Reportaje:

Una galaxia llamada Ortega y Gasset

Las 'Obras completas' del filósofo se cierran con el volumen que recoge sus textos póstumos - Europa es una de las grandes preocupaciones del final de su vida

El índice como una de las bellas artes. Desde apriorismo hasta Zúrich pasando por circunstancia, confort, España, liberalismo, república o yo, el índice de conceptos, onomástico y toponímico de las Obras completas de José Ortega y Gasset (1883-1955) ocupa 550 páginas, en papel biblia, en la edición que acaba de culminar la editorial Taurus. Solo ese dato da una idea cabal de la galaxia de temas abordados por el filósofo español desde que en agosto de 1902, con 19 años, publicó en el Faro de Vigo una glosa dedicada a Valle-Inclán. Aquel día arrancó públicamente un pensamiento que, incluso en títulos tan emblemáticos como La rebelión de las masas, alimentó las páginas de los periódicos antes de tomar forma de libro.

Son 10.000 páginas, de las que 3.000 eran inéditas al morir el autor
Dejó sin terminar 'El hombre y la gente', una obra de sociología
"Volvió a España en 1945 creyendo que algo iba a cambiar", dice su nieto
Fernando Savater: "Es un semillero de ideas. Está entre lo mejor del siglo XX"

El propio Ortega habló en los años treinta del siglo pasado de la emergencia de libros-máquinas que, merced a "la técnica refinada de sus índices", liberaban a la memoria de "esfuerzos innecesarios". Y algo de eso hay en la entrega final de sus Obras completas, un volumen que, junto al índice elaborado por Domingo Hernández Sánchez, incluye los textos que el pensador escribió entre 1949 y 1955 y que se publicaron después de su muerte.

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Con el último tomo, el décimo, se cierra un proyecto que echó a andar en 2000 y que, después de remover 70.000 páginas, ha reunido más de 10.000. Entre ellas hay más de cien textos inéditos y centenar y medio de nuevas incorporaciones a unas Obras completas de Ortega, de las que anteriormente se habían publicado ya seis ediciones, una incluso en vida del propio pensador. Pese a gozar de una fortuna editorial que no ha disfrutado ni el mismo Cervantes, a la muerte del filósofo quedaban más de 3.000 páginas inéditas. De ahí la magnitud de la labor llevada a cabo por el equipo de investigación de la Fundación Ortega-Marañón.

"Esta no es una edición española sino en español. Gran parte de los inéditos se han encontrado en América", dice Jesús Sánchez Lambás, director general de la fundación, que añade: "La obra no se detiene". Ahí están, por un lado, las fichas de trabajo para un libro sobre los toros, recuperadas recientemente, y por otro, la futura edición digital de las Obras completas y la traducción al inglés de una selección de estas.

Si los nueve primeros tomos concentraron trabajos que incluían el primer artículo de Ortega -la citada glosa valleinclanesca-, su tesis doctoral -Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda- o su defensa de Unamuno cuando fue destituido como rector de Salamanca en 1914, el décimo reúne textos escritos por el filósofo en los finales de su vida.

Entre ellos destacan las partes que desechó de El hombre y la gente, el ensayo en el que trabajó hasta su muerte, "su sociología", como dice Javier Zamora Bonilla, director del Centro de Estudios Orteguianos, que subraya además la importancia de otro de los trabajos recopilados ahora: Meditación sobre Europa. Se trata de una conferencia impartida por Ortega y Gasset en 1949 en una Alemania arruinada, en ruinas y ocupada todavía por los aliados. "Pienso que es en Berlín, precisamente en Berlín, donde se debe hablar de Europa", arranca.

Para el estudioso, esa conferencia, en la que Ortega defiende la creación de unos Estados Unidos de Europa, es buena muestra de la popularidad internacional del filósofo: "Se llenó un auditorio con tres mil plazas y hubo que poner altavoces fuera de la sala. En el tumulto se rompieron algunos cristales y, al día siguiente, los periódicos titularon la reseña del acto con 'La rebelión de las masas".

