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Análisis:ANÁLISIS

Identidad prisión

La rigidez psíquica es como una cárcel. La persona está atrapada en su pensamiento circular. Los pensamientos se cosifican y es la realidad la que tiene que ajustarse a ellos.

Aquello que caracteriza la estructura identitaria de las personas, de todas, es su naturaleza dialéctica. Su capacidad de integrar contrarios, decía el psicólogo francés Carmel Camilleri. El peligro de no entender esto es el de desarrollar una identidad prisión. Una identidad monolítica y rígida. Una cárcel, vaya.

Creo que podría ser el caso de Ahmad Kahn Butt y de su hijo Uamir. Incapaces de integrar en su identidad la lógica del tiempo, el cambio de época, el cambio de país, etcétera han sucumbido a la prisión de su rigidez, de su fanatismo, y han preferido el asesinato antes que la asunción de los cambios.

Este caso muestra muy claramente uno de los dramas de la migración. Junto al anhelo del cambio se encuentra también el miedo a este. Nasheen But, la joven de 20 años herida por su hermano, con su decisión de no acceder a casarse con la persona designada por el padre obligaba a este a darse cuenta de que, efectivamente, la familia había cambiado. Y el padre, idealizando, quizás, el origen y seguramente prisionero de una lealtad enfermiza con su familia y su tierra ha sucumbido a su ira. Los crímenes de honor se producen en grupos con una estructura muy similar a la mafiosa: o estás conmigo o en contra de mí.

Saïd El Kadaoui Moussaoui es psicólogo y escritor marroquí residente en Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de octubre de 2010