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Entrevista:ÁLEX DE LA IGLESIA | Presidente de la Academia del Cine | Premios Goya 2010

"No somos ni gente guapa ni fagocitadores de canapés y ayudas"

Al presidente de la Academia del Cine Español los Goya le han pillado trabajando. En Hollywood su homólogo se pasa la semana anterior a los Oscar embarrado en los preparativos de la ceremonia. Aquí, Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) estará rodando Balada triste de trompeta incluso hoy sábado, y el lunes seguirá filmando en Alicante. Ayer, dentro del antiguo hospital estadounidense de la base militar de Torrejón de Ardoz (Madrid), el director se desgañitaba por acelerar el ritmo de rodaje. "Entre cambios de planos me he probado el smoking o me han entrevistado por teléfono. Antes estaba en el baño, mientras hablaba con una radio, y cuando me han preguntado '¿En qué estás ahora?' he preferido no especificar mucho".

"Los cineastas somos una imagen distorsionada de la sociedad"

"En 2011 los Goya serán unos premios y un espectáculo internacionales"

Pregunta. Según su blog, Balada triste de trompeta está siendo una producción complicada.

Respuesta. Estaban previstas once semanas de filmación, y la estamos haciendo en nueve. Eso acelera el rodaje... y agudiza el ingenio.

P. Su primer año como presidente ha sido bueno para la taquilla española, pero conflictivo con la Ley del Cine, la Ley Audiovisual, y la creación del movimiento Cineastas contra la Orden.

R. Yo lo valoro positivamente, porque uno de nuestros problemas es la falta de unidad en la toma de decisiones. Los cineastas somos una imagen grotesca y distorsionada de la sociedad. Un rodaje es como la vida pero condensada, todo es más intenso. Y cuando los cineastas nos reunimos, pasa igual: las opiniones son enfrentadas, hay polémica. Eso es muy bueno. Ha sido un año fructífero. Espero que la sensatez reine y lleguemos a acuerdos. Mi principal objetivo es que se haga todo tipo de cine, y haré presión para ello.

P. ¿Cómo puede presionar?

R. De manera mediática. Es la única. Ni económica ni moral ni política.

P. Como primera intención cuando le eligieron aseguró que quería recuperar al público y a la prensa.

R. Por suerte, la Academia es cada vez más escuchada y tiene fuerza y poder. Ya empezamos con Ángeles González-Sinde y va a mejor. Nunca nadie ha sido tan escuchado como ahora. Ni ha habido tantas voces. Eso es bueno. ¿Polémico también? Magnífico. Lo malo es cuando sólo hay una voz.

P. ¿Volverán José Luis Garci y Pedro Almodóvar a la Academia?

R. En ellos estamos. Como decían en Casablanca, si no es ahora, será el año que viene o en algún momento.

P. En la fiesta de los candidatos hizo un discurso épico, feliz, en el que reivindicaba el placer de hacer cine. ¿Por ahí irán sus palabras en la gala de mañana?

R. Debemos recuperar la ilusión y el orgullo por hacer cine. Todos tenemos el mismo objetivo: crear buenas películas. Y queremos recuperar al público. Necesitamos que la gente haga justo lo que ha hecho este año: ir a ver las películas buenas. Haré otro discurso braveheart.

P. Usted contrató a Andreu Buenafuente como presentador de la gala. ¿Va a ser una ceremonia diferente?

R. No va a cambiar tanto como la del año que viene. Ésta es un puente para la del 2011, cuando la Academia cumple 25 años y haremos una gala infinitamente mejor. Si todo sale bien, mañana veremos una ceremonia dinámica, que no buscará la complicidad del público. Estamos para dar unos premios, no para autojustificarnos. Y para que los televidentes se lo pasen bien. Buenafuente es perfecto para eso. En 2011, si puedo conseguirlo en mi intento de cambiar la Academia desde abajo, los Goya serán un espectáculo y unos premios internacionales.

P. ¿Por qué cada año tras la lectura de las candidaturas hay que rectificar alguna nominación?

R. Es que de verdad no se abre el sobre hasta que se abre. Pero tomo nota. Tenemos conflictos en varias categorías, es cierto, como en maquillaje o en algunas selecciones en las categorías de intérpretes revelación. Es chocante que en teoría un actor sólo puede entrar en la Academia tras protagonizar tres filmes. ¿Y los secundarios de larga carrera?

P. ¿Le parece normal que haya una Academia del Cine catalán que también quiere ir a los Oscar?

R. No me parece mal que la gente haga lo que quiera. El tema es si se puede: cada país manda una película. Eso es un problema que deben solucionar ellos.

P. Asegura que ha aprendido a tener una jeta descomunal. ¿También le sirve como presidente?

R. Eso vale para cualquier aspecto de la vida.

P. Usted mismo ha sufrido en este rodaje los problemas habituales para filmar en muchos sitios en España. ¿La Academia puede ayudar en eso?

R. En Hollywood tienen claro que el cine es promoción. Vicky Cristina Barcelona ha hecho muchísimo por el turismo en la ciudad condal. Aquí no lo valoramos bien, no entendemos el beneficio de la imagen.

P. Como presidente, ¿cómo se define?

R. Me gustaría acercar el cine a la gente, que entiendan cómo funciona, que no piensen que somos ni gente guapa ni fagocitadores de canapés y de ayudas estatales. Y el hecho de que en las condiciones en que competimos aún logremos triunfar en taquilla es un milagro. Los cineastas no estamos al margen de la sociedad en un mundo idílico; somos trabajadores y punto. Aquí curramos doce horas al día. Me sorprende cómo se generaliza en España con el cine. Todo el mundo tiene una opinión sobre el cine, pero no se dice 'los novelistas españoles son malos'. También me parece dejar claro que el cine no es tan importante. Lo importante es trabajar en un hospital y salvar vidas. Aunque la industria cinematográfica emplea a mucha gente.

P. ¿Los gobiernos deben apoyar el cine?

R. Depende de la imagen de país que quieras tener. Una buena manera de proyectar tu imagen en el exterior, de mostrar tu oferta cultural es el cine. Mira qué bien lo hace Francia. Si al gobierno de turno le interesa esa carta de presentación, ahí nos tiene. A lo mejor prefiere vender en cambio otras cosas positivas, como el aceite, que también es buena idea.

P. Su antecesora estuvo dos años en el cargo y la nombraron ministra. ¿Tiene parecidas ambiciones?

R. A mí me gustaría ser ministro de Agricultura, no de Cultura, y hablar de tomates.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de febrero de 2010