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Ola de cambio en el mundo árabe | Tensión en el golfo pérsico

El rey saudí crea más empleo público contra el malestar, pero elude los cambios políticos

El rey Abdalá de Arabia Saudí ordenó ayer que se hagan fijos todos los contratos temporales de saudíes que trabajen para el Estado, unos 90.000 según economistas independientes. Se trata de la última de una serie de medidas económicas con las que el monarca intenta vacunar a su país frente a las protestas que agitan el mundo árabe. Sin embargo, en el mayor exportador de petróleo del mundo no se prevé ninguna concesión política.

Y eso es lo que reclaman diversos grupos de oposición y figuras del mundo académico. En la última de esas peticiones, un centenar de intelectuales saudíes hizo ayer un llamamiento a la instauración de una monarquía constitucional, la separación de poderes y la adopción de una Carta Magna. En Arabia Saudí, cuyas autoridades declaran que su Constitución es el Corán, están prohibidos los partidos políticos, no hay un Parlamento elegido y las semielecciones locales que se celebraron en 2005 no han vuelto a repetirse.

"No es suficiente con atender las necesidades económicas", declara Yusef Makki, escritor saudí y uno de los firmantes de la Declaración Nacional para la Reforma. "Existen derechos universales. La gente tiene que poder decidir su futuro. No es solo una cuestión de facilitarle servicios", explica por teléfono desde Dammam.

Los intelectuales señalan que las revueltas de Túnez y Egipto han llevado a una situación en el mundo árabe "que hace necesarias reformas radicales antes de que las condiciones empeoren y se haga frente a sucesos impredecibles". Entre sus propuestas, incluyen la elección por sufragio universal del Consejo Legislativo y el derecho de voto y elegibilidad para las mujeres, en la actualidad reducidas por ley a una minoría de edad permanente.

Aunque el reino se ha librado hasta ahora de las protestas contra la pobreza, la corrupción y la opresión que ya han alcanzado a sus vecinos Bahréin, Yemen y Omán, los saudíes han seguido pegados a los televisores el derrocamiento de los presidentes de Túnez, Egipto y ahora Libia. Miles de personas han respaldado también una convocatoria en Facebook para celebrar el próximo 11 de marzo un Día de la Ira.

Consciente de ello, el pasado miércoles, a su regreso al país después de tres meses de tratamiento médico en el extranjero, Abdalá anunció un paquete de medidas sociales de entre 20.000 y 30.000 millones de euros. Su objetivo primordial es ayudar a la creación de empleo, apoyar a los parados y facilitar el acceso a la vivienda a los jóvenes.

"El rey está tratando de satisfacer a la gente", afirma Makki, quien admite que "ha hecho muchas cosas en los últimos 10 años". No obstante, señala que la sociedad también ha ampliado sus aspiraciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2011