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Entrevista:Rafael Matesanz | ENTREVISTA

'Trinidad Jiménez y Ana Pastor han sido los mejores ministros de Sanidad. Los demás son olvidables, y alguno, asesinable'

Ha hecho de España "la meca del trasplante". El director de la ONT, premio Príncipe de Asturias de Cooperación, cuenta esa travesía colectiva del desierto a la élite mundial.

Acaba de llegar de Perú, donde la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) ha estado formando a sanitarios latinoamericanos, y esta debe de ser su primera entrevista frente a frente con un medio español después de haber recibido, junto con la Transplantation Society, el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Quizá por eso no hace falta tirarle de la lengua. Habla él solo. Rafael Matesanz, fundador y alma de la ONT, está que se sale. Solo hay que oírle. Su confesa timidez se evapora en la distancia corta. Su accidentada carrera política -fue destituido por teléfono por la ministra popular Celia Villalobos y "degradado y puenteado" por el socialista Bernat Soria- no le ha restado prestigio profesional. Culmina un año de gloria para la ONT. Celebra su 20º aniversario, acaba de elaborar la Directiva Europea de Trasplantes y es considerada la referencia mundial en la materia. Durante la entrevista, a las 11.30 de un sábado, suena el teléfono. Hay un donante en la zona norte. Un varón muerto por accidente de tráfico. Su corazón y sus riñones habitan hoy en el cuerpo de dos enfermos desahuciados. "De eso se trata. De que esto funcione".

"Cuando España habla de trasplantes, los otros se callan y toman nota"

"Yo sería capaz de subir la donación en cualquier país. Lo he demostrado"

"El premio es un peligro. Los estacazos vienen cuando levantas cabeza"

¿Y esa foto con el Papa? ¿Es usted creyente? Creo que tiene que haber alguien por encima, pero no practico. La foto es de 2009, en un acto público. Un editorial de L'Osservatore Romano había cuestionado la muerte encefálica, lo cual es muy grave. La Iglesia nunca ha puesto obstáculos a la donación, pero aún hay ultracatólicos que molestan.

Tituló su libro 'El milagro de los trasplantes', pero dice que se han convertido en una actividad industrial. ¿Cuánto queda de épica y lírica en esto? Pasamos de Barnard y su 'Dios, esto va a funcionar', a calcular cuántos miles de trasplantes haremos este año. Pero de repente vuelven a surgir gotas de lírica con el primer trasplante de cara, o de piernas, o eso tan bonito que se investiga de hacer corazones con células madre. Un trasplante de riñón tiene poca lírica. Pero sí, los trasplantes siguen siendo un pequeño milagro. Poner el corazón, pegar el choque, y que aquello empiece a latir es más que fontanería médica. Es el milagro de la vida, y es impresionante.

Los españoles consideramos el trasplante un recurso más, cuando solo el 10% de los humanos podrían acceder a uno. Hemos incorporado que es un derecho. Por ser español, estadísticamente, uno tiene las mayores posibilidades del mundo de lograr un trasplante. Además, en un sistema público, universal y gratuito. Sin que un trasplante le arruine a uno, que es lo que ocurre en el mundo. Eso resume lo que se ha logrado. Además, a los 10 años de trasplantar un riñón en Estados Unidos y España, la diferencia de supervivencia del trasplantado es del 20% a favor de España, una burrada.

¿Por qué? Ellos trasplantan, pero el seguimiento es deficitario: los ve el médico general, la medicación es cara. Aquí los ve el nefrólogo, la medicación se subvenciona. El sistema sanitario español funciona. Y eso que en los noventa nos miraban mal: "¿Dónde van estos cretinos?", decían los alemanes. Oí verdaderas burradas.

Algunos de los trasplantados más longevos son españoles. Los trasplantes se han quitado la vitola de medicina de lujo. Eso decían en los 90. No ven que es un elogio. Si yo hubiera convencido a 10 ministros y a los sucesivos consejeros de 17 autonomías durante 20 años para que dedicaran todos sus recursos a esto, sería un crack. Y no.

Si no es dinero, ¿qué es? Organización. Si los españoles donamos y trasplantamos más es por el sistema. En los ochenta éramos igual de generosos. Llegó la ONT, empezamos a subir y les ganamos a todos.