Precisamente, otra de las piezas incorporadas a las obras completas es una conversación con el escritor Miguel Pérez Ferrero que tuvo lugar ese mismo año. Es la única entrevista recopilada porque hay un manuscrito de puño y letra de Ortega que incluye tanto las preguntas como las respuestas. Vetada su difusión por el Ministerio de Información, la entrevista destaca el contraste entre las facilidades que el filósofo encontraba en el extranjero y las trabas que se le ponían en España, de la que había salido al estallar la Guerra Civil. "El hecho incontrovertible es que mi situación jurídico-administrativa se denomina con rigurosa terminología oficial 'residente en Lisboa", dice.

Oficialmente era vecino de la capital portuguesa a pesar de que había vuelto en 1945 a Madrid. Allí fundó tres años más tarde el Instituto de Humanidades. "Volví a reanudar, por vía y en tono de ensayo, mi actuación en España, a la que se oponen algunos grupos de compatriotas muy interesados en conseguir mi definitiva extinción", continúa. "En este intento de nueva actuación yo he puesto mi mejor voluntad como la puse en guardar silencio durante trece años, suspendiendo radicalmente no sólo mi vida pública sino hasta el límite posible mi existencia privada".

Atrás quedaban, pues, los tiempos en los que "el más auténtico deber del hombre cuyo oficio y misión es decir" consistía "precisamente en callar".

"Ortega llegó ilusionado en el 45 creyendo que algo podía cambiar. Le sorprendió la vitalidad del país pero la decepción no tardó en llegar", dice José Varela Ortega, presidente de la Fundación Ortega-Marañón y nieto del filósofo. "En los años cincuenta tuvo buena relación con Joaquín Ruiz Giménez, ministro de Educación, pero no con el régimen de Franco. No quiso pasar sus filtros. Vivía de sus colaboraciones en la prensa extranjera. De hecho, fundó el Instituto de Humanidades para no volver a la universidad oficial", afirma Varela Ortega para contradecir la tesis sostenida por Gregorio Morán -Varela alude expresamente a él- en El maestro en el erial (Tusquets, 1998) de que el pensador tuvo veleidades franquistas.

Para Varela Ortega, la nueva edición de las Obras completas de su abuelo es tan pulcra que "lo van a entender hasta los filósofos". ¿Y qué dicen los filósofos, o algunos filósofos? Para Fernando Savater, Ortega y Gasset es una lectura obligada: "Es un gran pensador, un semillero de ideas. Cuando voy a escribir sobre algo y sé que él escribió sobre eso, primero leo lo suyo". El escritor donostiarra recuerda, no obstante, los tiempos en los que su generación consideraba al autor de España invertebrada "el filósofo de papá", es decir, no el que les tocaba leer a ellos: "Estaba más arrinconado porque buscábamos figuras políticamente radicales. Hoy hemos arrinconado a los que leíamos entonces y seguimos leyendo a Ortega".

El propio Savater señala cómo terminaron topándose con el paisano al que trataban de evitar en los libros de autores extranjeros a los que leían con devoción: "Recuerdo la impresión de comprobar que Marcuse está lleno de elogios a Ortega. El hombre-masa inspiró su hombre unidimensional". Otro de sus maestros, Cioran, se había trasladado a Alemania desde Rumanía para escuchar al español. Para Fernando Savater, Ortega está a la altura de Bergson o Santayana: "No desmerece, está entre lo mejor del siglo XX. No hay tantos mejores que él. A Ortega habrá quien lo practique más o menos, pero ya nadie puede quitárselo de encima".

SCIAMMARELLA

Sobre la firma

Javier Rodríguez Marcos

Es coordinador de la información literaria en 'Babelia', suplemento cultural de EL PAÍS. Antes trabajó en 'ABC'. Licenciado en Filología, es autor de la crónica 'Un torpe en un terremoto' y premio Ojo Crítico de Poesía por el libro 'Frágil'. También comisarió para el Museo Reina Sofía la exposición 'Minimalismos: un signo de los tiempos'.

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