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61ª edición de la Berlinale

Incontestable Oso de Oro

Podría pensarse que en la decisión del jurado que preside Isabella Rossellini de otorgar el máximo premio a una película iraní ha influido la necesidad de reconocer y apoyar internacionalmente a una cinematografía que tiene frecuentes y graves problemas con el régimen autoritario que gobierna el país, hasta el extremo no ya de impedirte que dirijas cine, considerado subversivo por la censura, sino que te condenen a la cárcel por haberlo hecho. Ha sido el trágico caso del director Jafar Panahi, al que le han caído seis años de cárcel y veinte de inhabilitación por haber rodado imágenes de una manifestación antigubernamental con el propósito de incluirlas en la película que estaba haciendo. Y su caso no es aislado. En tan salvajes condiciones represivas hacer un cine crítico e indócil hacia las directrices del poder se convierte en algo tan peligroso como heroico. Pero independientemente de la solidaridad del jurado con los perseguidos, otorgarle el Oso de Oro a Nader y Simin, una separación es un acto de justicia y de sensatez.

Premiar a 'Nader y Simin...' es un acto de justicia y de sensatez

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El director Asghar Farhadi hace un penetrante retrato del generalizado malestar, el miedo, la complicada supervivencia, el sálvese quien pueda, a través de una historia aparentemente leve que se complica hasta niveles desquiciantes. La de un hombre casado y en proceso de separación que contrata provisionalmente a una asistenta para que le ayude a cuidar de su padre, enfermo de alzhéimer. Al descubrir que esta ha abandonado un día la casa dejando atado al enfermo y reaccionar con consecuente indignación ante la presunta mezquindad de la sirvienta, es acusado por ella y por su desempleado marido de haberle provocado un aborto. El desarrollo de esta pesadilla en la que todos pretenden chantajear al otro, con personajes que tienen anverso y reverso, luces y sombras, razón y sinrazón, está admirablemente contado.

Es una película poderosamente turbia, nunca previsible, que transmite una dolorosa sensación de realidad, que te turba al verla y al recordarla. Que le hayan concedido los premios de interpretación conjuntamente a sus actrices y actores tal vez sea excesivo, aunque todos ellos resulten verosímiles y naturales. Pero está claro que los jurados de los festivales prefieren galardonar a intérpretes desconocidos de cinematografías con mínima presencia internacional que el recital que pueden ofrecer actores consagrados. Se supone que los primeros necesitan mucho más el reconocimiento público que los segundos, pero es injusto. Es lamentable que hayan desdeñado el espléndido trabajo de Kevin Spacey y Jeremy Irons en la excelente Margin call, también ignorada en el palmarés.

No hay duda de que el húngaro Béla Tarr es un director absolutamente original, pero también insoportable para el que considere el cine como un espectáculo distinto a ver crecer la hierba. Solo a él se le puede ocurrir en El caballo turinés fijar la cámara durante dos hora y media en las actividades cotidianas de un campesino y su hija. O sea, asistir alucinados a sus comidas, su descanso, vestirse y desvestirse, acostarse y despertarse, su casi permanente silencio, su observación del paisaje, sus cuidados a un caballo, etc. Todo ello en planos fijos, filmado por una cámara con vocación estética y ambientado con el sonido del viento y una música obsesiva. ¿Dónde radica el encanto o el misterio? ¿Qué pretende contar? Lo ignoro. El aburrimiento siempre ha gozado de prestigio académico.

El guion de la película albanesa The forgivenes of blood, dirigida por Joshua Marston, resulta mucho más aterrador cuando te ofrecen datos de que no se está inventando nada, que esos códigos de venganza entre familias se siguen practicando ritualmente. Lo mejor de la película argentina El premio (para mí lo único destacable) es la espontánea y conmovedora niña que la protagoniza, pero aquí han preferido galardonar su fotografía y eso tan abstracto de la contribución artística.

Ha sido una Berlinale aceptable, aunque las previsiones iniciales consultando el catálogo daban temblores. Hemos visto algunas películas atractivas de directores noveles y cinematografías exóticas. También dos esplendidos documentales de Wim Wenders y Werner Herzog. En mi caso, creo que es la primera vez que me entusiasma una película iraní. Nunca es tarde para sorprenderte.

El palmarés

- Oso de Oro: Nader y Simin, una separación del iraní Asghar Farhadi.

- Oso de Plata, premio especial del jurado: A Torinoi Lo (El caballo turinés), de Béla Tarr (Hungría).

- Mejor dirección: Ulrich Köhler por Schlafkrankheit (La enfermedad del sueño) (Alemania).

- Oso de Plata a la mejor interpretación masculina: conjunto de actores de Nader and Simin, una separación.

- Oso de Plata a la mejor interpretación femenina: conjunto de actrices de Nader y Simin, una separación.

- Mejor guion: Joshua Marston y Andamion Murataj por The Forgiveness of Blood. (Albania)

- Mejor opera prima: Sobre el hielo de Andrew Okpeaha MacLean (EE UU).

- Premio de la Federación Internacional de la Crítica (Fipresci). A Torinoi Lo, de Béla Tarr.

- Premio del público de la sección Panorama: También la lluvia, de Iciar Bollain (España).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de febrero de 2011

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