¿Usted de qué va: de médico, de político, de agitador? [Ríe]. Me considero un gestor sanitario porque previamente he sido médico, y creo que un buen médico.

¿Esto lo podría hacer un MBA? No, porque no sabría de qué va. Si a mí me ponen de ministro de Economía, no creo que con un par de tardes [ríe] sacara a España de la crisis. Si tú pones aquí a un MBA, los cirujanos del corazón le cuentan su película para llevarse el agua a su molino. Y los hepáticos. Y los de pulmón. Y todos.

Cuando llega a la ONT, en 1989, era jefe de nefrología en el Ramón y Cajal. ¿Sabía de trasplantes? Yo sabía lo que había que hacer porque lo había visto en mi hospital. Sabía de lo que iba el trasplante de riñón y de lo que iba la donación. Entonces quienes pedían órganos éramos los nefrólogos: teníamos que buscarnos la vida para nuestros enfermos en diálisis. Un cardiólogo no tiene ni idea de pedir nada a nadie porque nunca ha tenido que hacerlo.

¿Y por qué los nefrólogos? Porque el trasplante de riñón empezó 20 años antes. Nosotros lo inventamos casi todo. El trasplante renal era El Trasplante. Y fueron los enfermos renales los que le montan el pollo al ministro García Vargas y decide desempolvar un proyecto de 1980 y crear la ONT. Mi amigo Paco Ortega, nefrólogo, director del Insalud, me recomendó. Yo no tenía ninguna conexión política.

¿Cómo fueron los primeros tiempos de la ONT? Un desastre. La ONT éramos dos secretarias y yo. No había teléfono hasta que mi secretaria se cameló a los del Instituto Carlos III y nos tiraron un cable.

¿Y empezó a fichar a gente? De fichar, nada, no tenía un duro. Empecé a implicar a gente. Sabía que había sitios en España donde la donación funcionaba. La cosa era fácil: llevar lo que funcionaba donde no había nada. Vi enseguida que aquello no podía ser una estructura centralizada. No se podía hacer todo desde Madrid.

¿Todo eso antes de transferirse la sanidad? Yo inventé la descentralización. El Insalud se transfirió en 2002, y yo hablo de 1990. Establecí una red: aquí la ONT, aquí las comunidades, y cada comunidad, que organice su red. Ese ha sido el eje sobre el que ha funcionado todo. Hemos sido el interface entre el ministerio y los médicos. Quien hace la sanidad y cura a la gente es el médico en el hospital, lo demás son gaitas. Pero los médicos nunca se han entendido con el ministerio ni se entenderán jamás.

¿Por corporativismo? No, porque el político tiende a alejarse del ciudadano. Los trasplantadores sienten que aquí intervienen en política hablando su idioma. Eso no lo puede hacer un MBA. Nuestro valor añadido es que yo, cuando voy al ministerio, hablo el lenguaje administrativo porque llevo 20 años en la gestión, pero con los médicos también sé de qué va. Eso no existe en otras áreas sanitarias.

¿Cómo logró implicar a los sanitarios sin dinero? Lo que hicimos fue crear un núcleo duro de amigos. La situación de la coordinación de trasplantes era desastrosa, pero había un grupo de unas 30 personas joven, entusiasta, que quería arreglar eso y que el ministerio les pusiese a alguien que tirara del carro. La ONT triunfa, y rápido, porque hay necesidad de que triunfe. Estoy seguro de que García Vargas nunca creyó en esto. Entonces, cualquier cosa que llevara el rótulo de nacional creaba ronchas. La ONT era una entelequia. De hecho, no me nombraron nada. La única prueba de que yo dirigía la ONT es la prensa.

Usted 'vende' bien su trabajo. Siempre está para los medios. Sí, pero nunca he pretendido vender globos. He contado lo que hay, y esto te crea una empatía con los periodistas. Soy consciente de que uno de los valores de la ONT es su buena imagen.

¿Ha hecho un máster de comunicación? Mira, lo que es la ONT no me lo ha enseñado nadie. Si tengo una virtud, es la intuición: observo y aplico. Hice mi carrera en la Complutense, con becas, y punto. Los másteres están bien, pero la vida se aprende en otros sitios. Las campañas son una estupidez. Nadie dona por un cartel. Se crea conciencia saliendo en los medios.

