Entrevista:

La madurez de Cameron Díaz

La explosiva rubia de Hollywood ha crecido. Aupada a la fama por títulos insustanciales como 'Algo pasa con Mary', ahora regresa con un rodaje en España junto a Tom Cruise y con un brutal drama sobre el cáncer y las relaciones familiares.

"No he tenido ningún plan ni artístico ni personal. Lo que tengo, simplemente llegó"
"Tengo papeles adultos. me hace gracia. creí que me había hecho mayor hace tiempo"

Cameron Díaz se ha hecho mayor. La rubia pizpireta y sonriente ha llegado a su madurez. Y no hay nada malo en ello. "Tengo 37 años y me encuentro en ese momento en el que realmente sé quién soy, me conozco mejor que nunca y soy feliz con mi vida. Me alegro de lo que tengo y de la gente que me rodea. Me siento verdaderamente afortunada y feliz", asegura con su perenne sonrisa. Treinta y siete años no son tantos, pero en Hollywood son la antesala del adiós. Especialmente si eres mujer. Los cuarenta siguen siendo esa edad temida en el que las actrices desaparecen o hacen de madres. El beso de la muerte. Pero Díaz ha preferido darle un beso de tornillo a esta inflexión en su carrera abrazando y casi buscando esta maternidad. Al menos en la pantalla, porque en su vida, tener hijos ni es una prioridad ni le preocupa. Su reloj biológico no tiene prisa. Para el cine se ha convertido en madre de tres adolescentes en La decisión de Anne. Y lo dice con orgullo. Un papel dramático como nunca interpretó antes. Un papel de los de correrle el rímel a la audiencia y acongojar su corazón con la historia de una niña que demanda a su familia para dejar de ser el conejillo de Indias necesario para salvar la vida de su hermana, víctima de un cáncer. "Ya sé que Cameron mueve el culo y te hace reír. Y disfruto con esas películas. Pero siempre he sabido que ella es mucho más", asegura Nick Cassavetes, amigo y director de La decisión de Anne.

Las películas a las que se refiere el director son las que hicieron de Cameron Díaz una estrella. Desde su llegada por sorpresa con La máscara, pasando por Algo pasa con Mary o Los ángeles de Charlie. También ha hecho en estos años alguna película dramática, como Bandas de Nueva York y Vainilla Sky, o independientes, como Being John Malkovich, pero su nombre evoca con más facilidad a la princesa Fiona de Shrek, a quien dio su voz, o al epítome de rubia californiana algo tonta pero de muy buen ver. Ella lo sabe y de nuevo, como el tema de su madurez, es un comentario que recibe con un ligero encogerse de hombros, un ronquido por risa y un claro asentir con la cabeza. "Nunca he tenido ningún plan. Ni artístico ni personal. Lo que tengo, ni lo he pedido ni lo he buscado. Me ha llegado porque las cosas han venido así. Llámale destino si quieres. Pero las cosas son así y ésa es mi filosofía de vida. Ni me arrepiento de nada de lo que he hecho ni me preocupan las películas que no he hecho. Lo único que me importa es haber vivido cada momento", resume de nuevo sin complejos.

Díaz está entre las actrices mejor pagadas de Hollywood, en la liga de los 20 millones de dólares por película, cifra que sólo huelen en la actualidad Julia Roberts y Reese Witherspoon. Ella parece siempre la más segura, tan en control de su carrera como de su vida, algo que disfruta al máximo: amante del surf, la escalada o los deportes de riesgo, a los que se lanza tan de cabeza como a sus películas sin importarle la fama, su imagen o los paparazzi. Tan segura como está de esos tacones de aguja de Christian Louboutin que viste hoy con esa mezcla de orgullo y juego infantil. "He tenido suerte", dice la modelo metida a actriz que nunca ha sufrido un percance por altos que fueran sus tacones. "También es cierto que hay que conocer las limitaciones propias. Y las de tu calzado", lanza con otra de sus risas, honestas y juguetonas. La frase se podría aplicar a su vida en Hollywood porque de la misma forma que cayó en La máscara por casualidad, descubierta cuando acompañaba a una amiga a probar suerte para el papel, también tiene claro que ha llegado ese momento de cambio. "No puedo seguir interpretando los papeles que hacía de forma convincente cuando tenía 25 años. No los comprendo de la misma forma. Por eso pienso que mis trabajos evolucionan conmigo. Lo que me hace gracia es cuando me dicen eso de que son papeles adultos, porque yo creía que me había hecho mayor hace tiempo", resume divertida.

