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Entrevista:JAVIER CERCAS | Autor de 'Anatomía de un instante' | Premio Nacional de Narrativa

"Lo peor del 23-F fue que la gente no reaccionó"

Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) está especialmente feliz con el Premio Nacional de Narrativa que le fue concedido ayer por su libro sobre el 23-F, Anatomía de un instante (Mondadori, 2009). No solo es un gran reconocimiento -después del de público y crítica- a la obra más rara y más difícil que ha escrito, según dice él mismo, sino que sale al paso de las voces que de manera más o menos abierta la han vituperado. Que el galardón sea de narrativa le parece muy coherente.

Pregunta. El libro molestó en algunos sectores.

Respuesta. Hubo incomodidad en la clase dirigente de la Transición. Entendieron que yo condenaba su papel. Se vio como si yo fuera un enviado de Zapatero para cargarme la Transición. Todo eso por decir algo que todo el mundo sabía. Que el PSOE no tuvo su mejor momento. Ciertamente, entonces no lo tuvo nadie, ni el Rey, ni la Iglesia, ni la sociedad española. Excepto Suárez, él sí, con aquel acto de valor; y Gutiérrez Mellado y Carrillo. Lo más duro que digo en el libro es que no hubo reacción ni resistencia del país contra el golpe. La gente tuvo miedo.

"La forma es el fondo, este libro es literatura o no es nada"

"Hubo entonces mucha inmadurez, mucha frivolidad y torpeza"

P. Eso no quiere decir que la culpa fuera colectiva, ¿no?

R. Los culpables del 23-F fueron los militares, evidentemente, pero excluirnos a todos de responsabilidad es falsear la realidad. Me remito a los datos. La palabra "desencanto" no es ninguna bromita. Del 77 al 80 se produjo un enorme desencanto por parte de toda la sociedad, no de la democracia, sino del funcionamiento de la democracia. Eso lo hueles especialmente en los diarios y revistas. En el aire estaba la sensación de que la íbamos a cagar otra vez, como en el 36.

P. Puede parecer raro que a un libro que indaga sobre el 23-F se le dé un premio de narrativa.

R. En absoluto. Estoy muy contento precisamente de eso. Me hace feliz que lo hayan entendido así. Aquí la forma es el fondo. Este libro es literatura o no es nada. Anatomía de un instante es un extraño experimento narrativo, un híbrido, tiene dos almas, es ensayo histórico, cuenta exclusivamente la verdad, hasta donde pude, pero posee también la ambigüedad esencial de la novela: los hechos se explican desde puntos de vista diferentes. La estructura y los procedimientos son novelescos. Paradójicamente, es una reivindicación de la ficción. Un acto de fe en la palabra.

P. El premio llega cuando el libro está teniendo muy buena acogida en el extranjero.

R. Así es. Yo estaba muy preocupado por la recepción fuera de España, escribí el libro pensando que debía ser entendido por un chino, en la consideración de que no hace falta conocer las guerras napoleónicas, y perdón por la comparación, para entender y disfrutar Guerra y paz.

P. Sorprendió mucho el uso de la imaginación. El que se ponga, por ejemplo, a reconstruir qué pudieron decirse Armada y Tejero aquella noche.

R. Hablando una vez con Antony Beevor, me subrayaba la necesidad de que los historiadores usen la imaginación. Los datos por sí solos no explican la historia. En Anatomía de un instante no me separo de los datos, pero imagino. Ello es forzoso, además, porque el 23-F es un hecho histórico con escasísimos documentos, no hay papeles... pero ¿un hecho sin documentos no es historiable? El novelista está bien para hacer ese trabajo. ¿Cómo si no reconstruir conversaciones ente Armada y el Rey, donde tienes a un mentiroso profesional y a un mudo -obligatoriamente, por su posición institucional-? ¿Y Suárez, qué pensaba en aquel momento, qué podía pensar?

P. ¿Tiene idea de qué le ha parecido el libro al Rey?

R. Carmen Balcells le hizo llegar un ejemplar. ¿Qué pienso que piensa el Rey? Hizo cosas que hoy no haría, y él lo sabe. Cometió errores, que corrigió. Antes del golpe sin duda podía haber hecho las cosas mejor, si hubiera tenido más experiencia. Pero lo paró, el golpe, es evidente. Y no lo organizó él, por supuesto. Sin embargo, las hagiografías son grotescas.

P. A Carrillo no le encantó el libro...

R. A la clase política de entonces en general no la ha hecho muy feliz. Hubo mucha inmadurez, frivolidad y torpeza. Pero Carrillo fue muy claro: manifestó que mi libro le parecía como obra de imaginación excelente, aunque, añadió, "no es la realidad". No se sintió muy bien tratado. Mi propósito no era ensalzar a nadie.

P. ¿No cree que Pardo Zancada sale en cambio relativamente bien librado en su libro? Metió a esos pobres chicos conscriptos de la PM en un buen fregado, se lo digo yo, que era uno de ellos.

R. Por lo menos no fue un cobarde, como lo fueron tantos oficiales de la Brunete. Claro que fue una canallada que os llevara al Congreso a participar en el golpe. Hay un punto de idealismo en él como en Tejero, aunque también fue un bestia que le dijo a Tejero que tenía que haberle pegado un tiro a Gutiérrez Mellado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de octubre de 2010