Entonces la ONT era usted. Es que no había nada. No tenía un duro, no tenía gente, ni siquiera tenía un cargo. Entonces, ¿de dónde cogí las herramientas? Del Sistema Nacional de Salud. ¿Quién podía ayudarme? La prensa. Es así de sencillo.

¿No salió a aprender de otros países? Claro, pero te voy a contar algo. Al año, a ese grupo de entusiastas nos invitaron a la meca de esto: Eurotransplant, en Holanda. Una organización privada que repartía órganos entre Alemania, Austria, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Fuimos y nos hicieron la visita hasta que el director va y nos suelta: "And this is the fax". Nos veían como podemos ver hoy a los de las pateras.

De eso, a hacer la Directiva Europea de Trasplantes. Pues sí, para qué negarlo. Ahora vamos a decirles: a ver si os organizáis un poquito, chicos, que falta os hace.

Hoy la meca es Madrid. Sí, pero no de Europa, del mundo. Aquí vienen todos. De Singapur a Estados Unidos. Es reconfortante ver cómo, cuando España habla, los otros callan y toman nota. El respeto que nos tienen es reverencial. La gente no reconoce un liderazgo mundial por la cara. España ha cambiado radicalmente el concepto de donación. Y lo ha hecho la ONT.

¿Cuál es ese cambio? En los 80 se tenía la idea de que los donantes caen del cielo como resultado de la generosidad innata de la gente. Pero hemos demostrado que cuando llegas a un país y empiezas a organizar, las donaciones suben. Siempre.

¿Aun en Japón, donde hay reticencias religiosas? En Japón no se lo han tomado en serio. Yo sería capaz de establecer el sistema de donación en cualquier país. Lo hemos demostrado en Latinoamérica e Italia. La Toscana tiene una tasa de donación mayor que España. Eso lo hice yo.

O sea, que va a Dubai y sube la donación. Seguro. Eso es lo que estamos haciendo. En la Conferencia de Madrid de marzo nos reunimos 68 países y realizamos una guía de lo que hay que hacer. La labor de la Transplantation Society, junto a la OMS y la ONT, es llevar este modelo de organización a todos los países. Fue una gran reunión. Los llevamos al hotel ese tan impresionante de las torres de Madrid y les dije a los de Eurotrasplant: "That's Spain", ja, ja.

¿Qué gana España con esto? La insuficiencia renal mata a un millón de personas en el mundo cada año. Los países se están gastando una millonada en diálisis, cuando el trasplante da mejor resultado, mejor calidad de vida y es más barato. Cuando me preguntan cuánto cuesta el sistema español, hago el cálculo de lo que nos estamos ahorrando en relación con si los trasplantados estuvieran en diálisis. Pagaríamos más del doble de lo que cuesta el sistema español de trasplantes.

En otros órganos, el coste / beneficio no es tan espectacular. Es que si a un enfermo cardiaco no le trasplantas, se muere. Una donación de la que salgan riñón, hígado, corazón y pulmón gana 56 años de vida repartidos entre los receptores. No hay otra medicina o cirugía que te proporcione medio siglo ganado a la muerte. Con la TTS y la OMS hacemos ver a los países que el trasplante es rentable económica y socialmente. Y que hay que luchar contra el tráfico de órganos. Hemos logrado cambiar las leyes de China, de Filipinas, y, bueno, a la vista está que aún no es efectivo al 100%, pero es un paso. El mundo está cambiando, y la ONT ha sido gran responsable de eso.

En 20 años no ha habido un escándalo de fraude en las listas de espera. ¿Cómo se consigue? ¿Se vigilan unos a otros? Los trasplantes son el prototipo de labor colectiva. La clave del éxito de la ONT es haber creado una imagen de marca, un paraguas en el que se siente cómodo todo el mundo. Este es el único ejemplo en que hablas con un catalán, un vasco y uno de Madrid y dicen: yo soy de la ONT.

¿El Gobierno es de la ONT y la oposición también? Claro. He encontrado buenos y malos ministros en los dos partidos. Olvidables, y algunos asesinables también.

