ANÁLISISColumna
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No arrastrar los pies

Nada es gratis. Ni siquiera arrastrar los pies. Justo lo que han hecho los 27 con la doble crisis griega y del euro.

Hace dos meses largos (el 11 de febrero), un mes holgado tras reventar la crisis que surgió en octubre, prometieron solidaridad sin más. Hace casi un mes (26 de marzo), inventaron un poco glamuroso mecanismo UE-FMI, confuso y solapado, para ayudar a Atenas. El domingo (12 de abril) cuantificaron los recursos (créditos) disponibles a cargo de los países del Eurogrupo, 30.000 millones de euros por la UE; el tipo de interés y otros detalles.

Las dos últimas decisiones, reclamadas por un Job, el premier griego, Yorgos Papandreu, eran las que debían convencer a los mercados de que Europa iba en serio. Que no dejaría caer a un socio. Que los especuladores se pillarían los dedos. Llegaron tarde.

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La agónica lentitud del proceso contrasta con la rapidez del Comité Monetario en dar carpetazo a las tormentas de los primeros noventa: una tarde. Recuérdese sin nostalgia.

La lentitud no ha salido ahora gratis. Pasa factura. Ha encarecido los bonos de Grecia: lo pagarán con más austeridad sus ciudadanos (y ya veremos si pueden). Y ha devastado la imagen del euro y el prestigio de la UE, ¡justo cuando estrenaba tratado y expectativas!

¿Por qué se han perdido tres meses? Sólo había dos razones objetivas para no precipitarse, para tomarse algún tiempo: examinar si Grecia iba a cumplir sus promesas o iba nuevamente de farol, y construir técnicamente el mecanismo de rescate, algo difícil, por inédito. Pero para ello hubieran bastado dos semanas. El resto, hasta tres meses, va en el debe, nacionalista y/o incapaz, de presidentes de Gobierno y ministros de Economía.

Y todo eso suponiendo que el mecanismo convenza a quienes debe. Pareció que sí, los primeros días. Ya surgen indicios contrarios. Para afianzar el engendro, domesticar a los incrédulos y evitar más tormentas, los ecofines tienen hoy y mañana una oportunidad única. La de tomarse en serio algunas de las buenas ideas surgidas en estos meses.

Por ejemplo, trabar un acuerdo para encargar el diseño de un Fondo de Emergencia o de un Fondo Monetario Europeo. Un mecanismo de rescate permanente, no ocasional, reglado, exigente para los socios y garantista ante los mercados.

Los encuentros del Ecofin y el Eurogrupo de hoy son informales. Miel sobre hojuelas: el formato es creativo, propositivo. La vicepresidenta Salgado encara ahí, seguramente, su principal reválida europea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 16 de abril de 2010.

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