Esa madurez en pantalla no le llega impuesta por el público. A juzgar por cómo la recibieron en What happens in Vegas (220 millones de dólares en la taquilla internacional), la audiencia sigue disfrutando de la ingenuidad de una de sus rubias preferidas. Y Hollywood tampoco la ha borrado de su lista de actrices con piernas, reunida de nuevo junto a Tom Cruise en el rodaje en España de Knight & day, filme de acción que dirige James Mangold, y parte del reparto de The green hornet, inspirado en un serial que huele a franquicia. También hay sonados fracasos, porque The box, su última película en Estados Unidos, un thriller sobrenatural que dirigió Richard Kelly, se hundió con todo el equipo. Por eso Cameron prefiere comparar las etapas de su carrera en Hollywood con sus relaciones personales. "Terminan al cabo de unos años porque todos cambiamos, evolucionamos, somos diferentes y hay a quien no le gusta el cambio. A mí, lo único que me preocupa es ser auténtica, sincera conmigo misma e ir avanzando al ritmo que me parece adecuado".

De relaciones, Cameron Díaz sabe un rato, y la prensa del corazón cree que sabe todavía más. Matt Dillon, Jared Leto, Justin Timberlake, John Mayer y más recientemente Paul Sculfor son algunos de los hombres confirmados o rumoreados que tuvieron el corazón de la actriz en sus manos. Hombres de los que nunca ha querido decir nada, celosa de su intimidad y a menudo en trifulcas con los paparazzi sin que ello haya impedido que haga o diga lo que quiere. Como se reafirma la actriz, "desde muy pequeña" ha sido muy independiente. "Mis padres nos dieron tanto a mi hermana como a mí una gran libertad y no conozco fronteras", insiste. Un ímpetu que la llevó a las pasarelas de Japón cuando no era ni mayor de edad, una libertad con la que se ha movido por Hollywood y con la que también ha elegido a sus acompañantes sin el complejo del qué dirán.

Lo que gusta de Cameron Díaz salta a la vista. Bronceada y vivaz, su silueta destaca en el vestido negro sin mangas que viste hoy para la entrevista rematado con un cinturón blanco de Michael Kors. Salta a la vista que le ha querido poner un toque divertido a su empaque formal con esos pendientes de aro que lleva, mucho más acordes con el lugar del encuentro, junto a la playa de Santa Mónica. Díaz no suele frecuentar las listas de las mejor vestidas de Hollywood porque eso lo deja para cuando va de rompe y rasga en la alfombra roja. Quitando esos momentos, prefiere la bisutería a las joyas, y los vaqueros y las camisetas a los vestidos. "Soy una chica en un vaquero metida", se describe con llaneza. Además sabe que lo tiene fácil, no sólo por su tipo, sino por su fama. Como dice, es injusto para el público general compararse con las estrellas en las revistas de moda "porque a nosotras nos lo dan todo hecho". Quitando sus camisetas y sus vaqueros, asegura que el resto es prestado. "Y ni tan siquiera te lo quedas. Como mucho, los zapatos. El resto va a subasta", comenta. Eso le agrada porque, consecuente con los hombres que le gustan, Díaz es una mujer con conciencia, que conduce un ecológico Prius y va a todos lados con ese termo feote lleno de agua mineral con el que evita las muchas botellas de plástico que utilizaría de otra forma. "Bebo mucha agua", comenta como excusa y como secreto de belleza. Su conciencia viene de atrás. Acompañó a Al Gore en su campaña política y verde. Díaz es una proponente del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, preocupada no sólo por los oseznos, sino por el mundo en que vivimos. "Es nuestro futuro el que está en peligro", alerta.

A pesar de su optimismo vital, no todos los días brilla el sol en la vida de Cameron Díaz, y su madurez profesional coincidió con el momento más duro: la inesperada muerte de su padre a los 58 años. Era el puente cubano de su vida y alguien muy cercano a la estrella. Como todo en Díaz, fue una coincidencia. Ya estaba rodando el papel más dramático de su vida cuando sintió lo que es la muerte en su propio corazón. "De lo que te das cuenta en esos momentos es de que la muerte siempre gana".

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* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de enero de 2010.