¿Le ha felicitado la ex ministra Villalobos? No, por Dios [ríe a carcajadas].

¿Y Bernat Soria? Ni está ni se le espera.

¿Celos profesionales, celos políticos? Vamos a ver: tú me entrevistas porque se supone que soy la cara de la ONT. Pues bien, en 20 años he sido director unos 10 meses. Cuatro meses hace años y desde hace cinco o seis con Trinidad Jiménez.

¿Y por qué la gente cree que usted es el alma de la ONT? Tú sabrás, que eres la periodista. Tengo un inmenso respeto por Trinidad, entre otras cosas porque en las últimas dos legislaturas ha sido el único ministro que no me ha destituido [ríe]. Y tengo un profundo respeto por Ana Pastor. Han sido, con diferencia, los mejores ministros de Sanidad. Personas con dos dedos de frente, sentido de Estado, influencia en su grupo, personas que han sido capaces de resolver cosas.

¿Y el resto? Hay de todo. Unos, nefastos. Otros, olvidables.

¿Es usted incómodo para el poder? La ONT tiene un problema: cada ministro que llega no la ha creado. La gente piensa que la ONT va por libre. Y eso que ponen lo de Ministerio de Sanidad, Gobierno de España y toda la gaita. Pero no se nos identifica con él, no es mi culpa.

Quizá los ministros envidian su éxito. Algunos sí. Pero el problema es que la ONT funciona. El ministro que llega no suele enterarse de que existe hasta los seis meses. La forma de sobrevivir en esto es mantener un perfil técnico y de vuelo bajo. Mis mayores estacazos me los han dado justo cuando levantas la cabeza. Esto del Príncipe de Asturias es un peligro, así te lo digo.

¿El premio pisa callos? Somos un organismo que la gente cree que es la leche, pero es pequeño, una subdirección general con cuatro millones de presupuesto en personal. Somos poquita cosa, por eso sobrevivimos. En cuanto asomas la cabeza, te la cortan. Me ha pasado 80 veces, y espero que ésta no sea la 81.

¿No irán a bajar las donaciones? Eso no. Otro factor básico para que haya donaciones es la confianza en el sistema. Si no nos han pillado en un renuncio en 20 años es porque no hay. Tener el Príncipe de Asturias y que nadie te lo discuta, no como el de la OMS del año pasado, que sí fue discutido por lo de la gripe A, puede hacer que la gente confíe más. Una cosa reconfortante es que los inmigrantes donan al mismo nivel que los españoles. Eso significa que se les ha dado una asistencia sanitaria mejor que en sus países.

¿Ésta es una de las pocas áreas en que España exporta 'know how'? Es la única. La ONT es la única marca, con Zara, reconocida en los cinco continentes.

Si le negaran un trasplante, ¿pagaría por él en China, como algunos españoles? Rotundamente no. Los tres casos vascos, el que salió en su periódico y otros dos, son enfermos en los que científicamente, según la experiencia actual, no estaba indicado el trasplante. Se les evalúa en tres hospitales y coinciden en que no está indicado. Ni aquí, ni en China.

¿Si le dicen que está sentenciado, lo asumiría sin más? Hombre, claro. Es que la gente se tiene que morir, mire usted. Lo que no se puede transmitir es la idea de la inmortalidad. Y ese es un problema, porque a veces, cuando somos demasiado triunfalistas, transmitimos esa idea.

La muerte es tabú. Hemos pasado de velar a los muertos en casa a que los tanatorios cierren por la noche. Saramago murió ayer, y creo que ha sido una de las personas que mejor han enfocado el tema de la muerte. Era mi escritor favorito, una persona y un escritor fuera de serie. Nos tenemos que morir. Si te dicen tres médicos que lo tuyo no tiene solución, no te empeñes, porque puede traer la indeseable consecuencia de pasar de cuidados intensivos a cuidados excesivos, y esa es la peor forma de morir.

Saramago dijo que la muerte es la inventora de Dios. Claro, el miedo a morir. Tenemos que admitir que la muerte forma parte de la vida. Y los trasplantes son un ejemplo clarísimo: alguien tiene que morir para que otro viva. La sociedad moderna no admite el fracaso, y la muerte se ve como el peor fracaso.

