidas, se convierte en un riesgo adicional para ella. El mando de la coalición se ha disculpado por el error, un gesto necesario pero en ningún caso suficiente si se rechaza el concepto de "víctima colateral". La investigación del bombardeo de Trípoli debería ser exhaustiva y, dependiendo de sus conclusiones, resultaría imprescindible depurar responsabilidades. No hacerlo sería tanto como avalar, siquiera parcialmente, acciones que con toda justicia se han reprochado al enemigo.

La Alianza asegura que el final de Gadafi está próximo. Puede que así sea, pero, hasta el momento, no existen indicios concluyentes de que los rebeldes estén avanzando ni de que el régimen del coronel se encuentre en un estado terminal. El Consejo de Seguridad debería hacer balance de los tres meses de intervención, dotando a la coalición de nuevos instrumentos contra Gadafi si los actuales resultaran insuficientes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de junio de 2011