Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Catástrofe en el Pacífico

Japón trata de poner en pie la economía

A pesar del bombeo de dinero del banco central la Bolsa cae un moderado 1,44%

Toyota, Sony, Toshiba y demás. Ningún país experimentó nunca una transformación económica tan asombrosa como la que vivió Japón desde los años cincuenta hasta mediados de la década de los setenta: una nación en gran medida agrícola se convirtió en un gran exportador de acero, tecnología y sobre todo de automóviles, uno de los termómetros de la economía japonesa a través de sus grandes marcas.

Las fábricas de las principales empresas se esforzaban ayer en recuperar la normalidad. Para otros muchos sectores -básicamente los industriales y los más relacionados con la energía-, el terremoto, el tsunami y el temor a un accidente nuclear apuntan hacia un largo invierno del descontento que dejará profundas cicatrices en la economía japonesa. Pero junto con los coches, algunas cosas vuelven a experimentar algo parecido a la normalidad, ante la sospecha de que tal vez -solo tal vez- la reacción de los últimos días es excesiva. La Bolsa japonesa ha bajado hoy un 1,44%, después de perder un 16% en dos jornadas (tanto como lo que cedió en los seis meses posteriores al terremoto de Kobe en 1995) y haber experimentado una subida del 5,6% la jornada anterior.

La falta de energía y transporte lastra la recuperación del sector industrial

La lluvia de liquidez que ha puesto en marcha el Banco de Japón empieza a surtir efecto. Tras dos nuevas inyecciones -el banco central ha bombeado ya más de 200.000 millones-, los mercados reaccionaron en Japón y en el resto de Asia. Pero el contagio sigue más al oeste: las Bolsas europeas bajaron en torno al 2%, y las americanas una cifra parecida. Los mercados han tenido una reacción de manual a la catástrofe japonesa: profunda caída en Bolsa seguida de un rebote técnico -el de ayer-, y en general un vuelo hacia la calidad, una huida del riesgo de los inversores, que se refugian en los activos más seguros: deuda pública de los grandes países, francos suizos, oro.

Los costes de la catástrofe son difíciles de medir en términos económicos. El mayor banco de inversión del mundo, Goldman Sachs, los cifró ayer en unos 142.000 millones de euros. Y sin embargo no modificó sus previsiones para este año: la entidad estima que no habrá impacto sobre el PIB siempre y cuando los cortes en el suministro de energía no se prolonguen más allá de finales de abril. Otras casas de análisis aseguran que habrá un recorte del PIB de entre medio punto y un punto. Y sin embargo ese impacto limitado no esconde efectos muy diferentes en sectores clave de la economía nipona. Los más importantes son los siguientes.

- Industria. La región más afectada concentra en torno al 7% de la economía japonesa, similar al del País Vasco en España. Sin embargo, los problemas con el suministro de energía, la destrucción de vías de comunicación y los problemas en puertos y aeropuertos han provocado serias dificultades las compañías automovilísticas y de electrónica de todo el país, con severas caídas en Bolsa y paradas en las fábricas cuyos efectos se dejarán sentir en todo el mundo. Las consecuencias más directas sobre la economía occidental proceden del sector energético. Los precios del gas han subido, los del petróleo bajan, algo extraño cuando se producen catástrofes naturales, ante el eventual impacto sobre el PIB mundial que podría suponer una paralización de la producción en algunos sectores en los que Japón juega un papel clave.

- Alimentos. Los precios de las materias primas alimentarias, en máximos históricos el pasado febrero, han caído ante las enormes importaciones que concentra Japón en maíz, soja o trigo y que pueden haberse paralizado por los problemas en los puertos.

- Lujo. Hermes, Burberry o LVMH se han llevado en los últimos días un fuerte batacazo en Bolsa: Japón es uno de los grandes mercados para la industria del lujo. Las ventas del lujo -y en general todo lo relacionado con el consumo de bienes de todo tipo- dependen de la confianza. Y la confianza no volverá hasta que los efectos de la crisis nuclear sean menos difusos.

- Infraestructuras. Los costes de la catástrofe se concentran en los daños causados en edificios, puertos, carreteras, fábricas e infraestructuras energéticas. A su vez, ese sector se llevará la parte del león de las inversiones cuando arranque la reconstrucción.