Estamos en 35 donantes por millón de habitantes. ¿Cuál sería el tope para cubrir la demanda? En los 70 considerábamos que una persona mayor de 50 años era vieja para recibir un trasplante. Ahora estamos trasplantando a personas de 80. Eso quiere decir que la demanda es ilimitada. Si hiciéramos los trasplantes hoy con los criterios de los 80 sobrarían órganos. La lista de espera no va a desaparecer nunca.

Sus 60 años, la Directiva Europea, los 20 años de la ONT, el Príncipe de Asturias. ¿Es momento de hacer balance. Sí, pero me queda cuerda para rato. Quiero acabar esto bien. La ONT tiene el mejor equipo de su historia. Otra alegría de este año fue ver en los funcionarios españoles en Bruselas, que deben de estar hasta las narices de que España no pinte nada, el orgullo de ser español. La gente no sabe lo que es negociar una directiva en cuatro meses. Se tiran años discutiendo. Nosotros llegamos, dijimos esto, esto y esto: y ellos, a sus órdenes.

¿Qué hace para relajarse? Desconecto poco, desgraciadamente. Lo único que me relaja es estar en casa. Veo series con mi mujer. Ahora estoy viendo Perdidos.

¿Sabe que a Enrique Moreno, el célebre cirujano, le llaman 'dios' y no parece que le disguste especialmente? [Ríe]. Tenía que ver la cara de sus colegas al día siguiente de publicarse eso. Fue muy divertido.

Los cirujanos suelen ir bien servidos de ego. ¿Cómo es su relación con ellos? Hay que hablarles en su idioma. No considerarse superior a nadie, cada uno en su sitio. Yo ni puedo ni quiero operar mejor que ellos, ni ellos organizar esto mejor que yo. Los primeros encontronazos en los ochenta fueron tremendos, pero hemos conseguido un profundísimo respeto mutuo. Mira, tratar con egos, con Enrique Moreno, con Cavadas, es muy edificante, porque son gente muy inteligente. Se puede luchar contra todo menos contra un tonto, y estos no tienen ni un pelo. Son listísimos. Son la élite.

¿Recuerda su primera petición de órganos? Recuerdo sobre todo a los niños. Cuando tienes delante a unos padres que acaban de perder un hijo es tremendo. Esa fue una de las razones por las que pensé que había que profesionalizar el trabajo de pedidor de órganos. Hemos formado a cerca de 9.000 personas en todo el Sistema Nacional de Salud. Todos ellos son aliados nuestros. Todo el sistema se siente involucrado en esto. Esa es la clave del éxito.

Algunas empresas matarían por un gestor como usted. Habrá tenido muchas ofertas. Pues mira, no. ¿Sabes qué pasa?, que la gente me ve muy centrado aquí.

No me lo creo. Créetelo. Soy muy poco social. No me gustan los saraos, soy tremendamente tímido y para que te llamen tienes que hacer relaciones públicas.

¿Cómo capitaliza el éxito uno de los españoles más prestigiosos del mundo? El éxito es estar bien con uno mismo. Es como la felicidad: no se vive, se recuerda. Antes me decías: y ahora qué. Para el que está esperando un corazón, el Príncipe de Asturias le importa un pito. Lo que le importa es que venga su órgano lo antes posible. Ahora quiero que esto siga funcionando. Y tener los pies sobre la tierra. Hay a quien le da por levitar, y cuando levitas, te estrellas.

'Doctor trasplante'

Rafael Matesanz (Madrid, 1949) es nefrólogo de formación y lleva 20 años en la gestión sanitaria. Ha sido director de la Organización Nacional de Trasplantes, director del Insalud y responsable del sistema de trasplantes de La Toscana (Italia), que le 'fichó' cuando fue destituido por la ministra de Sanidad del PP Celia Villalobos.

Irónico y buen conversador, no tiene reparo en facilitar una foto de juventud (arriba, a los 24 años) en la que aparece fumando, un anatema para muchos de sus colegas sanitarios. "Ya sé que es políticamente incorrecto, pero es lo que había en esos tiempos".

Máximo responsable de la limpieza de la lista de espera de órganos, admite haber recibido presiones "de las tres pes: políticos, periodistas, poderosos". Hasta hoy no se le conoce un renuncio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de julio de 2010

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