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Catástrofe en el Pacífico

La ONU confirma la emergencia nuclear

El Organismo de la Energía Atómica constata daños en el núcleo de tres reactores - Las fugas radiactivas dificultan la refrigeración de la central de Fukushima

La central nuclear de Fukushima se desintegra. El director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el japonés Yukiya Amano, dijo anoche lo que su Gobierno callaba: el núcleo de tres de los seis reactores de la central siniestrada por el terremoto del pasado viernes están dañados, lo que facilita una fuga masiva radiactiva. El emperador Akihito, en un hecho sin precedentes, dirigió un mensaje televisado a la nación en el que pidió solidaridad y unidad ante los difíciles tiempos que aguardan a Japón.

Amano, que ha criticado al Ejecutivo de Naoto Kan por no suministrar una información clara y completa de los daños causados en la central por el seísmo de magnitud 9 en la escala Richter y el tsunami con olas de hasta 10 metros, anunció que viajaría hoy a Tokio para contrastar los datos y ofrecer toda la ayuda del OIEA para hacer frente a la gigantesca crisis que comienza a desatarse. "La situación es muy grave", afirmó Amano. "Hemos confirmado el daño en el núcleo de tres reactores", dijo a France Presse.

Los japoneses dan signos de inquietud ante la desastrosa política informativa

EE UU prohíbe a su personal acercarse a la central a menos de 80 kilómetros

"Espero, sinceramente, que uniendo esfuerzos podamos impedir que la situación empeore", declaró el emperador, de 77 años, después de tratar de preparar a su pueblo para más desgracias de las vistas estos aciagos días.

Estados Unidos, que, a petición de Japón, ha enviado trajes antirradiación y un equipo de especialistas, ha prohibido a todo su personal acercarse sin una autorización especial a menos de 80 kilómetros de la planta atómica. [En Washington, el director de la agencia nuclear de EE UU, Gregory Jaczko, declaró en el Congreso, que existen "extremadamente altos niveles de radiación" alrededor del reactor número cuatro, lo que complica el trabajo de los operarios que trabajan allí. "Las dosis que podrían recibir pueden ser potencialmente letales en un breve periodo de tiempo", precisó Jaczko].

La de ayer fue una jornada sin respiro, en la que la situación de la central se fue complicando minuto a minuto antes de que amaneciera: primero, el incendio apagado el día anterior en el reactor número 4 se reactivó mientras la atención estaba centrada en el número 3, en el que ya se habían detectado fallos en la contención que lo recubre, según reconoció en una conferencia de prensa el ministro portavoz Yukio Edano.

Sin embargo, fue el escape radiactivo del reactor 2 el que obligó a la compañía propietaria de la central, Tepco, a desalojar a los 50 operarios que se habían quedado en el infierno para tratar de impedir que se desencadenara la peor catástrofe del planeta.

Después de que fracasaran los intentos de lanzar agua con ácido bórico desde un helicóptero que trató inútilmente de acercarse al humeante reactor, la radiactividad se redujo a media mañana y los héroes pudieron volver al tajo. Esta vez, no fueron 50 sino 180 los que han aceptado arriesgar su vida para tratar de salvar muchas más. [Finalmente, hoy de madrugada (9.48 de la mañana en Japón), dos helicópteros lograron lanzar agua sobre el reactor 3, el que más daños había sufrido, como se vio en directo en la cadena japonesa NHK. El objetivo era continuar la operación con un camión cisterna y rociar el reactor 4, informa Efe].

Pero tras la angustia por la enorme cantidad de muertos y heridos -el Gobierno reconoció que hay más de 12.000 muertos y desaparecidos-, los japoneses comienzan a dar signos evidentes de inquietud ante la desastrosa política informativa del Gobierno. Ya no les vale el llamamiento a la calma del primer ministro. Las aglomeraciones en las estaciones de tren y autobuses de Niigata revelan que se ha iniciado un éxodo hacia el sur.

Niigata, capital de la provincia del mismo nombre vecina a Fukushima, es la principal ciudad del noroeste de Japón y la última a la que llega el shinkansen (el tren bala). Aquí vienen a embarcarse hacia el sur los que huyen del noreste, cuyas costas sufrieron el seísmo, el tsunami y en las que se encuentran las dos centrales de Fukushima y otras dos que también han tenido problemas, aunque menores.

Según el OIEA, todo apunta a que los núcleos de los reactores 1, 2 y 3 están dañados y pueden haberse fundido, al menos parcialmente, mientras que el problema del 3 y el 4 afecta a las piscinas en las que se encuentran las barras de combustible utilizado. En ambos casos se libera una enorme cantidad de radiactividad.

El Gobierno evacuó a los habitantes en un radio de 20 kilómetros pero a los que se residen entre los 20 y los 30 kilómetros, solo les ha pedido que mantengan ventanas y puertas de sus casas cerradas y que salgan a la calle lo menos posible. Yuhei Sato, gobernador de la provincia de Fukushima, criticó duramente al Gobierno por su política de evacuación.

Más de 500.000 personas han sido trasladadas a escuelas y edificios públicos, muchos de ellos sin agua, ni calefacción, ni luz, ni gas. La intensa nevada caída ayer en todo el norte agravó la situación tanto de los evacuados como de los cientos de equipos de rescate que rastrean el fango y los escombros en búsqueda de algún milagro y de los cuerpos de los miles de desaparecidos.

A los graves problemas que presentan ya cuatro reactores, se suma la subida de la temperatura de las piscinas de los reactores 5 y 6, que están siendo refrigerados con ácido bórico y agua de mar. Estos dos y el número 4, estaban desconectados para su revisión antes de que ocurriera el terremoto, pero pese a ello se han visto afectados por la rotura de los sistemas de refrigeración que provocó el tsunami. Nadie sabe dónde acabará la crisis de Fukushima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de marzo de 2011