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"Tapé residuos con tierra durante 30 años"

Un ex trabajador del vertedero de Cerdanyola explica el origen de Can Planas, una bomba ecológica con más de medio millón de metros cúbicos de restos tóxicos

"Durante 30 años estuve tapando todos los residuos con tierra. Era el encargado de la maquinaria y mi trabajo consistía en acondicionar todo lo que las empresas tiraban allí para taparlo". Así recuerda un antiguo trabajador de la compañía Puigfel las décadas de descontrol en el vertedero de Can Planas, en Cerdanyola del Vallès. Fue entre las décadas de 1970 y 1980, cuando los dueños de una antigua cantera de arcilla cambiaron de negocio para dedicarse a enterrar cualquier residuo, por contaminante y peligroso que fuera, del que alguien quisiera desprenderse.

El resultado es una gigantesca bomba ecológica subterránea de más de 2,5 millones de metros cúbicos de residuos acumulados, al menos una cuarta parte de los cuales son industriales y contaminantes (sales de aluminio, hidrocarburos, metales pesados). Así lo concluye un informe encargado por la Generalitat a la consultora medioambiental IDOM, que también sostiene que los residuos siguen macerando bajo tierra. Allí reaccionan, contaminan los acuíferos y liberan gases que, como el metano, suponen un "riesgo de explosividad" para la zona.

La Generalitat y el Ayuntamiento de Cerdanyola planean ahora construir 4.000 viviendas junto al vertedero tras someterlo a un plan de acondicionamiento.El antiguo trabajador del vertedero pide que su nombre no sea publicado. "Hace mucho tiempo de aquello", dice al recordar la falta de control de aquellos años. "Cada día venían entre 50 y 60 camiones y vertían de todo, incluso cosas que ya se sabía que no se podían enterrar", asegura. Añade que cuando la Corporación Metropolitana de Barcelona tomó el control del vertedero, ya en la década de 1980, la cosa se empezó a controlar, "aunque hasta que no se clausuró en 1995, la Corporación y el Ayuntamiento siguieron tolerando que Can Planas se llenara de residuos tóxicos".

Alrededor de Can Planas, hoy una extensión de más de 18 hectáreas de descampado, el Ayuntamiento y la Generalitat esperan que se levante la parte aún pendiente de construir del Centre Direccional de Cerdanyola del Vallès, un macroproyecto científico que, además de acoger el parque Alba y el famoso Sincrotrón de partículas que ya funciona -en la parte más alejada de Can Planas-, tendrá una zona residencial que permitirá financiarlo.

Cuando el Consorcio del Centro Direccional -formado por el Ayuntamiento y la Generalitat- elaboró el plan urbanístico en 2005 no consideró un problema el vertedero. Incluso proyectó construir muchas de las viviendas encima mismo del basurero. Pero tras conocer el estudio de IDOM se ha visto obligado a modificar el proyecto.

El consorcio ha decidido ahora construir las 4.000 viviendas en el perímetro de Can Planas, dejando un gran parque sobre el vertedero, que será aislado con muros de hormigón subterráneos. La solución también prevé levantar una chimenea en la zona verde que evacue los gases tóxicos y someter todos los edificios de la zona (que no podrán tener sótanos ni garajes profundos) a un estricto control durante 30 años para comprobar que la salud de sus inquilinos no está en riesgo.

Esta solución ha sido la mejor valorada en el informe encargado por la Generalitat, que estudiaba otras (véase EL PAÍS de ayer) como dejar el suelo como está y prohibir su uso o retirar la totalidad de los 2,5 millones de metros cúbicos de residuos de Can Planas.

"Solución más adecuada"

El consorcio asegura que la solución adoptada "es la más adecuada, según el estudio científico de IDOM", según un portavoz. Pero muchos vecinos de la zona y ecologistas, agrupados en la Plataforma por una Cerdanyola sin vertederos y Via Verda, recelan del consorcio. "Han elegido la solución más barata y rápida, no la más segura. Es la que les permite construir más rápido las viviendas, que es lo que quieren, sin tener en cuenta que quedará una gigantesca bolsa de residuos que seguirán contaminando el subsuelo y emitiendo gases tóxicos a la atmósfera", se quejan Salvador Segarra y Albert Lázaro.

La plataforma exige que el "vertedero sea limpiado totalmente", una solución que IDOM calcula que costaría casi 200 millones de euros, seis veces más que los 35 de la solución adoptada. La limpieza del terreno -la opción que "ofrece más garantías para eliminar los riesgos del emplazamiento", admite IDOM- obligaría a cuatro años de operaciones para retirar todos los residuos, lo que también tendría un impacto notable para el medio ambiente y retrasaría la construcción de las viviendas.

IDOM destaca, además, otro inconveniente: no existen en Cataluña plantas de tratamiento de residuos peligrosos como los de Can Planas con capacidad para asumir el tratamiento que la ley obliga a darles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de diciembre de 2010